¿Reconstitución de la centro-periferia con desmovilización popular?

Expertos analizan el ciclo de impugnación al neoliberalismo en Latinoamérica. Foto: nuso.org

“Decir que los gobiernos del llamado ciclo de impugnación al neoliberalismo en América Latina surgieron de procesos de activación de lucha popular no significa afirmar que todos hayan sido expresión directa de la acción de los movimientos populares”.

Es una aclaración que realizan Mabel Thwaites -profesora de Sociología Política y directora del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Universidad de Buenos Aires (UBA)- y Hernán Ouviña -profesor de ciencias políticas e Investigador del mismo instituto-, en un trabajo conjunto publicado recientemente en una colección titulada “Estados en disputa”.

Thwaites y Ouviña continúan señalando que las respuestas concretas que cada gobierno de este ciclo dio a las demandas sociales “fueron el resultado de las relaciones de fuerzas específicas que les dieron origen y que se redefinieron a partir de un punto determinado de inflexión”.

Así, explican que si bien los gobiernos de lo que los autores llaman “ciclo de impugnación al neoliberalismo en América Latina” (CINAL), internalizaron con distintos grados de amplitud y profundidad las demandas populares que empujaron sus triunfos electorales, esto no significa que sus políticas concretas siempre hayan reflejado la acción de la diversidad de los movimientos populares que eventualmente coadyuvaron en su ascenso al poder.

El CINAL

Más allá de la discusión sobre si las medidas que se aplicaron en cada país tuvieron o no un carácter genuinamente superador de la lógica neoliberal, sea por límites coyunturales o estructurales, Thwaites y Ouviña encuentran que los gobiernos del CINAL tienen características particulares “que han entrado en una nueva fase a partir de la crisis y reestructuración capitalista perfilada al promediar la segunda década de los años 2000”.

El libro “Estados en Disputa” (2019), compilación sobre América Latina, de diversos autores

En realidad, el primer hito de este ciclo fue la asunción, en 1999, de Hugo Chávez como presidente de Venezuela. Le siguieron Lula da Silva en Brasil (2002), Néstor Kirchner en Argentina (2003), Tabaré Vázquez en Uruguay (2004), Evo Morales en Bolivia (2006), Rafael Correa en Ecuador (2007), Daniel Ortega en Nicaragua (2007), Fernando Lugo en Paraguay (2008) y Daniel Funes en El Salvador (2009).

Así, se abrió un ciclo de gobiernos que “enarbolaron propuestas de confrontación con el neoliberalismo: todos ellos están inscriptos en lo que llamamos CINAL y que tiñó de rosa-rojo el mapa de América del Sur, especialmente”.

Ahora bien, los investigadores reconocen que no siempre se puede hablar de confrontación con el neoliberalismo (más allá de lo discursivo), sino más bien de distintos grados de distanciamiento con dicho proyecto.

Otros autores consideran que incluso el distanciamiento se refiere a las aristas más impopulares del neoliberalismo, pero no tanto al contenido, especialmente económico y estructural, que todavía se mantuvo estos años, ocasionando dificultades en los avances transformadores del CINAL.

“Pasivización” y desmovilización popular

A entender de Thwaites y Ouviña, a lo largo de los procesos de los gobiernos del CINAL, se fue produciendo “un reflujo de la participación popular autónoma y activa”.

Analistas como el investigador del posgrado de Ciencias del Desarrollo de la Universidad Mayor de San Andrés (CIDES-UMSA), Luis Tapia, y el historiador y sociólogo de la UNAM (México), Massimo Modonesi describen este reflujo como una “pasivización”, a modo de reelaboración latinoamericana del concepto de “revolución pasiva” de Gramsci.

Especialmente Modonesi se enfoca en ver cómo la dinámica de protesta y el espíritu de confrontación desplegado por las clases populares contra el neoliberalismo de la década de 1990, logra ser “metabolizado” por los gobiernos del ciclo progresista para garantizar la estabilización y continuidad del sistema, aunque incorporando parte de las demandas de las clases subalternas.

Los investigadores de la UBA consideran que en este enfoque “quedan plasmados tanto la fuerza de las clases dominantes para subsumir en el Estado la potencialidad transformadora popular, como los límites de las dirigencias políticas para conducir exitosamente hacia un horizonte de revolución social las luchas reivindicativas”.

Latinoamérica vuelve a posición de lucha en un nuevo contexto regional y global

Así, partes importantes de los movimientos y organizaciones sociales -anteriormente protagonistas directos en la resistencia y el ascenso de las luchas populares-, lo que hacen es delegar a los gobiernos “confiables” las tareas de transformación, en vez de ser ellos mismos actores de primerísima línea. Este es “un rasgo distintivo” del ciclo, afirman Thwaites y Ouviña.

De esta manera, los gobiernos del CINAL “terminaron por contribuir a garantizar la estabilización y continuidad sistémica por la vía de incorporar demandas de las clases subalternas y así disminuir la conflictividad inherente a la lucha social y política. Los movimientos populares más radicales, en tanto, tuvieron una dificultad creciente para sostener la activación política autónoma, en la medida en que los gobiernos iban cumpliendo algunas de sus demandas, lo que muestra la complejidad de los ciclos de ascenso, estancamiento y baja de todo proceso de lucha”.

Los investigadores advierten que, por tanto, la gobernabilidad sistémica que aportaron los gobiernos del CINAL, a partir de lograr la limitación de la movilización popular autónoma y la pasivización, “tuvo como efecto paradojal que redundara en la disminución de la capacidad de resistencia frente a los embates restauradores de las derechas, que erosionarían el propio ciclo”.

El auge de las exportaciones primarias

Los investigadores de la UBA señalan que el ciclo progresista estuvo enmarcado en un contexto global de alza de los precios de las materias primas, que por un lado les permitió contar con importantes recursos económicos para su proyecto, pero que al mismo tiempo significó una profundización del patrón primario-exportador que ya caracterizaba al neoliberalismo que le precedió.

Concentración de exportaciones en bienes primarios minerales, hidrocarburíferos y agrícolas

Así, el CINAL no podía escapar a “las condiciones materiales de producción y reproducción social prevalecientes a escala nacional, regional y mundial, que irradian sus pautas de organización social en función de los bienes disponibles”.

Thwaites y Ouviña agregan así que las tendencias a la reprimarización y el extractivismo, características de todo el continente, tienen “estrecha relación con las mutaciones del capitalismo global, signadas por el alza de los precios de los alimentos, la energía y los minerales producidos por nuestras naciones”, como consecuencia, entre otras cosas, de la irrupción de China como actor central en el mercado mundial.

Tal como ocurre en cada ciclo histórico a nivel global, determinados bienes y servicios adquieren mayor o menor relevancia comercial, e impactan sobre las estructuras productivas de cada Estado nacional.

Durante el CINAL, el contexto fue favorable a la exportación de los commodities, lo que implicó “una reversión parcial del tradicional balance negativo en los términos de intercambio, y constituyó la base material de la recuperación de ciertos márgenes de acción autónoma de los Estados de la región”. Pero también aumentó la dependencia de las economías del CINAL respecto de la exportación de esos commodities.

El “efecto China”

En general, los expertos de todo tipo coinciden en que el ascenso de China movió el tablero geopolítico mundial y se instaló como un actor cada vez más relevante a nivel global. Su creciente -y a veces polémica- influencia en América Latina está documentada por diversos centros de investigación y artículos de prensa.

Según la CEPAL, China se transformó en un socio comercial clave para la región: es un mercado vital para varios países (primer mercado de destino de las exportaciones del Brasil y Chile, y el segundo del Perú, Cuba y Costa Rica). Se convirtió en el tercer país de origen de las importaciones latinoamericanas, con un valor que representa el 13% del total de las importaciones.

Lo que hay que observar es qué tipo de productos importan y exportan unos y otros. Las exportaciones latinoamericanas se concentraron en productos primarios y minerales (en especial soya, metales minerales e hidrocarburos), mientras que las importaciones desde China se caracterizaron por ser bienes manufacturados.

Durante el boom de los commodities, los principales beneficiarios de este tipo de intercambio comercial fueron las economías exportadoras de minerales (Bolivia, Chile y Perú), seguidos por los exportadores de petróleo (Ecuador, México y Venezuela) y las economías que exportan principalmente soya (Argentina y Brasli, y en menor escala también Uruguay y Paraguay).

Sin embargo, tras el fin de esa bonanza, los términos de intercambio se tornaron desfavorables para los países latinoamericanos. Y considerando su ahora mayor dependencia respecto de estos productos, la región está padeciendo una fuerte desaceleración.

El “efecto China”: el rol del gigante asiático en la economía latinoamericana

Así, el “efecto China” ha incentivado la profundización de las políticas extractivistas en la región, sea de recursos minerales o agrícolas. Thwaites y Ouviña advierten que esto ha generado “nuevas tensiones y conflictos en torno a la sustentabilidad medioambiental y a debates sobre el peligro de una nueva reconfiguración del patrón centro-periferia perjudicial para la región”.

Lo nuevo igual que lo viejo

Efectivamente, mientras una corriente destaca que las potencialidades de la articulación sur-sur bajo el liderazgo chino puede traer oportunidades para el desarrollo, otra alerta sobre los peligros de la reprimarización y la reproducción del patrón centro-periferia.

Durante el boom de los commodities, la primera corriente ganó adeptos por los efectos económicos positivos de esta relación. Pero ahora es la segunda corriente la que se perfila con mayor solidez, ante el fin de la bonanza y los evidentes problemas que proliferan en la región.

De hecho, incluso los investigadores de la CEPAL, Osvaldo Rosales y Mikio Kuwayama, advertían que “es relevante evitar que nuestro creciente comercio con China reproduzca y refuerce un patrón de comercio de tipo centro-periferia, donde China aparecería como un nuevo centro y los países de la región como la nueva periferia”. Algo que en los hechos sí parece haber ocurrido.

Uno de los problemas, según lo encontrado por el sociólogo chileno radicado en México, Jaime Osorio, fue que “los mayores recursos en manos del Estado se orientaron a resolver problemas inmediatos, pero por lo general poco o nada para crear nuevos proyectos de producción industrial que permitieran sentar bases para reducir el peso del patrón imperante y ganar autonomía frente al capital local y extranjero”.

De ahí que el profesor de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Lucio Oliver, destaca que el CINAL debió haber desembocado en una política económica que “exprese la incidencia real y democrática de las masas populares en la toma de decisiones estatales y sus relaciones internacionales”.

El sistema centro-periferia, del famoso economista argentino Raúl Prebisch (Agenjo-Calderón, Molero-Simarro)