Tariquía, contra las petroleras y contra su propio agotamiento

La marcha fija un objetivo: la anulación de los contratos. Pese a la desorganización y los pulsos de las entidades próximas a los marchistas y comunarios, las demandas de aquellos que rechazan la exploración en la Reserva de Tariquía llegaron a la plaza Luis de Fuentes

Cuando alguien se esfuerza mucho en que algo salga mal, normalmente sale mal. Y cuando son muchos en el mismo esfuerzo, pues peor. Lo que tenía que ser un “baño de masas” acabó siendo una especie de carrera contra reloj, y lo que tenía que ser un momento de reflexión y unidad sobre el medio ambiente acabó convertido en una especie de pulso sui géneris entre egos y reproches encima (y debajo) del remolque del Volvo rojo que se apostó entre las calles 15 de abril y General Trigo en la tarde del martes 20 de abril.

Era el cabildo por Tariquía. Un cabildo que evidentemente nunca iba a poder ser legal, pero sí legítimo. No se trataba de cumplir las normas sino de llenar la plaza. No se trataba de “contratar” consultoras inteligentes que te abandonan el día de antes cuando no logran el eco mediático previsto para sí mismos, sino de que la gente en Tarija se sumara a una voluntad ya definida en el cantón de Chiquiacá entre las comunidades que han sido excluidas de la consulta previa en el plan de exploración y explotación del área de San Telmo, adjudicada a Petrobras, y que se superpone sobre la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía.

No es que todo saliera mal, había menos gente que likes en la publicación, pero al menos un millar de personas acompañaban a los marchistas, que no es poco en tiempos en los que compartir un estadito es ya un acto revolucionario. No es poco tampoco si convocas un acto en horario laboral, te esfuerzas en arrinconar a políticos, cívicos o cualquier grupo que pueda tener cierta proyección social y además, en Tarija, te adelantas al horario previsto, planificado y mil veces difundido.

A las 17.00, hora a la que tenía que empezar el cabildo, ya casi terminaba. Para unos, defecto de planificación; para otros,  el resultado a un continuo y machacón boicot, sostenido desde antes incluso de que empezara el bloqueo en el puente de Vallecito Los Lapachos, allá en Chiquiacá, allá en el mes de marzo, allá donde durante más de cien días de agotadora incertidumbre unos y otros buscaron una salida antes de dejar desvanecer el apoyo espontáneo que se multiplicó luego del operativo policial del 21 de marzo, que empujó comunarias y comunarios para llevar hasta el tinglado de Chiquiacá centro al presidente de YPFB Óscar Barriga, que sentenció que no había nada que negociar ni cambiar, y que la perforación de Petrobras estaba en marcha.

Resistencia

El bloqueo en el puente Vallecito Los Lapachos se instaló desde el 1 de marzo para evitar el ingreso a de Petrobras

La otrora unidad

A aquella imagen apeló Jenny Mesa, vicepresidenta de la Coordinadora y que fue la encargada de leer los puntos para someterlos a aprobación popular: Vigilia permanente (no bloqueo), condena a las autoridades que han autorizado la exploración, exigencia de anular los contratos y sus leyes, desconocimiento del Sernap, etc., y una denuncia seria que poco o nada se está investigando: el cambio del plan de manejo de la zona reservada, que a priori hubiera beneficiado todo el proceso.

Hubo aclamación popular y ahí se recuperaron los afectos y emociones del inicio, pues desde que los marchistas pusieron pie en la extranca de El Portillo se sucedieron los gestos de cariño. Gente en las veredas, gente aplaudiendo en los balcones, en las rotondas, en los puentes; bocinazos de apoyo, banderas, más aplausos, gritos en favor de Tariquía y de Chiquiacá; refrigerios, almuerzos solidarios, hasta control de tensión y masaje reponedor antes de encarar la recta final. Recta final que sin embargo se hizo a toda velocidad.

Los marchistas ingresaron a las 15.40 en la plaza Luis de Fuentes madrugando a todos en una Tarija malacostumbrada a la “hora chapaca”. Apenas unos cuantos funcionarios dispuestos para la ocasión, estudiantes universitarios, algunos colegios, los médicos que estaban en la suya, y algunos y algunas activistas de los y las que no se pierden ninguna. Aunque no es excusa para los muchos que se quedaron detrás de su pantalla y convirtieron su enojo en un emoticono, tal vez sea tiempo de que alguien reflexione sobre esto de convocar movilizaciones a horas de trabajo, peor si todavía se exige la desvinculación de las “causas políticas”.

La marcha por Tariquía es evidentemente política, como dice el ministro Luis Alberto Sánchez, porque lo que está en juego es una forma de entender el sector de hidrocarburos, que hoy por hoy es el que sostiene las finanzas públicas del país. Decidir entre la madre tierra o la liquidez inmediata es una cuestión política. Otra cosa es que sea partidista. Había candidatos – no los más visibles – entre los manifestantes; había también más de un reconocido masista, sobre todo los de formación de fondo. No aparecieron las principales autoridades de Tarija ni sus secretarios más visibles porque la susceptibilidad estaba a flor de piel entre los marchistas, sus ejecutivos y los “asesores” de la Pastoral, de Cáritas y de la Asamblea de Derechos Humanos. Hacerle un feo a Rodrigo Altamirano, a Andrés Aguirre o al propio Gonzalo “Chulo” Torres – que hombre, se presentó a una elección pero no es sospechoso de elegir alguna causa para hacerse visible, básicamente porque está en casi todas – estuvo medio desubicado. Paola Gareca, dirigente del cantón de Tariquía y “start one” de la primera marcha y de la resistencia en general, protagonizó uno de esos momentos colorados sobre las tablas con división de opiniones y silbidos por doquier.

El “cabildo” acabó sin acabar, con largas filas para firmar los libros de apoyo, con poesías y alegatos, con Dora Burgos pidiendo micrófono ante la negativa de los orgánicos organizadores y con gente llegando y dudando si la cosa había terminado o no o recién iba a empezar.

El “cabildo” sirvió para levantar un bloqueo que estaba durando demasiado ante la decisión del Gobierno de no ingresar “hasta que los comunarios se pongan de acuerdo”, lo que todos traducen como “después de elecciones”. De momento será vigilia.

El “cabildo” sirvió también para fijar un máximo: la anulación del contrato firmado en abril de 2018. Sirvió para instalar una duda: ¿Qué pasó con el plan de manejo? Y sirvió para enterrar la  vía de salida, la de la consulta previa que ya nadie quiere realizar pese a que se evidenciaron las falencias en la misma.

El “cabildo” no sirvió para cerrar el tema. Al contrario. Las grietas abiertas pasarán factura. Mientras, al otro lado, no tienen dudas.  «Apenas estamos comenzando a salir de este pantano en el que nos han dejado y otra vez quieren jalarnos al pantano. Necesitamos producir más gas para darle una buena educación a los jóvenes (…) Hay gente que quiere arrastrar a #Bolivia al siglo XIX» bramaba el Vicepresidente Álvaro García Linera en un acto del sector, en otra declaración que incide en lo que viene sosteniendo ya sin complejos desde el 6 de agosto. Explorar hay que explorar a toda costa.

Esfuerzo y reconocimiento en el ingreso de los marchistas

El Portillo

Los marchistas llegaron a media mañana a El Portillo, donde la gente ya se acercó a la carretera para dar ánimos y aplausos a los comunarios que partieron de Chiquiacá hace una semana para llevar hasta la plaza Luis de Fuentes su demanda.

Avenida Las Américas

Durante todo el trayecto hasta la plaza Luis de Fuentes, diferentes grupos de activistas se fueron sumando a la columna que fue encabezada por los comunarios. Las imágenes de solidaridad y apoyo al esfuerzo fueron una continua.

Plaza Luis de Fuentes

Los marchistas se adelantaron al horario previsto, pero el ingreso a la plaza Luis de Fuentes fue igualmente emocionante. El acto se desarrolló en la esquina General Trigo y 15 de Abril donde se dispuso un remolque. Las banderas de Tariquía, O´Connor y Tarija se hicieron presentes.


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