¿Qué político querría administrar Setar?

Por enésima se vez se pone sobre la mesa la intervención de Servicios Eléctricos de Tarija (Setar). Una vez más suenan los tambores de guerra, de ocupación, se repiten las mismas proclamas y cantaletas sobre el pésimo servicio y la nula capacidad de atender a la población.

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Se incide en sus precios y en su apariencia de botín político. Las pautas son similares, tal vez menos orquestada, a aquella que sumó miles de reclamos por la soberana negligencia de los facturadores y cuyas responsabilidades no han sido del todo depuradas. Del bolsillo individual a la indignación colectiva. ¿Justifica esto una intervención?

El servicio de Servicios Eléctricos de Tarija es el propio de una empresa precaria, muy maltratada durante décadas y cuya caja ha sido asaltada una y mil veces debilitando cualquier tipo de posibilidad de inversión o modernización.

Setar es la mayor empresa del departamento por volumen de facturación, lo que la convierte en un oscuro objeto del deseo para aquellos que la sobrevuelan desde fuera. Desde dentro es un mastodonte de pegas y problemas, con un flujo de caja demasiado alegre y una población cada vez más consciente de sus derechos y por lo tanto, más consciente del mal servicio que le toca padecer.

El servicio es globalmente malo. En Tarija, en Bolivia y en el mundo entero. Hablando de casa, la peor parte se la llevan los bermejeños, que a la precariedad de su sistema eléctrico aislado se le suma el impacto en la provisión de agua cada vez que se corta la luz. Y eso es muchas veces. Igual es malo en Entre Ríos, en la zona alta y en Cercado. Y también en el Chaco.

Ahora bien, objetivamente no es cierto que el servicio sea peor ahora que hace dos, tres o cinco años. Lo dice el número de incidentes registrados y lo saben los vecinos no politizados. El servicio es inestable y pocos son quienes confían en su potencialidad, pero eso ha pasado desde siempre.

Objetivamente, el servicio es caro. Caro para todos, no especialmente para Tarija. Al servicio de distribución malo y pesado se ha sumado ahora la conexión al sistema nacional con su consiguiente exclusividad de abastecimiento cuyos precios son fijados por el nivel central porque tienen la competencia de administrar el monopolio y aplicar los subsidios e incentivos que mejor le parezca para desarrollar el país. Básicamente la misma receta que han utilizado la mayoría de los países del mundo en apuntalar su desarrollo pues lo de la libre competencia en ese sector estratégico es relativamente reciente en el mundo y sus consecuencias están siendo funestas. Ahora bien, que el Movimiento Al Socialismo tenga por costumbre sobrecargar las estructuras de gasto corriente, castigar al ciudadano medio y premiar la ilegalidad es un problema independiente.

Lo cierto es que nadie con intenciones políticas en el mediano plazo querría administrar una empresa que hace enojar dos, diez o quince veces por mes a los ciudadanos/votantes. Setar es una empresa que da mala reputación a cambio de demasiado poco y que cualquiera preferiría tener en el equipo contrario a la hora de enfrentar las elecciones.

El MAS ha encontrado en Setar un asunto recurrente al que acudir cuando las cosas se le ponen de color hormiga. Por Tariquía, por el fracking, por el nuevo Prosol, por las computadoras de Bru, por el 45 por ciento o por los navajazos para conquistar la Directiva de la Asamblea, al MAS le conviene agitar un tema que supuestamente une.

Y tal vez sea el momento de una intervención, pues la autonomía de la empresa distribuidora con una sola opción para aprovisionarse y fiscalizada por el nivel central hasta el ridículo punto de sancionar con multas económicas a una empresa que apenas alcanza para comprar cables, no es muy esperanzadora.

Ahora bien, la intervención por parte de la AE y de ENDE, señores, es con plata. Setar es el hijo torcido que Tarija pudo alimentar y hacer crecer en los años en los que Tarija era la gran olvidada del país. Quien quiera venir a administrar ahora la empresa debe tener en cuenta que debe inyectar recursos económicos, como lo ha hecho en tantos otros lugares, y no hacer creer que se trata de un simple problema de gestión. La modernización urge y tal vez ese sea el camino.