Cada día vemos morir a mujeres, y de inmediato un sinfín de protestas se desata en las calles. Más tarde la violencia sigue en cualquier casa hasta que se produce otra muerte.  “Ni una menos” dicen los carteles en una protesta nacional contra los feminicidios, más aún nada de esto ha podido reducir las muertes que enlutan al país.

En Tarija fueron registrados 11 feminicidios en el año 2018

Bolivia comenzó el año 2019 con cuatro casos de feminicidio y 60 reportes de violencia en distintas circunstancias. Los casos de feminicidio se denunciaron en la localidad de Achocalla, El Alto en La Paz; en Mineros, en Santa Cruz y en Cobija, la capital de Pando. El primer día del año, a nivel nacional, se registraron los feminicidios y días más tarde se fueron sumando muchos más.

El año 2018 acabó con 136 feminicidios reportados en todo el territorio nacional. Además de los casos de mujeres que perdieron la vida en manos de sus parejas se reportaron 60 casos de violencia, entre intrafamiliar o doméstica, violaciones, tentativas de violación y estupro.

El Director Nacional de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) en Bolivia, coronel Marco Antonio Morales dijo que la situación no sólo se debe al factor del consumo de alcohol, sino a que se vive en una ‘‘sociedad de incidencia machista’’ y, en consecuencia, se llega a ‘‘hechos de violencia’’.

Todo el tiempo nos preguntamos ¿Cómo podemos frenar la ola de violencia y puntualmente los feminicidios? Expertos y expertas en el tema aseguran que la receta está en trabajar nuevas masculinidades desde el hogar, la escuela y la misma calle. Puede parecernos muy a largo plazo pero si no nos ponemos hoy en la tarea entonces ¿cuándo?

¿Cómo se hace esto? No es solamente decirle a un hombre “No seas machista”. Necesitamos entender cómo se forman las identidades de los hombres en una comunidad, para después comenzar a construir – juntos – conceptos alternativos y más sanos de lo que significa ser un hombre.

Se necesita identidades masculinas saludables y no violentas. Todo se comienza  construir desde lo más básico. Roland Barthes, filósofo, escritor, ensayista y semiólogo francés, en su artículo denominado “Juguetes” expone que estos elementos no sólo “entretienen” a los niños si no que los condicionan dándoles roles establecidos. Es decir preparando a las niñas para su labor doméstica, para la maternidad y a los niños otorgándoles un rol superficial e incluso un mundo de fantasía en el que ellos como superhéroes pueden hacer lo que quieran.

¿Cómo cambiar esto? Barthes rescata la importancia de los juguetes que ayudan a crear, aquellos que no se eligen en función al sexo, aquellos que no imponen roles a los niños. Como ser la plastilina, los cubos y en fin todos los juegos didácticos de construcción y arte.

“En un juego en que el niño tenga que aprender algo, hay aun aprendizaje diferente del mundo, no le da al juguete un `uso´ ni una relación con lo adulto, crea formas que andan, que dan vueltas, que dan vida”, expone Barthes.

Con todo esto se concluye que podemos hacer un cambio en la masculinidad comenzando desde la selección de juguetes para nuestros hijos. La psicóloga Margot Vargas añade que también será importante otorgarles tareas a los niños y niñas, olvidando la línea que separa las mal llamadas “tareas femeninas” de las “tareas masculinas”.

Explica además que el cambio de las masculinidades es un gran reto que exige tanto a mujeres y hombres trabajar en “camaradería”, cambiando esquemas arraigados por años, pues en el momento menos esperado a cualquiera se le puede salir una frase o acción machista.

“No pelotees como hombre”, “Acasos eres niña para andar con muñecas”, “Tú de grande serás el hombre de la casa”, son algunas de las frases “inofensivas” que a menudo truncan la importante tarea de formar nuevas masculinidades.

 

Expertos opinan

Gladys Acosta (entrevistada por IPS), una de las 23 integrantes del Comité de Expertas que supervisa el  cumplimiento de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, en inglés) en Perú, mostró su preocupación por la mediatización de la violencia hacia las mujeres y el hecho de que ella colabore en su reproducción.

A su juicio, la región latinoamericana “adolece de violencias mayores que alimentan la específica contra las mujeres”, como la urgencia de la sobrevivencia cotidiana, una mayor circulación de armas cortas que abona a “la noción de que los problemas se resuelven por la vía de los hechos y no del diálogo”, y la criminalidad transnacional que, así como ha banalizado la política, ha ingresado a la vida social.

“De alguna forma influye en que las relaciones entre mujeres y hombres sean de mero poder y no afectivas: si no haces lo que yo quiero, vas a sufrir las consecuencias”, refirió

Acosta, quien fue la jefa regional del Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer, entre 2008 y 2011, (cuando la institución se transformó en ONU Mujeres), destaca la importancia de leyes, tratados, convenciones, pero reconoce que lo legislativo y lo judicial resultan insuficientes.

“Se necesita educación, trabajo y oportunidades en la vida para lograr un contexto favorable para modificar la actual pauta de violencia a las mujeres. Lamentablemente en países de la región se desarrollan peligrosamente formas políticas retrógradas que no quieren que la escuela eduque en sexualidad ni dé valores en temas de género”, advirtió.

Trabajar en nuevas masculinidades

¿Pero de qué hablamos cuando decimos nuevas masculinidades? Al hablar de nuevas masculinidades estamos hablando de lo que significa “ser hombre”. No se puede olvidar que los hombres han sido formados en un contexto de desigualdad donde su papel tiene que ser el ser fuertes, aguerridos, violentos, autoritarios, diligentes cabezas de familia.

El resultado es perpetuar el orden social en base a relaciones de poder asimétricas que garantiza la posición social dominante de los hombres, y la posición social subordinada de las mujeres.

Trabajar otra forma de entender los que significa “ser hombre” es intentar cambiar las actitudes y prácticas de los hombres de manera individual y colectiva para conseguir una sociedad igualitaria y el equilibrio entre hombres y mujeres en las relaciones personales, familiares, en las comunidades instituciones y entre las propias naciones. Esto no es un trabajo sencillo, pues requiere deconstruir en poco tiempo lo que durante siglos nos han venido contando.

Nancy Palomino, con una maestría en salud pública, coautora del libro “Detrás de la máscara. Valores y violencia sexual en la vida cotidiana”, en entrevista con IPS dijo que actualmente los hombres han sido descolocados de un sistema de privilegios que los favorecía, no solo por los movimientos de mujeres sino por los avances de género en la sociedad.

“En muchos, la violencia es el recurso para imponer su poder frente a las mujeres y la familia. En los feminicidios vemos que se arriesgan a perderlo todo, incluso su libertad y a veces su propia vida”, afirmó.

La especialista colocó la necesidad e importancia de trabajar con hombres, niños y adolescentes en la deconstrucción de la masculinidad y la prevención de la violencia

Según el experto Jimmy Telleria, “la masculinidad es un conjunto de atributos, valores, funciones y conductas que se suponen esenciales al hombre en una cultura determinada; implicando una identidad de pertenencia al sentirse, decirse, pensarse y hacerse para definirse como hombres. Al ser un proceso social, cultural e histórico reconocemos una multiplicidad de expresiones de esa identidad, manifestada en diversas expresiones de masculinidades”, por todo esto para el experto es fundamental trabajar en la deconstrucción y reconstrucción de esto junto a los hombres.


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