Oposición, el reto de diferenciarse

Completado el proceso de Primarias y más o menos cerca del aniversario del referéndum del 21 de febrero de 2016, la oposición ha entrado netamente en campaña con una dificultad añadida: Cómo diferenciarse de los demás con tanta concurrencia.
En total son ocho binomios con ganas de hacer política, y más allá de los silencios de PAN – Bol y del Frente Para la Victoria, el resto tiene expectativa de hacerse notar aún conscientes de que la carrera es larguísima y que el Gobierno tiene todavía mucho poder para marcar la pauta de la misma e ir apartando a los rivales que más despunten. Hasta ahora todos han mantenido un discurso homogéneo: 21F, respeto a la democracia, Constitución, etc., y además han aprovechado los fortunios del camino casi en la misma dirección; desde las desventuras del Defensor del Pueblo hasta la pantomima de las Primarias pasando por el desastre de Alpacoma han tenido idénticas respuestas por parte de todos los frentes, que por orden de militancia, y no de locuacidad, son los siguientes: Óscar Ortíz (Demócratas) con 292.490 militantes, Félix Patzi y su Tercer Sistema con 95.374 militantes; Pan Bol con 92.210 inscritos; Carlos Mesa (Comunidad Ciudadana) con 88.122 militantes, Virginio Lema (MNR) con 58.377 militantes, Víctor Hugo Cárdenas (UCS) con 31.088 militantes y Jaime Paz Zamora (PDC) con 28.717 militantes.

La campaña ha empezado, como aseguraba Carlos Mesa en su discurso previo justamente de las Primarias, pero ni siquiera se han establecido las condiciones mínimas para arrancar. Los estrategas sugieren, cuanto antes, resolver las siguientes “dudas” para que los potenciales votantes puedan seguir la evolución sin confundirse.

1.- Rayar la cancha
El Movimiento Al Socialismo cumple 14 años llevando la iniciativa desde el Gobierno, pues desde las calles pueden llegar a ser unos cuantos años más. Rara vez la ha perdido e incluso en situaciones adversas ha sabido sobreponerse.
El momento más crítico de su existencia tuvo lugar el 21 de febrero de 2016. En realidad el 22. El MAS había tomado todos los riesgos, definido el tema y la cancha, pero resultó vulnerable allí donde nunca lo había imaginado: en la figura del líder Evo Morales. El referéndum se perdió, pero no la calma.
La oposición se regodeó en su victoria, pero se mantuvo en sus disputas internas y su ausencia de propuesta; el MAS mientras tanto ligó el relato del “cártel de la mentira” y recuperó la iniciativa. Ni siquiera esperó a que hubiera calado; en 18 meses Morales conseguía estar habilitado vía Tribunal Constitucional pasando por encima de un referéndum popular. Y no pasaba nada.
De hecho sigue sin pasar; el MAS ha marcado la cancha donde se van a dirimir las próximas elecciones. Es una cancha que tiene que ver con dos datos: el de desprecio por la democracia que evidencia el 71% de los sudamericanos según el último Latinobarómetro y el 62% de clasemedieros que según los datos del Gobierno habitan ahora Bolivia.
Morales ofrece seguridad y estabilidad económica y hasta el momento nadie en la oposición ha rayado una cancha con los temas que quieren debatir, salvo el del respeto a la Democracia, un concepto que al treintaytantos por ciento de millenials votantes en Bolivia le da más o menos igual y al resto no le va a dar de comer, peor, le va a hastiar con tantos meses por delante.
2.- Guerrilla o colaboración
Los seis frentes más activos deben todavía definir si quieren ingresar a una batalla colaboracionista contra Evo Morales o por el contrario van a implementar un escenario de guerrillas internas en el que se saquen los trapitos al sol para finalmente optar a llegar segundo y convocar, entonces sí, a la unidad antiEvo.
La reunión propiciada por los comités cívicos y la Conade en Santa Cruz, a la que asistieron Ortíz, Mesa, Lema y Cárdenas supuso un hito finalmente insustancial. El documento de compromisos final es meramente un brindis al sol y cada cual utilizó su asistencia para nada más que reafirmar sus diferencias con el resto. Algunas encuestas hablan de un agotamiento popular de la confrontación, pero hay interpretaciones que lo vinculan al ataque reiterativo y poco creativo al MAS y viceversa. En ese escalón, la batalla entre candidatos, que de momento es muy de guante blanco, puede acabar por atraer la atención del nuevo perfil de votante, más interesado en la telerealidad y la pelea continua con base sorpresiva.
Ya hay indicios de batalla. Carlos Mesa es blanco de críticas por anteponer su nombre al proceso de conformación de unidad, y la cuenta de twitter del MNR tiene vida propia – más auténtico que el perfil académico de su candidato Virginio Lema – desde la que no duda en atacar ya a los candidatos opositores que pugnan por el poder. Víctor Hugo Cárdenas también apunta maneras.
3.- Ser funcional
Nada le gustaría más al MAS que ver a sus rivales destriparse unos a otros antes de entrar en acción. Y a nada le temen más los opositores en carrera que a verse cargando con el sambenito de la funcionalidad al MAS. Y motivos no faltan para adjudicarlo. De momento a casi todos les ha rozado: Mesa lo carga por aquello de que ayudó a digerir lo del MAS y a tomarse en serio lo de las Primarias con su primer paso; Óscar Ortíz por aquello de que es demasiado cruceño para ganar y todo parece apuntar a querer bancada propia para decidir; Patzi porque es Patzi; Lema y su MNR porque el rol declarado era salvar a Goni y a otros tantos y atacar a Mesa; Cárdenas porque dicen que solo quiere agitar una extrema derecha que igual no suma, pero divide y Jaime Paz más o menos por lo mismo pero por la izquierda, que además no existe.
La “funcionalidad” es una de las acusaciones clásicas en la política boliviana; acostumbrados los ciudadanos como están a ver a sus políticos cambiar de color ni bien tocan el poder, no es difícil imaginar conspiraciones previas.
Una cuestión es la estrategia y otra la táctica; toda la oposición va a buscar arañar votos sobre todo a sus rivales, pues las encuestas no le dan mayor recorrido ni potencialidad de crecimiento al MAS entre la clase media; en esas cada cual puede acabar por determinados actos que rocen el colaboracionismo.
Por otro lado, existen aspiraciones legítimas en el mediano plazo, como la de consolidar una bancada propia, que en el corto resultan evidentemente funcionales a las aspiraciones de Gobierno. Quienes apuestan a esa fórmula deberán explicarlo con vehemencia y claridad.
4.- Los outsiders
Outsider era Evo Morales en el 95, pero entonces la comunicación política estaba en pañales. El discurso antisistema y de regeneración es el que se instaló en la primera década en muchos gobiernos progresistas de América Latina de una forma más o menos genuina. Sin embargo es en este final de década en el que los gurús de la comunicación política venden haber encontrado una fórmula mágica para seducir a los votantes, incluso aquellos muy alejados de la política: los outsiders. Lo siguiente que dicen los gurús es que no hay fórmula mágica.
En los últimos años se han dado, sobre todo desde la derecha, varios casos de apariciones fulgurantes y rupturistas, con discursos renovados y esencialmente antisistemas, que han acabado por convencer al votante. Manuel López Obrador en México y Jair Bolsonaro en Brasil, tres décadas ejerciendo la política, han apelado a eso.
En Bolivia todos los candidatos quieren emular algo similar, aun sabiendo que todos son parte del sistema. Quienes más esfuerzos hacen en ese sentido son Virginio Lema, Jaime Paz y Víctor Hugo Cárdenas; algunos más con el manual del buenrollismo en la mano, otros con el tiempo pasado fue mejor, otros apelando al gran enojo. Lo cierto es que al final no es más importante el candidato que el contexto, y todos quieren ser el otro frente a Evo y frente a ese concepto conocido como “la oposición”.
La carrera electoral, en esta ocasión, es larguísima pero ya nadie toma decisiones sin pensar en ellas.

El MAS, el reto de reconocerse

Después de 13 años de Gobierno, el MAS se ha convertido en un partido eminentemente conservador y no solo en lo orgánico, sino también en lo ideológico. En lo orgánico, nadie quiere perder el poder y esa pasa por ser la principal motivación para apoyar en la campaña de los principales dirigentes en todos los departamentos, municipios y barrios. El resultado es un mensaje reiterativo cada vez más avejentado.

El principal hito del Gobierno del MAS sigue siendo la nacionalización de los hidrocarburos de ¡2006! Han pasado 13 años desde entonces y es el referente en los discursos de los logros. El problema es que a posteriori, la nacionalización se ha convertido en algo tan revolucionario como los “millones de dólares” de la renta petrolera y las empresas “de servicios” que ahora decimos contratar para hacer lo que al final ellas quieren.
El gabinete de 2006 era más plural que el actual, y no solo por lo que suponía en la presencia de hombres y mujeres, que actualmente es casi residual, sino por la cantidad de colectivos y movimientos sociales representados en el mismo. En la actualidad hay más juventud y también muchos más licenciados congraciados con el neoliberalismo, o sin perspectiva crítica al respecto.
El Vicepresidente Álvaro García Linera, que finalmente ha impuesto sus tesis en el desarrollo ideológico del Gobierno, manteniendo una semicolonia controlada ahora por otros agentes imperiales no estadounidenses implementando un sistema de capitalismo de Estado, lo definió en el discurso del día del Estado Plurinacional, el 62 por ciento de los bolivianos forma parte ahora de la clase media, y aunque no definió cuanto hay que ganar para ser clase media, ni siquiera para precisar si uno es clase media de arriba o de abajo, lo que quedó claro es que para mantenerse ahí, ganando, hay que seguir apostando por el MAS.
El MAS ha perdido pulsión revolucionaria y su mejor mensaje de campaña actualmente es la estabilidad económica y el miedo a perder lo que se ha avanzado con el retorno de “la derecha”. En esa vorágine de que no pase nada, de que no lleguen cambios, de que la economía va bien, etc., queda por ver si se reconocerán aquellos que le dieron las grandes mayorías entre 2009 y 2015.

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