Tarija, un ejemplo pacífico

La vinculación campo – ciudad en Tarija siempre ha sido una de las señas de identidad; la mayoría de los residentes están referenciados a una comunidad, a un cantón, y las afinidades y ligazones se extienden en la urbe. Cualquier intento de confrontación desde esas posiciones, siempre será forzada

En medio de una vorágine violenta derivada de la penosa gestión del Tribunal Supremo Electoral de la contienda electoral del pasado domingo 20 de octubre, es propicio reconocer el ejemplo que ha dado Tarija de lo que es la convivencia pacífica y el respeto a la manifestación.

La marcha de campesinos del miércoles resultó ser una demostración de fuerza, y nada más. Nada de insultos, nada de correteos, nada de peleas. Ni por uno ni por otro bando. La marcha fue contundente, aunque la plaza Luis de Fuentes no se acabó de llenar.

Tarija no está técnicamente en paro. El 99% de las empresas privadas trabaja normalmente y quien quiere abre su negocio y espera a los clientes. No hay “hordas cívicas” rompiendo vidrios y exigiendo bajar las persianas. Lo que sí hay es un bloqueo más numeroso en unas zonas que en otras

La decisión del comité de movilizaciones de levantar los bloqueos al paso de la marcha fue muy acertada y evitó cualquier tipo de provocación o confrontación. También la marcha campesina – que tomó fuerza por la exterminal con la incorporación de simpatizantes citadinos – dejó machetes y otros elementos y se concentró en sus consignas hasta la plaza principal. Desde ahí, algo muy tarijeño. Los marchistas se diluyeron entre la gente como cualquier día normal, se sentaron a empanadear o a comer su saice en el mercado central, compartiendo incluso mesa y mantel con los bloqueadores y soportando los rigores de esta primavera “infernal”.

Tarija no está técnicamente en paro. El 99% de las empresas privadas trabaja normalmente y quien quiere abre su negocio y espera a los clientes. No hay “hordas cívicas” rompiendo vidrios y exigiendo bajar las persianas. Lo que sí hay es un bloqueo más numeroso en unas zonas que en otras y que en ningún caso resulta ser hermético e insorteable. Además, en la noche se levanta, algo que a los que todo critican también les sirve para hacer mofa.

A estas alturas ya hay cierto consenso en que los amagues de enfrentamiento debajo de la pasarela del Fe y Alegría del lunes y martes fueron algo más forzados que naturales. Al final nadie puede obligar a nadie a comprar lo que no necesita, y todos comen y beben todos los días.

Los datos muestran una seria caída del MAS en Tarija, donde Evo Morales perdió 11 puntos – del 51% de 2009 y 2014 al 40% de 2019 – a nivel departamental y diez en la capital, donde apenas sumó un 30 por ciento. La caída es también proporcional en todas y cada una de las provincias del departamento, donde a pesar de que ganó en todas – salvo en Villa Montes y Cercado – muestran una debilidad lineal. En ese contexto, los dirigentes departamentales tal vez deberían reflexionar sobre sus problemas más allá de buscar demostraciones de fuerza que no se corroboran en los datos.

La vinculación campo – ciudad en Tarija siempre ha sido una de las señas de identidad; la mayoría de los residentes están referenciados a una comunidad, a un cantón, y las afinidades y ligazones se extienden en la urbe. Se comparten costumbres, creencias y retornos al pago. Lucha Aldana decía que al final: “todos acabamos en la misma fiesta”. Cualquier intento de confrontación desde esas posiciones, siempre tendrá un componente forzado que no se corresponde con la realidad.