Después de una campaña electoral larguísima y multitud de acontecimientos más o menos traumáticos, el 20 de octubre de 2019 ha llegado y todos los bolivianos tienen su cita obligatoria con las ánforas.

El Tribunal Supremo Electoral garantiza que todos los equipos y operativos están en su punto justo y que nada puede fallar en esta jornada histórica, se la mire por donde se la mire. En liza, una multitud de candidatos de nueve partidos que aspiran, como no, a ganar y gobernar o legislar sirviendo al pueblo.

Atrás quedan años de zozobra, de incertidumbre, de especulaciones. Meses de acusaciones y denuncias. Días de promesas, sonrisas y abrazos. Hoy son los ciudadanos los que tienen en sus manos la decisión más importante del siglo, por encima seguramente de la que supuso la aprobación de la Constitución Política del Estado en 2009 e incluso, la del referéndum de 2004 que marcó la política a seguir en materia de hidrocarburos en el país.

Desde El País apelamos justamente a lo contrario. A votar sin miedo. A votar con esperanzas. A votar sin complejos. A votar. Como sea

Bolivia ha dado un giro radical en las primeras dos décadas de este siglo XXI, más si se toma en cuenta los últimos años de la fallida receta neoliberal y todos los prejuicios que le costó al Estado. En un ambiente de menor conflictividad, el país ha recuperado la dignidad y la soberanía sobre sus recursos naturales, y con una administración propia, ha empezado a arrojar cifras macroeconómicas, todas muy ortodoxas, positivas. Bolivia ha sido el país que más ha crecido en Sudamérica en la última década, lo que no implica que nuestro PIB per cápita siga siendo uno de los más bajos del continente.

Si algo ha facilitado el crecimiento económico, ha sido la ejemplaridad democrática que lo ha acompañado. El voto ha acabado siendo definitorio de las peores crisis. El voto es el que ha dado fabulosas mayorías. El que optó por la Autonomía y la Plurinacionalidad. El que ordenó los tiempos. El que dijo basta.

Los bloques enfrentados en esta contienda electoral, amparada en los procedimientos legales que el poder administra, han basado su campaña en el miedo. Miedo a perder la estabilidad económica. Miedo a perder la democracia. Un dilema de por sí absurdo, puesto que no debería ser excluyente en ningún caso, pero que finalmente es lo que se ha impuesto en esta campaña sui géneris y lo que marcará la decisión de cada ciudadano al momento de introducir su voto en las ánforas.

Desde El País apelamos justamente a lo contrario. A votar sin miedo. A votar con esperanzas. A votar sin complejos. A votar. Como sea. Y también a informarse, a involucrarse en el proceso, a cuidar el voto y a no dejarse llevar por aquellos que solo buscan espacios de confrontación y violencia.

El sistema electoral en Bolivia es sólido en la medida que cualquier ciudadano puede ejercer el control desde que se abre el ánfora hasta que se sube al sistema y queda contabilizado. Es tiempo de movilizarse, de cuidar el voto y de darle todas las garantías, para que esta noche, gane por encima de todas las cosas, Bolivia.