Un sonido celestial

Cierto día, un reconocido maestro tibetano iba paseando por el campo cuando, de repente, vio que entre las piedras del camino había rastros de sangre. Al preguntarle a los que le acompañaban de quién era esa sangre, le dijeron que pertenecía a uno de sus discípulos, que, desesperado porque no podía avanzar espiritualmente lo suficiente, se sometía a terribles penitencias y autocastigos corporales.
Este discípulo, que había decidido someterse a terribles penitencias, era también uno de los mejores músicos de laúd de la zona. El maestro lo mandó llamar y le dijo:
-Tengo entendido que eres uno de los mejores músicos. Quiero preguntarte algo. Cuando tensas demasiado las cuerdas del laúd, ¿suenan bien?
-No, si tenso demasiado las cuerdas, el laúd no emite sonidos agradables – repuso el discípulo-. Y además así se corre el riesgo de que se rompan.
– ¿Y qué crees que ocurre si las tensas demasiado poco?
-Tampoco suenan bien, y además pueden llegar a enredarse.
– ¿Y si no las tensas ni demasiado ni poco?
-Entonces suenan muy bien; así es como debe hacerse.
-Pues así debe aplicarse el esfuerzo: sabia y equilibradamente – dijo el maestro.