Por la normalidad democrática

El problema siempre tuvo que ver con los votos, y es en los votos donde más temprano que tarde, el mismo Movimiento Al Socialismo, con su 47%, puede encontrar la mejor de sus reivindicaciones, y no incendiando las calles

Después de días de tensión elevada y un lunes crítico, es el momento de la pacificación, y para ello no hay otro camino que el que marca la Constitución Política del Estado, camino que hay que enfrentar con absoluta normalidad democrática y sin más chicanas ni trampas, pues ya ha quedado por demás claro lo que la sociedad opina al respecto.

Se viven, evidentemente, los últimos coletazos de la crisis, de una enorme intensidad, y la desconfianza está presente entre todos los sectores, por eso es importante que se empiecen a dar pasos firmes y seguros hacia la normalización que desemboque en lo que la Constitución indica dentro de los 90 días posteriores a la renuncia presidencial: convocar elecciones generales, que por otro lado es la única salida posible a la crisis general.

Los éxitos macroeconómicos repetidos infinidad de veces son efectivamente reales, Bolivia ha crecido como nunca, aunque sigamos a la cola continental porque veníamos de muy lejos

El Movimiento Al Socialismo (MAS) ha cometido seguramente muchos errores en esta última legislatura, tanto en sus dinámicas internas como en su gobierno, pero evidentemente ha sido el desconocimiento del voto popular del referéndum del 21 de febrero de 2016 el que le costó la debacle electoral del 20 de octubre de 2019 y el turbio manejo de los resultados electorales de esa misma noche lo que le ha acabado costando la interrupción del periodo constitucional.

De nada sirve ahora hacer política ficción e imaginar qué podía haber pasado si en lugar de convocar un referéndum para pedir “una oportunidad más” lo hacían para eliminar la limitación de mandatos para todos; o qué podía haber sido si en vez de consultar al ciudadano se hubiera optado nomás por la consulta al Tribunal Constitucional . Apenas es un ejercicio teórico consultarse qué podría haber pasado en esa segunda vuelta que el TREP indicaba claramente en la noche del 20 de octubre que se produciría y donde los votantes evangélicos del PDC hubieran sido claves.

Lo cierto es que las situaciones se han dado de esta manera y cada cual ha tomado sus decisiones, incluyendo Morales, que finalmente optó por renunciar al cargo y salir del país y no por otras formas violentas de resolución del conflicto que podía haber accionado como Presidente y que, de hecho, accionó hasta el último momento.

Es también tiempo de la reivindicación. El Gobierno de Evo Morales ha dejado cambios trascendentes en el país, un país que ha ganado en dignidad a los ojos del mundo. Los éxitos macroeconómicos repetidos infinidad de veces son efectivamente reales, Bolivia ha crecido como nunca, aunque sigamos a la cola continental porque veníamos de muy lejos. Es verdad que la nacionalización ha dejado recursos en el país que antes se iban al extranjero, y eso ha permitido sostener una inversión pública que ha mejorado radicalmente nuestras infraestructuras. Es menos verdad que se hayan desarrollado unas políticas sociales “revolucionarias y progresistas” de primer orden en el país, pero efectivamente, mejoraron lo presente.

En cualquier caso, el problema nunca tuvo que ver con los logros de la gestión, ni con el racismo, ni con los bonos, ni con la industrialización. El problema tuvo que ver con los votos, y es en los votos donde más temprano que tarde, el mismo Movimiento Al Socialismo, con su 47%, puede encontrar la mejor de sus reivindicaciones políticas, y no incendiando las calles.