Un capitalismo “afligido por la deuda” puede volver a caer

Anwar Shaikh, profesor de economía la New School University de Nueva York, advierte que actualmente el capitalismo “está afligido por la deuda”, y que “si a esa deuda se la valuara con criterios de mercado, muchos entrarían en bancarrota”.

Ante esa situación, y tras la crisis mundial de 2008, los países desarrollados han recurrido al Estado para imprimir dinero para sostener las deudas de bancos y empresas. “Obama lo hizo, para evitar la perspectiva de una depresión. Pero el resultado es que las mismas compañías siguen sentadas sobre una montaña de deuda. No sé si eso volverá a producir un quiebre, pero claramente es una posibilidad”, afirma.

En una extensa entrevista con La Izquierda Diario, Shaikh realiza un análisis de cómo se llegó a la crisis de 2008 y por qué se tuvo una estabilización con moderado crecimiento y con débil recuperación del empleo, entre varios otros temas.

Crisis y recuperación

El experto pakistaní-estadounidense se remonta hasta la década de 1980 para explicar la reciente gran crisis del capitalismo global, cuando paradójicamente durante “la era neoliberal” los gobiernos de Margaret Thatcher (Inglaterra) y Ronald Reagan (EEUU) “siguieron podríamos decir el planteo de Marx (y de Keynes), de que la acumulación depende de la diferencia entre la tasa de ganancia y la tasa de interés”.

Según explica el economista, la tasa de ganancia se puede elevar reduciendo la participación de los salarios en el ingreso, y esa fue precisamente una de las acciones de estos gobiernos. “Atacaron a los sindicatos, cayó la participación salarial. Pero esto más que elevar, estabilizó la tasa de ganancia, o la mejoró moderadamente”.

La otra política aplicada fue bajar la tasa de interés: la brecha entre la tasa de ganancia y la tasa de interés aumentó, y eso estimuló la acumulación.

Pero “el problema de la menor tasa de interés es que se apila más deuda. El problema de que el Estado interviniera para proteger compañías que estaban fallando es que esto trabó el mecanismo de reseteo del capitalismo por sí mismo. Este ocurre a través de los fracasos de empresas, bancos, etc., porque eso limpia el bosque de deudas, para que los que sobreviven crezcan más rápido”.

En ese sentido, los Estados “preservaron toda esta deuda ficticia, contable, y parece como que a todos les va bien pero es una estructura construida cada vez más sobre una base muy débil. Y es inestable, cualquier cosa puede desequilibrarla y se derrumba. Eso es lo que ocurrió en 2008 y creo que es lo que podría ocurrir de vuelta, porque no se libraron del capital ficticio acumulado, que no se basa en ganancia real”.

Fue la deuda

En gran medida, la respuesta de los gobiernos de EEUU y Europa frente a la crisis de 2008 se basó en lo que, según Shaikh, fue un error de diagnóstico: pensar que el sistema financiero había ocasionado la crisis.

Pero el experto afirma que en realidad ese sólo era el síntoma. “Hay que distinguir entre los disparadores y las causas subyacentes. Si impedimos el desencadenante, no atacamos la causa subyacente, solo la posponemos. Eso puede ser algo bueno, si tienes un corazón débil no quieres que se desencadene un ataque al corazón, pero en el caso de la economía la prevención tiene un costo”.

En este caso, la causa subyacente fue la deuda, esa que está “afligiendo” al capitalismo y que en vez de dejar que se liquide, se prefirió salvar y preservar. Algo que para Shaikh genera un enorme riesgo de llevar a un nuevo y profundo colapso económico.

Una advertencia para la izquierda

“Creo que para la derecha en América Latina la teoría preferida es la neoclásica y la izquierda es esencialmente keynesiana o post-keynesiana”, advertía el connotado economista hace casi dos años.

Y no estaba equivocado. La política económica de gobiernos como el de Bolivia se basa en estímulos internos, como el aumento de gasto e inversión pública, bonos sociales, un segundo aguinaldo, aumentos salariales, etc. Son políticas keynesianas y post-keynesianas que suponen un alejamiento parcial del modelo neoliberal pero sin romper con el sistema capitalista.

Pero eso tiene límites. “Las políticas de estímulo aumentan el empleo, suben los salarios; si estos últimos aumentan más que la productividad, la participación de los salarios aumenta, y en consecuencia cae la tasa de plusvalor, y disminuye la tasa de ganancia. Esto produce una disminución del crecimiento, y entonces necesitas más estímulo para eliminar el desempleo creciente, y entras de vuelta en ese ciclo”, explica.

Esto no significa, como afirman los economistas neoliberales, que no se debería estimular, “pero hay que prestar atención al bote en el que estás. El bote capitalista no permite cualquier velocidad o rumbo, hay que tener conciencia de los límites que impone. Si apuntas a ir a un bote no capitalista eso ya es una historia diferente. Pero para lo que ocurre dentro del capitalismo creo que esto explica por qué llegado un punto el efecto alcista del gasto se vuelve cada vez menos efectivo”.

De lo anterior se puede pensar que el progresismo latinoamericano, que en lo económico se basa en los enfoques keynesianos, está encontrando sus límites por no haberse desmarcado del capitalismo cuando tuvo la oportunidad (Banco del Sur, nueva arquitectura financiera, masivo apoyo popular, etc.). Un capitalismo con rostro social y que ha logrado avances para una la población empobrecida, pero con poco margen de maniobra para transformar la realidad, objetivo logrado de manera frágil y parcial.


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