¿Qué puede pasar el 22 de enero de 2020?

Ningún constitucionalista avezado dio con la fórmula que Jeanine Áñez iba a emplear para asumir la Presidencia aquel 12 de noviembre. Fórmula que no fue desvelada pero sí anunció su existencia vía twitter el magnate Samuel Doria Medina unas horas antes. Áñez usó un artilugio ipso facto ante el abandono de funciones y el vacío de poder que, según interpretación, no requería votación ni trámite previo alguno. Unos minutos después, el solicito Tribunal Constitucional Plurinacional avaló esa fórmula hablando de jurisprudencia pre Constitucional.

El debate Constitucional ahora pasa por el 22 de enero, momento en el que expirarán todos los mandatos legislativos, incluido el de Áñez. Nuestra extensa Constitución, como todas las del mundo, tiene sus vacíos y uno de ellos es esta situación sobrevenida, que va más allá de la letra muerta.

Lo normal sería que una Ley regulara este periodo excepcional, de la misma manera que ha regulado excepcionalmente la renovación del TSE y la convocatoria de elecciones, por lo tanto, el mismo MAS que logró los dos tercios en 2014, cuando Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina negaron la unidad de la oposición, sigue teniendo la llave del futuro.

Es posible que el MAS ya se haya concentrado en su nuevo rol electoral y simplemente dictamine un periodo “en funciones”, muy restrictivo en el uso del presupuesto público y poco más. Con todo serán casi cuatro meses que pueden dejar muy tocado al aparato productivo nacional.

Es posible también que el MAS recupere entonces el poder, ampliando solo el periodo de la Mesa de la Asamblea o la Comisión Permanente y dando las funciones ejecutivas a uno de sus miembros.

Todavía es posible que “lo imposible”, que es convocar elecciones inminentes, se analice y se active y pueda haber alguien nuevo ocupando la Presidencia ese día. O tal vez no. La resolución es cuestión de tiempo.