¡No podemos fallarles otra vez!

Ingrid Rivero

¡Es un día especial! Como cada 12 de abril, despierta esa niña interna que contengo todo el año y brota, con rebeldía, a reclamar su espacio. La descarada inocencia de una niña curiosa se manifiesta, al menos en este día, para reclamar lo que siente que es justo. Obvio que hoy es un día para agasajar a los infantes y, por qué no sumarnos a los festejos mientras disfrutamos sus ingeniosas ocurrencias. No podemos robarles las sonrisas.

Pero, más allá de los agasajos, es necesario entender qué contexto social envuelve el desarrollo de los menores. Las cifras son alarmantes, incluso a sabiendas de que son maquilladas por la falta de bases de datos unificadas y actualizadas. Solo en 2014, se registraron 4.000 casos de agresiones contra niños. Más preocupante aún resulta saber que más del 50% de dichas agresiones se producen en entornos familiares.

Podemos referirnos también a la condición de calle en la que sobreviven 238 menores de edad; entre ellos, 77 niños con menos de 12 años, según un censo realizado recientemente y que resulta incompleto a ojos de las instituciones que trabajan con los menores en situaciones de riesgo. Las amenazas de la droga, el alcohol y la delincuencia conviven con el abandono familiar, el desprecio manifiesto y la criminalización con la que los estigmatizamos como sociedad. Niños, jóvenes sin esperanza.

Las aulas escolares no son ajenas a esta realidad de violencia diaria que padecen los niños. En torno al 80 % de los estudiantes en edad escolar declara ser víctima del bullying y acoso en alguna ocasión. El contexto no es para nada agradable.

Como adultos, nos corresponde generar las condiciones plenas para el desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes. Somos, por principio, cuidantes de su inocencia y preservadores de su futuro. Permítanme que, a la luz de los datos anteriores, cuestione nuestra función tutora. ¿Qué legado estamos construyendo para nuestros hijos?

A pesar de todo, creo firmemente que hoy es un día de celebración. También creo, con la misma firmeza, que hoy es un día de reivindicación, donde además de los agasajos, los niños esperan mucho más de nosotros. Aguardan con impaciencia que las autoridades cumplan su rol y se conviertan en garantes de los derechos y respaldo para sus esperanzas, sin burocracias ni letras pequeñas. Con su ilusión sin límites, sueñan prolongar los buenos deseos que tantos padres y madres expresan, deseos que debieran durar todo el año envueltos en cariño y atención, en el ejercicio de una paternidad responsable afianzada en los valores.

Los niños se lo merecen. Nosotros, los menos niños, debemos replantear nuestro accionar. Los agasajados esperan nuestros regalos. Los adultos, las autoridades estamos llamados para generar las condiciones de vida óptimas para nuestros niños. Atención, cariño, respeto, derechos, oportunidades. En nuestras manos está ¡No podemos fallarles! …otra vez.