Todos los nombres de Oliva

Adrián Oliva entró tan joven a la política que ni siquiera tenía sentimiento partidario. Con 26 años fue unos meses Viceministro de Régimen Interior justamente en el Gobierno sin partido ni bancada, aquel fugaz de Carlos Mesa de 2003 a 2005. Desde entonces no ha parado.

Oliva aparece en la fotografía de fundadores de Camino al Cambio, el partido que encumbró a Mario Cossío en aquella elección para la designación de Prefectos de 2005 construida sobre las cenizas del MNR, los deseos de autonomía y la expectativa hidrocarburífera.

En 2010 se integró en Convergencia Nacional como primer diputado plurinacional por Tarija. Lo sacó y no dudó en aprovecharlo tejiendo alianzas nacionales e internacionales entre diputados y parlamentarios menos cercanos a las tesis progresistas que controlaban Sudamérica en aquellos entonces. Algunas de estas relaciones le sirvieron al MAS después para armar aquella idea de Oliva, al servicio de la CIA.

La larga travesía en el desierto de aquella Asamblea Plurinacional en la que el MAS gozaba de una aplastante mayoría le permitió formarse y trazar algunos planes. Sobre todo después de la huida de Mario Cossío en diciembre de 2010. A inicios de 2014, en una casual entrevista con El Nacional de aquella época, Oliva enunció sus aspiraciones. Las sutilidades de sus declaraciones no pasaron desapercibidas para el núcleo duro de Camino al Cambio, que entendió que los estaba dejando atrás.

Unos meses después, antes de la subnacionales de 2015, nació “Vanguardia Integración”, un partido que en realidad nunca llegó a nacer, pero que se vistió de largo sin tener siquiera la personería jurídica. En ese partido se inscribían sus incondicionales, como Alan Echart, Waldemar Peralta (aunque entonces era presidente cívico) o Daniel Carvajal. No tenía personería, pero la habilidad en la gestión política lo acabó concretando como el candidato de Unidad Departamental Autonomista, un conglomerado condenado al fracaso desde el primer día.

Tan incontestable había sido la victoria del MAS en 2014, y tan funcionales a esos objetivos resultó la oposición tarijeña, que solo cupo convocar la unidad para evitar que el MAS se hiciera también con Tarija. Todos querían mandar, pero pocos arriesgar. Oliva defendió desde el principio que sería candidato y acabó ganando la nominación tras descabalgar a Óscar Montes, ya entonces entrampado entre su patrimonio y sus ambiciones.

Oliva fue entonces el candidato de Unidad Departamental Autonomista (UDA), una alianza electoral que duró las horas del fuego porque nunca tuvo vocación de trascender entre tanto ego. Mientras unos le pedían hacer de kamikaze y otros lo changueaban, Oliva y sus incondicionales armaron Todos, esta vez con Wilman Cardozo, para dejar claro que volaban solos.

Cuando la criatura apenas despegaba, Todos se sentó con el FRI, con Carlos Mesa y con Sol.bo, y al poco, se creó Comunidad Ciudadana, primero solo para la nacional, ahora también para la subnacional, con la que Oliva será el candidato con toda probabilidad a la Gobernación de Tarija.

De momento gana. Y apenas ha cumplido los 40. Suma y sigue.