¿Quién te quiere, Kaliman?

Pocos recuerdan el nombre de su antecesor, pero Williams Kaliman (Romero), desde el momento de su posesión, fue carne de meme. Por su arraigo telenovelesco los más; pero también por el contraste de su nombre en el imaginario pachamámico.

Ese aspecto ha servido a esa gran fauna de opinadores sin fundamento a colgar la chapa de golpista “nazi” al Comandante de las Fuerzas Armadas protagonista de aquellas fechas – como si en el peronismo no hubiera infinidad de apellidos germánicos -.

A Kaliman le pasa más o menos como a Luis Almagro. Cuando lo escucharon hablar del “hermano Presidente” y declarar a las Fuerzas Armadas “antiimperialistas”, la derecha se escandalizó sin siquiera sentarse a pensar si es que un país soberano puede tener unas Fuerzas Armadas subordinadas a algún otro imperio. Lo mismo cuando defendía el “Proceso de Cambio”, entendido en los mismos términos que el Papa Francisco, por cierto.

Kaliman, un militar del Ejército enjuto, de cabeza pequeña y cuello robusto, había demostrado sus dotes para la política y la academia para llegar a su posición. Y ahí estaba en el momento más clave de la historia reciente.

Cuentan algunas fuentes que hubo tensión entre Morales y Kaliman en los días posteriores a la elección del 20 de octubre. Que se cruzaron palabras gruesas, aunque nadie ha develado aun los motivos. Fue después de que la Fuerza Aérea llevara de vuelta a Santa Cruz a Luis Fernando Camacho, en la antesala del vuelco de tensión total hacia la ciudad de La Paz.

Dos días después estalló el motín policial en Cochabamba, el viernes 8 de noviembre, y un día después, el sábado en la mañana, la UTOP se retiraba de plaza Murillo. Evo Morales convocó al medio día a un diálogo desde el hangar de El Alto y unos minutos después, Kaliman negaba que las Fuerzas Armadas fueran a disparar contra civiles. Bajó sonriendo del escenario. La tensión se elevó a máximos.

Al día siguiente se invirtió el orden; Morales convocó a elecciones, Camacho buscó una carnicería en la carretera Oruro – La Paz y Kaliman sugirió la renuncia para pacificar. El miércoles 4 de diciembre reiteró que la Constitución le da facultades para “sugerir” soluciones al Presidente en casos de máxima tensión nacional.

Morales renunció y el país estuvo sin mando hasta el martes 12. La noche del domingo fue de terror. El lunes las Fuerzas Armadas salieron a salvaguardar las infraestructuras esenciales del Estado. En la tarde, junto a la Policía, empezaron a patrullar las calles. El miércoles Kaliman ya era historia y su sucesor tenía en el bolsillo el decreto que eximía de responsabilidad penal para el uso de fuego real.

Morales lo llamó “traidor”, Jeanine Áñez “mezquino”, la prensa internacional lo tilda de “golpista” e incluso, la prensa boliviana más afín al nuevo régimen, le niega su rol e insiste en que actuó presionado por sus compañeros del Estado Mayor.

Kaliman, como soldado, habla del servicio a la Patria. Al final, el tiempo dirimirá su lugar en la Historia. Aunque algunos ya no tengan dudas.