San Lorenzo y Huracán acabaron en cero y dejaron la serie abierta

En el estadio Pedro Bidegain se puso en marcha la serie más interesante de la primera fase de la Copa Superliga con el clásico de barrio más grande del mundo. En su versión de partido y revancha a todo o nada, San Lorenzo y Huracán igualaron sin goles y dejaron la serie de 16avos. en incógnita.

Cada minuto que pasaba con el arco en cero cotizaba más que el dólar para Huracán. A eso aterrizó el Globo en la agradable tarde del verano otoñal en el Bajo Flores, a protegerse y jugar un partido de 180 minutos. La pelota, entonces, estuvo mayormente reposando en los pies de un San Lorenzo que siempre fue el que procuró construir, aunque no lo consiguió en todo momento.

Las escaladas de Andrés Herrera por la derecha, aprovechando el hueco a la espalda de su tocayo Roa, volvieron a ser en el Ciclón en el primer tiempo el factor sorpresa para encontrar a su rival desprevenido. Por esa mano se complementó bien con Juan Camilo Salazar. De hecho, la más clarita nació de un desnivel del colombiano, que mandó el centro y Nahuel Barrios no alcanzó a conectar ante el oportuno cierre de Saúl Salcedo.

El Perrito se ganó en la cancha la chance de ser titular en el clásico ante la ausencia de Nicolás Blandi (empezó en el banco porque arrastraba molestias en sus aductores). Y aportó el desparpajo y el desequilibrio que muestra cuando ingresa como suplente. El problema era que nunca llegaba hasta el fondo por su condición de diestro recostado sobre la izquierda. Barrios debía enganchar para perfilarse mejor y así le daba más opciones de marcar a Pablo Álvarez. De todos modos, fue una preocupación contante el chiquito que venía de meter un gol contra Melgar.

Parece reiterativo escribirlo en cada análisis de los partidos de este San Lorenzo, pero sigue sin resolver un problema clave: el peso en el área ajena. Puede haber mejorado y afianzado su salida del fondo. Puede manejar con paciencia y criterio el balón por el medio, de la mano de Raúl Loaiza y de Román Martínez. Puede desbordar. Pero todavía no puede pisar fuerte en la zona de fuego. Ni con Blandi, ni con Nicolás Reniero, que esta vez jugó de lo que le gusta: centrodelantero. Igualmente, no le sacó jugo a su oportunidad y salió por Blandi en la segunda parte.

A esa altura ya no la pasaba bien el local. Huracán, con pinceladas de Roa, el acompañamiento de Patricio Toranzo y el empuje de Norberto Briasco, estuvo cerca de congelar corazones azulgranas un par de veces. Fernando Monetti apareció para mandar al córner un tiro de Roa, primero, y luego para empañarle el gol a Briasco, tras un gran pase del colombiano.

Los de Boedo volvieron a tener pulso cuando el árbitro Fernando Espinosa le sacó correctamente la segunda amarilla a Lucas Merolla, que le entró con imprudencia a Martínez. Esa expulsión hizo resignar la ilusión quemera, más allá de algún contraataque del incontrolable Briasco. San Lorenzo creció por superioridad numérica; no por juego. Barrios se transformó en el abanderado del ataque. Sin embargo, solo no pudo. Y la historia quedó totalmente abierta para la definición en Parque de los Patricios.


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