Tarija en el tablero electoral

El calendario electoral avanza a una velocidad endiablada pese a lo anodino de las campañas y la sorda tozudez de las encuestas, que se empeñan en mostrar una batalla a dos bandas, con cantidad de indecisos que acabarán decidiendo a qué lado se inclina la balanza y un montón de actores menores con misiones concretas, sobre todo, para ensuciar el escenario.

Tarija ha tomado una inusual relevancia en el tablero, fundamentalmente por las decisiones del Movimiento Al Socialismo (MAS) sobre la exploración petrolera en Tariquía, la intervención de los instrumentos de la autonomía o la ruptura con algunos sectores tradicionalmente afines como los bagayeros. También por el rol del FRI en la candidatura de Carlos Mesa y de Adrián Oliva en esa conformación. Pero también por el empeño de Jaime Paz en ser candidato ligando a su hijo alcalde Rodrigo Paz en su aventura; por el empeño de Óscar Montes en darle voz a Demócratas y, sobre todo, por la posibilidad de que el MNR sepulte su octogenaria sigla tras la decisión de Johnny Torres y su sector de depositar su suerte en el tarijeño Virginio Lema.

Todos estos actores tienen supuestos intereses en Tarija, sea en la Gobernación, sea en la Alcaldía, que se ha convertido en una suerte de premio mayor camuflado. Todos tienen intereses, aunque quien más esfuerzos tendrá que hacer para explicar cuáles son esos intereses será el partido del Presidente Evo Morales, pues hasta el momento, señalan desde adentro, parece lo contrario.

Abril es un mes especialmente sensible para que unos y otros desvelen sus intenciones y traten de colocar sus relatos por la sobreexposición mediática a la que se exponen. En este ejercicio, sin embargo, se es más consciente que nunca de que todo pasa por la elección nacional de octubre, pero no es el único factor que influirá en las elecciones departamentales de 2020.

La Gobernación de Tarija es la única ambicionada en el país. El resto de gobernaciones departamentales pasan por ser refugios o destinos prejubilatorios. La de Santa Cruz es más un símbolo de “resistencia” y una especie de emblema contracultural que un espacio de gestión, que también. En el resto del país son prácticamente testimoniales. Pero la de Tarija sigue teniendo gran cantidad de recursos que permiten a sus ocupantes ejercer el poder para tratar de buscar mejorar la calidad de vida de la gente. Y sea por lo primero, por lo segundo o por lo tercero, no le faltan pretendientes.

Las disputas en Tarija

El Presidente Evo Morales sumó un 32 por ciento del voto en 2005; ganó con 51% en las de 2009 y las de 2014, cuyos contextos fueron muy particulares y perdió el referéndum de 2016 con un 60 por ciento de los votos.

En la Gobernación,  la participación de Luis Alfaro en 2005, que salió tercero, sumó un 23 por ciento de los votos; subió al 43% con Cabrera en 2010 y se derrumbó a un 35% en primera vuelta con Pablo Canedo en 2015. Nunca ganó, pero el MAS gobernó cuatro largos años con Lino Condori como interino luego de la suspensión en la Asamblea – que ha dominado siempre – de Mario Cossío y de que este no quisiera renunciar para precipitar elecciones.

Más allá de 2005, donde las familias del MIR y del MNR todavía marcaban sus diferencias en un departamento por entonces aún minúsculo, el MAS sacó los mejores resultados en un tiempo de marcada polarización, con un Mario Cossío proyectándose líder del movimiento autonomista nacional. En el periodo 2014-2015, los tarijeños votaron primero con la cabeza y luego con el corazón. Para muchos analistas, el MAS, en su conversión pragmática, trascendió un límite imperdonable en la elección de Pablo Canedo como candidato justo en el momento en el que el voto con el corazón podría haberse mostrado inútil.

“El Gobierno amigo”

Esos mismos analistas y algunos otros señalan que el problema en la elección del candidato privó al MAS de su primera victoria electoral en Tarija. Como dato, Luis Alfaro, con un discurso netamente campesino, sumó un 13 por ciento de los votos mientras que el arrastre de Canedo entre la clase “aristocrática” solo sumó a los que ya estaban haciendo negocios con el MAS o que sabían que los podrían hacer más convenientemente en un espacio sin confrontación. Los votos del MAS y de Alfaro hubieran rozado la mayoría absoluta en primera vuelta.

En general, el discurso político en Tarija se ha construido en función al MAS. ProMAS o AntiMAS. Por lo general, los antiMAS han adoptado la bandera de la Autonomía donde se han cobijado diferentes iniciativas, incluso algunas de marcado carácter centralista y que ha roto la dicotomía izquierda – derecha, progresista – neoliberal que el MAS encuadra(ba) en cada campaña. Esto ha propiciado la concurrencia de solo dos frentes definidos en los últimos encuentros electorales.

En la actualidad, en Tarija es tal vez en el último espacio en el que se habla de autonomía como tal. Los departamentos que nunca la quisieron se mantienen en ese rechazo sin Estatutos y sin voluntad para repetir el proceso, otros sectores hablan ya de federalismo y el proyecto Demócratas – para muchos analistas – se enmarcaría también en un escenario post autonómico con Santa Cruz como base.

En ese marco de proyecto agotado, la habitual dicotomía entre masistas y autonomistas parece romperse para dar a luz a un tercer grupo que tomaría un rol “posibilista” y que trata de alimentarse, sobre todo, de la postcrisis tarijeña y la digestión que de ella han hecho los diferentes sectores del departamento.

Masistas, autonomistas – donde se enmarcaría el equipo del Gobernador Adrián Oliva –, pero también los posibilistas – donde aparece Óscar Montes como figura aglutinadora – ya están apelando a la necesidad de un gobierno “amigo” para la nueva legislatura 2020 – 2025.

Y al final, todo pasa por octubre

El MAS lo tiene claro, de hecho es su principal argumento desde siempre: Evo Morales trabajaría mejor con un Gobernador del MAS en Tarija. No hay más a pesar del precedente de Lino Condori donde el trabajo no fue precisamente mucho mejor. Y tal vez sea esa la razón que justifique la hostilidad de los últimos años y especialmente de los últimos meses.

El bloque autonomista que representa Adrián Oliva y que luego de una no tan sencilla negociación ha acabado cerrando filas con Carlos Mesa también lo tiene claro: Comunidad Ciudadana es el futuro y lo que necesita Tarija para poder empezar a desarrollarse con su autonomía.

El bloque posibilista, sin embargo, le debe su propia existencia a lo que pase en octubre. Si el MAS arrasa no tendrá sentido. Si Mesa gana tampoco le quedará espacio. Pero cualquier otra posibilidad le puede venir como anillo al dedo.

Alcaldía, el premio grande disfrazado de premio de consolación

El nivel de ingresos de la Alcaldía de Cercado y la del departamento de Tarija está no tan lejos de asemejarse. Los ingresos propios de la Alcaldía van en aumento mientras que los de regalías de la Gobernación van en caída libre. Además, dentro de todo político hay un alcalde en potencia, de los que gustan fotografiarse en los mercados, dando la mano a señores mayores y abrazando niños. El propio Evo Morales se siente más feliz ejerciendo de superalcalde que ordenando el Estado desde su despacho. Ser alcalde ha sido y sigue siendo un premio mayor, que por alguna razón en Tarija ha pasado a ser segundo plano.

En 2020, sin embargo, todo apunta a que la Alcaldía de Tarija se va a convertir en el principal reclamo para las fuerzas políticas ante la predecible polarización de la carrera por la Gobernación, aunque nada de esto se pueda confirmar hasta conocer los resultados de las elecciones de octubre.

De momento, y sin conocer los resultados de octubre, se da por seguro que concurrirá a la elección el actual alcalde Rodrigo Paz y un candidato del MAS, salvo que Paz entre a correr las nacionales por Jaime o el MAS se hunda catastróficamente, cosas que de momento no parecen probables. Ni una ni otra parece.

El otro 40-50 por ciento de la votación se la disputarían también un puñado de candidatos que necesitan encontrar su espacio. Por ejemplo, lo normal sería que el partido de Adrián Oliva – Todos – ponga su propio candidato.

El meollo, sin embargo, estará en el grupo que el exalcalde Óscar Montes ya presenta como suyo mientras amaga con una poco probable candidatura a la Gobernación de Tarija mientras no tenga Chaco: Johnny Torres no necesita padrinazgos para ser candidato y Camino al Cambio se ha curtido en mil batallas para aceptar ahora tutelas de dudosa parentela. El triunfo puede estar cerca para aceptar muchos sacrificios.

Y todo esto, como diría el Gato del Tejado, sin salir de la plaza Luis de Fuentes, pues no pocos confían en que de las cenizas del MAS se erija otra alternativa renovadora que se libere del pasado reciente y construya un nuevo proceso.

“El camino es largo y todo pasa por octubre”, se repiten los unos a los otros mientras se hacen daños, pero nunca un daño suficientemente irreversible.

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