Un solsticio sin turismo

Llegó el siempre polémico solsticio de invierno, celebrado en todas las culturas desde que la humanidad empezó a dominar el planeta y a sistematizar los elementos de la naturaleza a su disposición, pero sobre todo a estudiar aquellos que no podía controlar. El día más corto del año, o la noche más larga, y viceversa en el otro hemisferio, ha generado siempre una atención y admiración especial rodeando al evento de tradiciones, creencias y mitos.
Bolivia, por su inconmensurable riqueza cultural, tiene diferentes manifestaciones para celebrar el solsticio de invierno, que mayoritariamente se venía conociendo como el Año Nuevo Andino o Aymara.

El cambio de ciclo político que llevó al presidente Evo Morales a Palacio Quemado abrió una nueva época de inclusión rural campesina, que se ha venido a definir como una suerte de régimen andino incluyendo algunos ritos y rituales en el calendario anual para utilizar la iconografía y dar personalidad diferente a las cuestiones políticas.

Con el paso de los años y desde la perspectiva “inclusiva” que ha querido desarrollar el Movimiento Al Socialismo y que en lo político ha supuesto el asalto a los espacios de poder de los políticos advenedizos de siempre, el “Año Nuevo Andino”, o “Aymara”, se ha ido convirtiendo en Año Nuevo Andino Amazónico para incluir a las culturas indígenas del norte y tierras bajas; Año Nuevo Andino Amazónico y del Chaco, por impulso de los dirigentes chaqueños que veían la oportunidad de agradar a los altos dignatarios finalmente, en Tarija, se ha adoptado una festividad relacionada con el Año Nuevo Agrícola, una solución que permite apropiarse de la idea y relacionarla con el terruño más allá de la iconografía impuesta desde La Paz.

Lo cierto es que la “imposición” de un día festivo siempre es bien recibido en la cultura popular, y buena costumbre es para un Estado aconfesional y que se dice en proceso de descolonización, reconocer su idiosincrasia y promoverla. No se trata de sustituir ni negar la tradición católica, sino de compatibilizar su hegemonía en el calendario de celebraciones.
No es cierto, como se argumenta desde el rechazo, que Bolivia sea el país con más feriados del mundo. No hay que ir muy lejos para evidenciar lo contrario, pues en Tarija somos bien agraciados por la cantidad de feriados y la forma de administrarlos que han implementado en la Argentina.

El problema real es que, como casi siempre, se espere hasta el último día para confirmar un feriado que siempre está en el calendario, pero que nadie acaba de creer. Con esa costumbre, es difícil que en Bolivia se desarrolle una verdadera cultura turística que dé réditos a todas las partes.

Este 2018, en jueves y a pesar del frío, era un momento ideal para juntar varios días y darse una escapada familiar, cultural, con amigos, etc. Pero ni la oferta ni la demanda han estado atentos a este evento que podía haber generado buenos recursos.

En lo que se refiere a turismo, no debemos esperar a que llegue y no debemos entender que es una cuestión de gente de otro planeta que aparece en Tarija. Es necesario que se promueva entre los tarijeños para con los tarijeños. Conocernos, descubrirnos, disfrutarnos, también para querernos más.

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