Un tiempo complejo para la Asamblea

Si la Asamblea no puede resolver su propia legitimidad y coherencia a través de una Ley Electoral justa, equilibrada y respetuosa con el ordenamiento jurídico, además de con el sentido común, difícilmente podamos pedirle que guíe el camino de la Autonomía

Se vienen fechas decisivas para la Asamblea Legislativa Departamental, demasiado acostumbrada a legislar en tiempos de bonanza o a no escuchar mayor argumento que la instrucción del Gobierno Nacional. Este año la Asamblea deberá justificar su propia existencia no solo a través de la Ley Electoral, sino demostrando que en caso de zozobra, la Asamblea puede trazar un rumbo pensando en el interés general de todos los tarijeños.

El primer debate urgente – que contempla otros tantos – es el de la Ley Electoral, demasiado eclipsada por mezquinos intereses que serían fácilmente superados si se aplicaran las sentencias constitucionales y los criterios técnicos del Tribunal Electoral.

El debate de los subgobernadores electos cae de maduro, pues no se trata de gustos o deseos, sino de aplicar una resolución electoral, que conserva la posibilidad de que el Gobernador nombre esa figura, pero le despoja de toda cualidad gubernativa que en la práctica – en este periodo de interinidad que ya se ha prolongado nueve años y varias decenas de millones de dólares – ha justificado un despilfarro inaudito ante la falta de control. Es el TCP, el mismo que dice que Morales tiene derecho humano a volver a postular, el que dijo que los subgobernadores no lo tenían porque las responsabilidades se diluyen. No se puede elegir que sentencias cumplir, pero tampoco hay que ir muy lejos para entender que en tiempos de horizontalidad e hiperconexión, el proceso de gobierno no tiene que ver con la prebenda, ni el caballo.

En Tarija, en Bermejo, y qué decir en el Chaco, la continuidad entre ciudad y campo ha sido una de las señas de identidad compartida; una población que habita en un sitio y piensa y ama en otro, respetando siempre las idiosincrasias

El otro debate, el de los curules, no debería suponer más que una consulta técnica para homologar la Ley a lo vigente y a la Ley 026, es decir, la definición de circunscripciones que garanticen la igualdad de los ciudadanos y a su vez, la representación de lo rural. Es cierto que perder peso político significa perder incidencia y atención de las autoridades, pero la desproporción conlleva tiranías de las minorías que no se corresponden.

El departamento está cada vez más urbanizado, pro sobre todo, más influenciado por visiones contrapuestas. En Tarija, en Bermejo, y qué decir en el Chaco, la continuidad entre ciudad y campo ha sido una de las señas de identidad compartida; una población que habita en un sitio y piensa y ama en otro, respetando siempre las idiosincrasias. Es necesario por tanto que nuestros asambleístas sean capaces de representar una identidad departamental solidaria y huir de los localismos incentivados por fanatismos o viejas rencillas que solo sirven para detenernos y caminar más despacio.

Si la Asamblea no puede resolver su propia legitimidad y coherencia a través de una Ley Electoral justa, equilibrada y respetuosa con el ordenamiento jurídico, además de con el sentido común, difícilmente podamos pedirle que guíe el camino de la Autonomía, cada vez más golpeada por el nivel central del Estado y más a la suerte de la cotización del petróleo en Wall Street. Es tiempo de la política.