Tan santos todos

En esta Bolivia tan ecléctica e intercultural, sobre todo en estas cosas de la Fe, que han generado auténticos cultos propios, más allá de lo criollo y lo mestizo, el día de Todos los Santos y la noche de Difuntos, pasan a ser días especialmente emblemáticos. Son días particularmente emotivos en los que los vivos entran en conexión con sus muertos que no mueren mientras alguien les recuerda y son honrados con sus mimos, con sus gustos, compartiendo los vicios y pecadillos del difunto.

La riqueza cultural boliviana y tarijeña no permite los plurales absolutos a la hora de describir estas tradiciones, a las que en cada rincón del país se le incluye una peculiaridad en forma de flor, vela, color, masita, caldo, tantawawa, las guirnaldas de colores cálidos o las caritas felices de las masitas incorporadas este año; pero que en general reconocemos como nuestras porque de lo que se trata es de que al medio día la familia aguarda la llegada del ser querido desde el otro lado y durante 24 horas se le recuerda y honra, sobre todo, con la mejor voluntad, que al final es lo que importa; más allá de que lo ostentoso forme también parte de nuestra idiosincrasia.

Cada cual vive su experiencia con el difunto de manera personal y a su vez, se establece una experiencia comunitaria en la medida que las familias se organizan y comparten; no es Navidad pero, la relación se establece en lo personal con las ánimas sin que necesariamente la presencia simbolice un tiempo nuevo y luminoso.

Lo cierto es que no nos vendría mal un poco de reflexión personal en estos tiempos de encuentro con los seres que nos hicieron quienes somos; con aquellos a los que hoy honramos, evidentemente, porque nos dejaron una huella en el corazón que se materializa hoy en conductas y actitudes, en formas de expresarse en el mundo, de aceptarlo y de enfrentarlo.

El día de Todos Santos y el día de Difuntos resultan fechas propicias para evaluar nuestra conducta antes de presentarnos ante los que – en el esquema universal de origen católico mestizo – nos ven permanentemente desde el cielo y que – por nuestro esquema andino originario también mestizo – se harán energéticamente presentes hoy. Obvio que no es tan simple explicar el fenómeno de lo que hoy sucede en Bolivia, pero suma al esfuerzo de tratar de ser un poco mejores cada día.

El día de Todos Santos y el día de Difuntos, la muerte se hace relativa y especial en nuestro contexto donde por desgracia la acariciamos con cotidiana frecuencia. Se convierten en días por demás pedagógicos en las que los más jóvenes se hacen más fuertes y los más viejos, también y en los que las familias vuelven a sus pequeñeces más importantes: sus recuerdos. Por eso, en estos tiempos de acelerada impersonalidad, conviene recuperar e interiorizar las tradiciones y los valores sobre las que las mismas se construyen, que no tiene que ver con el “truco o trato” ni las antorchas de zapayo – que ya empiezan a llamar calabazas – sino con el amor y el respeto a los mayores.