“Sonajero de Estrellas” Literatura infantil y literatura fantástica (*)

Acad. Dr. Edmundo Torrejón Jurado

Soy un convencido, de que nuestra generación, que ha sentido en lo más profundo de su niñez: las habilidades del Gato con Botas para encumbrar a su amo, ha viajado en la Alfombra Mágica de Bagdad, ha justipreciado el amor a la abuela en Caperucita Roja, ha descubierto un otro lado del mundo en Alicia en el País de las Maravillas, ha descubierto el verdadero sentido de la justicia en Cenicienta, se ha deslumbrado con Pulgarcito ha sido capaz de inventar la fibra óptica, los transistores, la informática y las computadoras, la fisión nuclear, los aeroplanos que superen la velocidad de la luz, la cirugía laparoscópica, las maravillas del ADN, el WhatsApp, los viajes interplanetarios, y otros. Porque seguramente con aquellas lecturas se nos ha despertado y estimulado, el enorme capital de la capacidad de asombro y el poder de la imaginación.
Como premisas:
La estética de las letras, en su concepción grafica de comunicación literaria, comprometerá siempre a tres actantes: El autor, la obra y el lector.
Es importante considerar también, que desde hace unos cuantos años, va creciendo en el mundo, lo que Giovani Papini llamaba “odio por la palabra escrita”. En las revistas, en las radios, o en la TV, las imágenes llevan ventaja sobre el texto.
En los medios de difusión radial se oye el mayor tiempo, sólo música. Esta realidad se acentuó aún más, con la aparición de la informática.
Abordando el tema:
Ya Paul Riccoeur en 1995, sostenía que “el relato de ficción abarca todo lo que la teoría de los géneros literarios entiende por cuento popular, epopeya, tragedia, comedia y novela”.
Dicho concepto tiene que ver con la capacidad creadora del ser humano. Y el mismo sostiene que se asigna el termino de ficción para “aquellas creaciones literarias que ignoran la pretensión de verdad inherente al relato literario” y que en definitiva siempre están confrontando el mundo tangible del lector.
Para Gilbert Durand, en las propuestas literarias y sobre todo en aquellas que tienden a la ficción, se genera un poder de características mágicas.
Como temática de fondo, en las propuestas literarias de ficción, se encuentra la figura mítica. Lo mítico traduce lo que Jung denominara “arquetipos profundos” que se actualizan bajo formas diversas, a veces fútiles, a veces esenciales.
Pero es importante considerar, que la cultura literaria emerge de la liberación de ciertas limitaciones que la existencia humana padece desde dentro de ella misma y como preámbulo a todo: en la base o en el fondo de toda cultura está la lengua.
El lenguaje es una necesidad ineludible de los hombres. Y como sostiene Biancucci, “el lenguaje es un vehículo de la cultura y a su vez la cultura forja el lenguaje”.
La literatura fantástica surgió a finales del siglo XVIII e inicios del XIX. Antes de ser considerada como literatura, formaba parte de la tradición popular.
Recopilada en primera instancia por el napolitano Giambatista Basile (l575-1632) y posteriormente por Perrault y los hermanos Grimm. Personajes que dieron a conocer en forma literaria las historias que hacían parte de la vida popular (Garmon 2001).
Las aproximaciones históricas a temas como el surgimiento de la infancia o el surgimiento de la literatura infantil, constituyen una ruta necesaria para entender la metamorfosis que la fantasía sufre cuando se le presenta al público lector infantil.
Al respecto dice Ana Gorralon (2001) que no se puede hablar de una historia de la literatura infantil únicamente desde la aparición del libro, tal literatura, a fin de cuentas, existió antes de que naciera el texto escrito y el primer contacto de los niños con los cuentos y la poesía, se dio a través de la palabra.
Otra forma de entender el acercamiento de la niñez a la literatura fantástica y posteriormente a la literatura infantil puede darse por la narración como la describe Walter Benjamín (1936). Este autor dice “que la experiencia que es trasmitida de boca en boca es la fuente de la cual se han nutrido todos los narradores”
Mientras que la tradición oral primaba sobre la lectura silenciosa, el cuento fantástico se convirtió en el relato preferido de las personas y cuando la revolución lectora tomo auge, el cuento fantástico se convirtió en uno de lo más característico y significativo del siglo XIX, que además, según Garralón, de ser considerado el siglo de oro de la novela, se convirtió en el siglo de oro de la literatura infantil.
Según Ítalo Calvino (l996), el cuento fantástico conforma la simbología colectiva y da cuenta de las construcciones interiores del individuo. Aseverando “en el origen de toda literatura y en el origen de toda ficción hay siempre un cuento de hadas”.
Davis Roas (2002) se refiere a la literatura fantástica como un género que surge de la realidad y muestra la disolución entre realidad y la ficción, allí, los temas y motivos que componen el universo fantástico son sin duda, expresiones de una voluntad subversiva que toman la realidad como punto de partida, pero la mistifican.
Dentro de la literatura fantástica se encuentran, además de los relatos de ficción, los denominados cuentos de hadas, cuentos que según Walter Benjamín (1936) subsistieron clandestinamente en la narración y se constituyeron en los primeros consejeros de los niños.
El cuento de hadas le dio la posibilidad a la humanidad de darle otras interpretaciones a los mitos que la misma sociedad había creado.
Según las ideas de este autor, dentro de los cuentos de hadas se encuentran hechizos liberadores que le dan herramientas al hombre para que este se libere de las posibles opresiones que el mito ejerce, generando así una relación de complicidad y por tanto un sentimiento de felicidad, que en el hombre maduro se presenta algunas veces y que en el niño aparece en el primer acercamiento al cuento de hadas.
Este acercamiento al tema de la fantasía en la narración y la literatura, implica reconocer que entre la literatura fantástica y el público lector infantil se marca una ruta para analizar el surgimiento de la infancia como categoría y etapa específica de la vida.
Es importante recordar, que lo fantástico, en las veladas nocturnas antes del siglo XVIII, no hacía distinción entre niño y adulto.
Según José María Moreno (202), allí, inmerso entre una colectividad de seres humanos, el pequeño accedía a mundos impensados: lugares míticos y mágicos constituidos por espectros, fantasmas y aparecidos, rodeados de sombras y reflejos, habitados de criaturas artificiales y fantásticas. Quién sabe un mundo “peligroso” para el ciudadano que se pretendía formar.
Así surge lo paradójico, surge la infancia, surge la literatura fantástica, y de pronto, se marca la diferencia entre lo fantástico y la literatura para niños –de un corte moralizante- y desaparece para el niño la fantasía.
Ahora, la nueva literatura infantil, le enseña a ser un buen ciudadano. Todo esto sucede a partir del siglo XVIII, cuando al niño, además, se lo encierra en un lugar destinado a su educación y deja de ser parte de las veladas nocturnas, donde se compartían los relatos míticos, y, para completar, se le prohíbe el acceso a la literatura fantástica.
“El carácter fantástico del cuento provoca la imaginación, pero esta a su vez es una poderosa arma que tiene el sujeto para trascender en un contexto determinado.
Enunciados los aspectos teóricos, abordaremos lo pragmático:
¿Lo que leyeron antes los niños es lo mismo que lo que leen en la actualidad?
¿Leen menos, tanto o más?
¿Busca el niño por sí mismo la lectura o se le condiciona intencionalmente una determinada?
Lefebre da mucha importancia a la realidad social: “En los medios pudientes –dice- la vida familiar ha sido muerta por los placeres, los deportes, los viajes, la necesidad de ostentar y exhibirse y el niño ha sido apresado por el torbellino. En los medios modestos, la lucha por el pan cotidiano, no permite otra lectura que el “diario de un billete”
¿Subsisten esas razones en la actualidad? Nosotros creemos que sí, y agudizados por la intervención de nuevos instrumentos sociales distracción y mercantilismo: cine, radio, televisión, informática, WhatsApp y otros.
Jesualdo ya sostenía: “Existe una regresión del idealismo y una especie de deportación de la juventud”
Finalmente: ¿Cuál es el fin que se persigue cuando se desea que el niño lea?
Yo pienso y lo sostengo y lo sostuve siempre: que no hay, no puede haber otro instrumento o medio como el libro, para estimular la capacidad de asombro y el poder de imaginación en el niño.
De ahí nuestra pasión por las Ferias del Libro dedicadas a niños, jóvenes y adolescentes. Ocho años fui curador de las mismas en Tarija.

Xanadú de San Isidro, primavera de 2018

(*) Ponencia presentada en el
“III Encuentro de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica en Bolivia – “Palacio Portales”- Cochabamba