Sensatez ante la incertidumbre

La publicación del dato sobre Reservas Internacionales (RIN) del Banco Central de Bolivia (BCB) sigue teniendo un rezago importante. El último dato es del 18 de octubre, donde éstas siguen cayendo, ahora hasta los 7.266 millones de dólares.

El dato sigue siendo anterior a las polémicas elecciones del 20 de octubre, y lo que se teme es que todo lo que ha ocurrido desde esa fecha solo pueda haber empeorado el comportamiento de este y otros indicadores macroeconómicos fundamentales.

Esta semana, dos matutinos (uno paceño y otro cruceño) publicaron sendas notas advirtiendo un supuesto uso de fondos privados por parte del BCB para evitar mayor caída de RIN.

Para dichas notas y aseveraciones, se basan en las modificaciones en la tasa de encaje legal que se dieron en meses pasados, y también en la reducción de los límites a inversiones en el exterior por parte de entidades privadas, lo que fue interpretado por algunos analistas consultados por uno de esos medios como una “apropiación” de fondos privados.

También se basan en un supuesto informe de la agencia calificadora Fitch Ratings, pero que este medio no ha podido obtener ni confirmar de manera independiente.
A raíz de esto, el jueves 7 de noviembre, el BCB publicó una nota de aclaración, en la que rechaza estas acusaciones y reafirma que estas normas, cambios y medidas están enmarcadas en la legalidad interna y en criterios internacionalmente aceptados. Asimismo, remarcan que no hay apropiación ni entrega obligatoria de divisas. Lo que es cierto.

Tres días antes, el 4 de noviembre, el mismo BCB publicó otra nota afirmando que el nivel de RIN “es adecuado”, y que se “garantiza el normal cumplimiento de las obligaciones económicas con el exterior, sirviendo de respaldo a la política cambiaria y a la estabilidad del sistema financiero nacional”.

Sin embargo, también es cierto que el BCB no está publicando las cifras que respalden sus aclaraciones. Es más, se debiera dejar que las cifras hablen por sí solas, sin necesidad de aclaraciones, explicaciones ni justificaciones de ningún tipo.

Como es de esperarse, esto genera más preguntas y susceptibilidades sobre la verdadera capacidad para asumir cualquier eventualidad, en una población que hasta el momento ha estado optando por mantener la serenidad, evitar el pánico y no entrar en el suicidio económico. Incluso en el contexto de creciente incertidumbre y malestar político y social.

Pero ojo que quienes están llamadas a garantizar esto no es esta población, sino las autoridades de todos los niveles.

Ayer se complicaron más las cosas, con amotinamiento policial en distintos lugares del país, acuartelamiento y movimientos militares, y denuncias y contradenuncias imposibles de comprobar hasta el momento.

Lo mejor que puede hacer la población es, nuevamente, evitar la violencia, más aún ahora que la escalada se posiciona como realidad. Y tal como lo ha estado haciendo hasta el momento, evitar el pánico social y el económico. Si hay descalabros no será por la locura del público, que ya ha mostrado su temple de sobra, sino por las dirigencias políticas que priorizaron lo suyo. A cuidarse y pensar mucho. Lo demás el tiempo lo dirá.