Sanear San Luis

La solución a las aguas vertidas parece estar, por una vez, planificada y con las responsabilidades repartidas. Cada cual parece saber qué es lo que tiene que hacer, a qué se ha comprometido y  cómo lo va a financiar

A estas alturas de la película, nadie puede salir ganando con lo del saneamiento de las aguas residuales de Tarija ni atribuirse el éxito de la misión, si es que esta acaba en buen puerto. A lo sumo, se podrá identificar a aquellos responsables que pudieron hacer y no hicieron, o aquellos que pudiendo ayudar, se dedicaron a poner palos en la rueda.

Que en los albores de la tercera década del siglo XXI, en una ciudad del tamaño de Tarija, se estén empezando a poner soluciones al tratamiento de las aguas negras es de por sí un despropósito conjunto que nos debería hacer reflexionar sobre el destino que se las han dado a los miles de millones de bolivianos que han pasado por Tarija en los tiempos de la bonanza.

Excusas sobran, que sí las competencias por aquí, que si la falta de voluntad por allá, que si el otro estaba a punto… el fracaso ha sido mayúsculo, pero estamos en puertas de una solución permanente, tardía, pero permanente.

Que en los albores de la tercera década del siglo XXI, en una ciudad del tamaño de Tarija, se estén empezando a poner soluciones al tratamiento de las aguas negras es de por sí un despropósito conjunto que nos debería hacer reflexionar

La Alcaldía y la Gobernación, impulsados por un clamor social notable, dieron el primer paso con la planta de Tratamiento de Aguas Residuales de San Blas, una infraestructura que depurará las aguas sucias que salen de los hogares en la ribera derecha del río Guadalquivir. En principio es una solución a mediano plazo consistente, porque el tamaño poblacional en ese costado es menor, sin embargo, el crecimiento desaforado en esos espacios obligaría a tomar medidas de control en serio para que los cálculos no se vean desbordados en poco tiempo.

El Gobierno Central, mientras tanto, ya ha comprometido en diferentes ocasiones la financiación para la planta de Tratamiento de San Luis, la que debe servir para acabar con el problema más grande de forma urgente. La primera vez que lo hizo fue en 2016, en la víspera del referéndum del 21 de febrero. Desde entonces se han desarrollado estudios, compromisos y algunas reuniones que acabaron en nada, pero en general se puede considerar un problema en vías de atención con la hemeroteca como principal marcador. Más tarde que temprano, el problema se solucionará.

La Gobernación ha empezado además el proyecto de Mitigación de Olores en San Luis, una intervención concreta en las lagunas de oxidación, cuya función esperpéntica pero necesaria desprende nauseabunda pestilencia, propia de tecnologías de inicios del siglo pasado. El proyecto liberará a los vecinos de San Luis de sambenito más omnipresente, pues si no fuera por el olor, nadie se daría ni cuenta. Es por tanto, un acto de justicia con los propios vecinos. Por eso nadie acaba de entender la protesta de un grupo de vecinos precisamente contra esta infraestructura.

La solución a las aguas vertidas parece estar, por una vez, planificada y con las responsabilidades repartidas. Cada cual parece saber qué es lo que tiene que hacer, a qué se ha comprometido y  cómo lo va a financiar. A veces parece demasiado perfecto para ser verdad. A veces parece demasiado fruto, o demasiado poco, para una legislatura nacional – departamental – municipal, pero visto lo visto, es un gran logro.