Superar a Julia Ramos

Desde que la lideresa Bartolina y tarijeña Julia Ramos fue encarcelada en el penal de Obrajes de La Paz el 6 de diciembre de 2015, todo le ha ido mal al Movimiento Al Socialismo, y no solo en Tarija. Unos pocos meses antes, el MAS había salvado la cara en las elecciones subnacionales, ganando incluso en departamentos como Beni, creciendo en Santa Cruz y consolidando el poder territorial y legislativo en Tarija con unas condiciones muy adversas. Solo unos meses después, el MAS recibió su más sonado revés electoral en el referéndum del 21 de febrero de 2016. El golpe electoral abrió un periodo “especial” en el MAS, un periodo muy endogámico, con mucha declaración de consumo interno, con un relato duro más centrado en no perder su base que en acercarse al nuevo elector que había manifestado su descontento con lo que parecía un intento de eternizarse en el poder, dado que se estaba consultando la posibilidad de seguir en el poder hasta 2025 cuando apenas había empezado el mandato logrado en 2015. El periodo “especial” ha durado tanto – zapatazo, Judiciales, La Haya, Primarias – que el MAS está encima de las elecciones de 2019 y sigue mandando mensajes para sus convencidos y no para aquellos que se han decepcionado por el camino. La sangría no para pero el mensaje no acaba de cambiar. La última señal en esa dirección ha sido la justificación de Evo Morales del “desastre” de las Primarias, con menos del 50 por ciento de la votación, un fiasco que no ha sido achacado a los dirigentes “chupamedias” sino al mismo TSE que le ha venido haciendo favores en los últimos meses. No es momento para este análisis lo que supone en la justificación de la degradación moral. No es que el tema no esté identificado: los analistas nuevos del MAS, los pocos viejos que quedan, y los muy viejos que se han reincorporado, tienen claro que hay que bajar la línea dura y jugar con la estabilidad amable, pero eso no quiere decir que los que de verdad mandan en el MAS estén dispuestos a hacerles caso. Unos arman un discurso amable e integrador para el día del Estado Plurinacional, en el que se comparte con todos en el triunfo del desarrollo del país, y al día siguiente Juan Ramón Quintana vuelve a ser Ministro de la Presidencia.
El retorno de las Bartolinas con pollera al gabinete de Evo Morales es también un gesto de superación. Doña Nélida Sifuentes asume cartera y cierra una jaula de grillos que durante meses ha contribuido al desangramiento. O eso parece. No todos los movimientos sociales están de acuerdo en cómo se gestionó la crisis del Fondo Indígena y en cómo se ha denostado a la base y salvado a los tecnócratas. Pero es un paso. Hace un año la dirigente más emblemática del MAS Tarija retornó al departamento tras dos años de angurria y traición. No hay masista en Tarija que no supiera cual era el rol de Julia Ramos, pero nadie la ha defendido. Ni siquiera aquellos que no pudieran haber dado un paso más allá de la calle Cochabamba sin su bendición. Si en algún sitio el MAS va mal como organización es precisamente en el departamento de Tarija, donde nadie ha asumido la responsabilidad como lo hizo la abogada y exministra.
El MAS quiere dar por superado el capítulo del cisma “Fondo Indígena”, pero tal vez sea en Tarija, el departamento menos campesino, donde más cueste.