¿Por quién doblan las campanas?

Ernest Hemingway nos recuerda la respuesta todo el tiempo. Es por nosotros.

Sin duda, este año es particularmente seco y estamos comprobando los efectos del cambio climático, y desgraciadamente hay incendios en muchas partes del mundo; es posible que se pueda declarar alerta mundial por lo que está ocurriendo en el Amazonas. En esa situación, ¿qué hicimos mientras el fuego llegaba a las 500.000 hectáreas? La pregunta expresada en todos los tonos del diálogo, necesita una respuesta que acarreará las responsabilidades para el día después.

Los habitantes de los 8 departamentos de Bolivia seguirán migrando a Santa Cruz. Algunos para vivir y trabajar en la ciudad y sus alrededores, otros a las provincias; algunos vendrán voluntariamente, otros por la crisis económica de sus territorios y otros por la invitación generosa del gobierno de dotarlos de tierras gratuitamente. La tendencia migratoria es irreversible, y la venimos compartiendo hace más de 6 años. Las elecciones del 20 de octubre y el incendio en la Chiquitania están dejando en evidencia que la lucha, una vez más, es por la tierra.

Y debemos enfrentarnos a nosotros mismos cuando bajan los ingresos nacionales por la disminución de la cuenta del gas y Bolivia necesita diversificar su economía. Los empresarios agroindustriales, las cooperativas y los productores agrícolas trabajan para producir. El gobierno del MAS, que anteriormente los persiguió, estigmatizó y descalificó por oligarcas y terratenientes, hoy hace, con críticas, lo que siempre debió haber hecho. ¿El MAS dejó el socialismo? ¿Los empresarios se vendieron al MAS y son traidores a Santa Cruz? Queda clara la consecuencia, sembrá vientos y cosecharás tempestades. Si aquí no volvemos a la racionalidad y el sentido común, el incendio, esta vez será de ideas.

El incendio está sirviendo para comprobar la aparición de liderazgos naturales, que sin cargo ni función pública, ofrecieron respuestas a la desidia y a la lenidad. La Chiquitania está chamuscando al viejo país y a quienes administran el “no se puede” frente a la necesidad. Sirve para comprobar que en Bolivia son más importante el procedimiento, la burocracia y la incapacidad, que la necesidad, la urgencia y la oportunidad frente a la evidencia. Para comprobar que el problema no resuelto es el de la tierra. Que la ley de Reforma Agraria, la intervención del INRA, la nueva Constitución y todas las normas que le son consecuentes, siguen sin resolver una molestia social, una expectativa, un comercio y un manejo irresponsable de un bien que ni siquiera ya está cubriendo la seguridad alimentaria. Sirve para comprobar que no funcionan articuladamente los planes de contingencia, de emergencia, protocolos de actuación, planes de Alerta Temprana, y dependemos de la intensidad con la que se presentan los eventos de la naturaleza.

Sin embargo, existe una disponibilidad humana extraordinaria construida en siglos… lo chiquitano, la cultura chiquitana, el país de los indios chiquitos; ¡todo ello será la base para reconstruir la capacidad productiva del territorio a partir de la cultura viva, el desarrollo económico local y la música! El turismo, la gastronomía, los conciertos, las cualidades artísticas de la gente, servirán para facilitar el renacimiento del verde.

Y basado en la mitología Chiquitana recogida por Germán Coimbra Sanz podremos repetir: “cuando los Abuelos vuelvan a conversar con sus pensamientos y la tierra deje de ser infierno para volverse nuevamente tierra, el verde será otra vez vida y la mentira será una misma cosa con el humo barrido por los vientos.”