Rumbo al 3M: Los juegos del TSE, mamertazos y la unidad que no da

Alguien en el entorno del Tribunal Supremo Electoral (TSE) se ha empeñado en hacer confundir las habilitaciones con las impugnaciones. Así, lo que debía resolverse técnicamente y cuyo plazo vencía el lunes 17 de febrero, parece convertirse en una decisión política a resolverse en sala plena del organismo más controvertido de la democracia boliviana.

En juego hay algo más que la postulación de Evo Morales, Mario Cossío, Luis Arce, etc., incluso algo más que el crédito de Salvador Romero, el presidente del TSE puesto a dedo por la presidenta Jeanine Áñez, que ahora es candidata, y cuyas credenciales empiezan a tambalear entre las decisiones más complejas.

El cálculo ha enojado de momento al Movimiento Al Socialismo (MAS), ese partido que parece algunos acaban de descubrir vía encuesta que es mayoritario pese a haber ganado tres elecciones al hilo con mayorías absolutísimas. El “estado de emergencia” declarado por su dirigencia estaba ya descontado al otro lado. Algunos analistas más porfiados advierten que la decisión de Romero de aplazar la decisión sobre la habilitación de Morales como senador, e incluso la de Arce Catacora como candidato, obedece precisamente a la necesidad del “Gobierno Áñez – Juntos” de calcular cual será el efecto real de una u otra decisión. Algo así como “Evo inhabilitado ¿Quién lo hizo? Áñez lo hizo”.

Otros analistas hablan ya de mamertazo. También algunos candidatos. Luis Fernando Camacho, “el héroe de los 21 días” que sacaron a Evo Morales, ha dicho con más claridad que el resto lo que todos los votantes entienden desde antes incluso de que se convocaran las elecciones: que las miserias de la oposición al MAS no tienen proyecto, ni base, no posibilidades de ganar “si seguimos así”. Una convocatoria abierta a no entregar el poder.

Nadia Beller, esa especie de Mata Hari que ahora tuitea por la unidad de anti-MAS pero que antes fue candidata con esas siglas y luego brazo derecho (o izquierdo) de Camacho durante los días de movilización cívica, anunciaba “vientos de unidad” a partir de la citación de Camacho y una supuesta agenda de reuniones de alto nivel. Las nuevas generaciones vienen siempre cargadas con ilusión – mascullaba uno de sus comentaristas en la red social, más conocedor de los “tempos” de Carlos Mesa y las ambiciones de Doria Medina.

El candidato de Comunidad Ciudadana, y que las encuestas siguen colocando como principal alternativa al MAS, ha evolucionado bastante en sus métodos y parece más decidido a todo, pero no por ello se va a convertir en un impulsivo activista. Mesa puede abrirle las puertas a Camacho, porque evidentemente el uno no tiene calle y el otro no tiene opciones, pero, sobre todo, porque ambos se complementan en un mismo relato frente a Áñez: Sin Mesa candidato llamando a la movilización por el “fraude monumental” y sin Camacho apareciendo unos días después para sostener la protesta, nada de lo de noviembre hubiera pasado. Y añaden: Pero la que usufructúa el poder es Áñez, que no debía ser candidata y ahora lo es.

La fusión dejará tocada a la alianza Juntos, cuyo relato se basa en “la mayor unidad posible”, pero que sin embargo apenas son lo mismo que la Unidad Demócrata de 2014. El primer sacudón electoral en forma de encuesta ha sido un revés precisamente para los teóricos de esa fórmula, que esperaban verse mucho más cerca de Arce Catacora y no por detrás de Mesa. En cualquier caso, los viejos lobos de mar que navegan en ese barco ya conocen la hoja de ruta: Áñez jamás va a renunciar a la candidatura. Si no lo hizo Ortiz, ¿por qué lo haría?

 

¿Hacia qué lado político corre el Silala?

Para unos, reabrir el asunto del Silala en este momento es solo una forma de mantener a los potosinos en pie de guerra. Contra quien sea, pero en pie de guerra. Para otros, oportunismo político y traición a la Patria por parte de la Canciller, que reveló supuestos secretos de Estado para dar réplica a Eduardo Rodríguez Veltzé, a quién se vincula con el MAS por no ser beligerante con su estructura. Lo cierto es que, en un asunto de este calado, puesto sobre la mesa con fines de negociación, la prudencia y el sentido de Estado debe estar por encima.