Tarija en YPFB, una tarea pendiente

Alguna vez, la estatal petrolera apareció entre las empresas más poderosas de la región cuando el barril rondaba los cien dólares, pero a la hora de gestionar escenarios adversos, no ha sabido dar soluciones

Bolivia vive en un modelo netamente capitalista, asentado en todos los principios neoliberales que normalmente el Gobierno descalifica en sus discursos mientras los apuntala en la Gaceta Oficial del Estado mediante leyes y decretos. En ese marco, YPFB resulta ser la empresa bandera del Estado y del modelo, pero con pies de barro.

Esencialmente, YPFB ha dejado la fuerza operativa en la Sociedad Anónimas que siguen controladas por las transnacionales – Repsol y Petrobras en el caso de Andina y Chaco -, no porque sean mayoría en la paquete accionario, sino porque YPFB Corporación no se ha preocupado en alcanzar la soberanía tecnológica e intelectual en todo este tiempo.

YPFB tiene la voluntad de ser una empresa de los bolivianos, pero no tanta en ser una empresa altamente eficiente que genere riqueza de verdad y a largo plazo. Alguna vez, la estatal petrolera apareció entre las empresas más poderosas de la región cuando el barril rondaba los cien dólares, pero a la hora de gestionar escenarios adversos, no ha sabido dar soluciones.

Durante 13 años, YPFB se ha encargado de proveer al Tesoro General del Estado los recursos que el presidente Evo Morales ha gastado en numerosos proyectos corrientes en todos los municipios; canchas deportivas, coliseos, escuelas, centros sindicales, etc., y de momento no parece que haya voluntad de cambiarlo.

En su momento se argumentó que con la designación por parte de la Asamblea se ejercería un mayor control sobre las decisiones del Directorio. Lo cierto es que eso no ha sucedido.

La última vez que la empresa fue descabezada fue en abril de 2017. El entonces presidente Guillermo Achá, su Vicepresidente y otros doce altos cargos fueron cesados y procesados por el presumible negociado en la compra de unos taladros de perforación que serían muy útiles hoy por hoy para sumar crecimiento y autonomía, sueños que quedaron frustrados por la avaricia de unos pocos.

De aquella jugada también salió damnificada la planta petroquímica de Yacuiba, cuya licitación estaba en marcha entonces y que se anuló luego de comprobar que Achá y los suyos habían propuesto contratarla a la misma empresa que hizo el diseño previo, lo que hubiera supuesto un escándalo mayúsculo.

Desde entonces, los cambios han sido cosméticos. El principal ha sido la Ley que otorga a la persona que ejerce de Ministro de Hidrocarburos la presidencia del Directorio de Yacimientos y que pasa por ser la máxima instancia de toma de decisiones, ahí donde se administra el poder y los contratos y que básicamente ya ejercía una labor testimonial subordinado al poder que ha sido acentuada.

En ese Directorio Tarija tiene un asiento, un director tradicionalmente nombrado por el Gobernador de turno y desde hace unos años nombrado por la Asamblea Legislativa Departamental. En su momento se argumentó que de esa forma se ejercería un mayor control sobre las decisiones del Directorio y se tendría una mejor información. Lo cierto es que eso no ha sucedido.

El titular, Héctor Quirogan ha podido tener la mejor voluntad, pero el Directorio, al fin y al cabo, trabaja para los intereses de una empresa que funciona con las lógicas del capitalismo y que no es precisamente participativa, ni transparente. El cambio en YPFB sigue siendo una tarea pendiente.