Para Julio

La vida tiene rumbos inesperados que pueden sacarnos de lo habitual y llevarnos a situaciones extremas cuya solución se nos escurre entre los dedos. Conocí a Julio en la década de los años 90, cuando él asistía a la Escuela Municipal de Música Regional “Pastor Achá” y era un estudiante que participaba en las actuaciones de la Escuela tocando los instrumentos típicos, en especial el violín chapaco. Un día del año 2000 fue gravemente atropellado por alguien que no asumió su culpabilidad, dejando a Julio imposibilitado de trabajar y de llevar una vida “normal”. Luego de 18 años de total dependencia de su familia, Dios se lo llevó dejando el vacío que inevitablemente deja la partida de un ser querido, pero ahora el consuelo está en saber que la justicia y el amor de Dios son infinitos.