Mesa, la unidad y lo difícil de llegar sano a octubre

Las semanas pasan deprisa y los pasos se dan despacio, pero se dan. Despejadas algunas incógnitas técnicas sobre las Elecciones Primarias y advertido el fraude masivo en marcha que algunos partidos impulsaban para captar militantes, los escenarios políticos han quedado definidos para la oposición boliviana y, una vez descartada la unidad total, quedan dos escenarios posibles: Cada partido hace su primaria y se lanza a la carrera rumbo a octubre de 2019 o se conforma una pléyade de alianzas, todas ellas reclamando la hegemonía de la unidad.

El primer escenario, y el más probable, recuerda al legendario pasaje de La batalla de los bastardos de la mítica serie pre Netflix Juego de Tronos. Todos los candidatos correrán desesperados hacia su Jon Snow – elecciones de octubre mientras el Gobierno dispara sus lanzas. Entre aquellos que no queden ensartados cual Rickon hasta junio deberán ponerse de acuerdo para embanderar el candidato de la unidad. Obviamente, tiene sus riesgos, pues se ponen en juego las siglas y, obviamente también, en la génesis hay un reconocimiento del pecado y a más, está claro que el Gobierno jugará todas sus fichas, pero los candidatos también temen el fuego cruzado y el daño que se puedan hacer entre ellos.

El segundo escenario reconoce implícitamente que no hay una unidad única posible y que entre la oposición conservadora – a la progresista ni se la siente – existen diferencias irreconciliables, en ese contexto, se generarían al menos dos o tres plataformas adecuándose no tanto a conceptos ideológicos, sino meramente prácticos.

El esperado
Alguien tenía que dar el primer paso en la oposición y ese ha sido, contra todo pronóstico, el expresidente Carlos Mesa, ahora bien, su puesta de largo como candidato no ha acabado de convencer y ha puesto en evidencia otras dos cosas: que tiene viejos asesores y que la oposición boliviana no madurará nunca.

La salida en falso quedó plasmada en una foto, esa en la que cuatro adultos mayores sonríen – dos más, dos menos – emocionados ante un papel que básicamente contiene la adhesión de Carlos Mesa al FRI, un vehículo de sello tan tarijeño como Motete Zamora para su aspiración nacional de volver a ser presidente. La imagen es por demás difícil de digerir para el 40 por ciento del padrón menor de 30 años y que al final serán quienes decidan si sostienen a Morales otro periodo más o se van con otra opción que emane nueva energía… El otro sesenta por ciento, además, se dio cuenta del color rosado de la camisa del expresidente Mesa, una señal tal vez calculada pero con escaso tino. Después vino el mensaje con Vivaldi y el exceso de Evo Morales en el discurso; todos saben que la clave es polarizar, pero si se repite tanto, aburre. Cuando llegó la artillería pesada de los supuestos aliados convertidos a críticos por la madrugada, Mesa se quedó solo con sus dotes de navegador mientras sus asesores… piensan.

La oposición boliviana no va a madurar. Unos dicen que el camino a seguir es el venezolano, otros que el argentino, pero lo cierto es que en tantos años de oposición han logrado crear su propia imagen de opositor derrotado e infantil, incapaz de generar una alternativa.

Tal vez por estrategia, por convicción o por asesoramiento de los suyos, Mesa decidió buscarse vehículo propio para concurrir a las elecciones y no depender de nadie ni tener que hacer grandes concesiones, pues si algo sacó en claro de su “Presidencia sitiada”, como dejó escrita, es que se necesitaba bancada de confianza para gobernar. El FRI resulta ideal para sus intereses, pero evidentemente ha hecho montar en cólera a sus aspirantes a aliados.

La primera crítica surgió de las filas de Samuel Doria Medina, que básicamente lo acusó de romper la unidad y de anticiparse a un diálogo sincero entre líderes, presentándose como candidato sin consultar siquiera a los militantes y aliados.

La segunda crítica llegó con firma de Jaime Paz Zamora en forma de comentario crítico en redes sociales, donde luego de ironizar con la incapacidad de tomar decisiones, mostrada en su presidencia 2003 – 2005, lo acusó de funcional al haber contribuido a tapar la derrota del mar, de la que fue parte como vocero, para erigirse como candidato. “A menos de una semana del fallo sobre nuestra Demanda Marítima tenemos los bolivianos (as) un dolor profundo en el corazón, una brutal derrota en las manos y dos candidatos… eso es todo lo que nos dejó La Haya”.

Sobre la funcionalidad al MAS también argumentó el MNR en todas sus formas y particularmente algunos miembros destacados de la vieja guardia, que recordaron como Mesa facilitó el triunfo del MAS en 2005 e incluso aseguraron que Gonzalo Sánchez de Lozada, con quien marca distancias, pagó sus deudas en su canal de televisión para convencerlo de ser su vicepresidente. Sin duda, fuego con bala al que los asesores ya no supieron que responder.

Para cuando llegó Rubén Costas y tirando de cinismo tildó a Mesa de “viejo político”, que obviamente es, y puso de moda el trending topic del “mesianismo”, haciendo trapo la estrategia de “el único que puede” que tan buenos resultados le venía dando desde que empezó a dejarse medir en las encuestas de los medios amigos, el propio Mesa andaba con la lengua fuera. Afortunadamente para él, llegó el 10 de octubre y todos hablaron de Democracia y 21F, repartiendo protagonismos y liberándole, por tanto, de la exposición mediática a la que libremente le han llevado.

Encaminando
La estrategia de Carlos Mesa tiene aciertos más allá de que Costas y los suyos hayan reventado lo del Mesías Salvador del Movimientos Al Socialismo que con pertinente goteo había llegado a calar en la mayoría de las familias que no comulgan con el presidente. También tiene errores clamorosos, como lo mencionado de su propia presentación.

Sin movimientos sociales, Mesa apuesta a un concepto neutro como el de “ciudadanos”, evidentemente marginados por el Gobierno y que polariza a la perfección con el campesinos e indígenas de Morales. Los “ciudadanos”, que son las clases medias al fin, son los que le han acabado dando magníficas victorias a Morales complementando a su núcleo duro, pero falta por comprobar que solo con ellos se logren esas mismas mayorías. Los ciudadanos son muchos, pero no todos.

Carlos Mesa todavía no habla demasiado de programa y se espera el mismo se vaya esbozando conforme vaya ganando aliados para el camino. Mesa tiene debilidades, ni su posición en hidrocarburos ni en autonomía son muy sustentables doce años después, pero sobre todo, no significa la renovación que se supone se venía pidiendo desde los diferentes sectores sino más bien un retorno al pasado. Sin duda va a tener dificultades, peor ahora que el “mesías” ha sido amortizado a las primeras de cambio.

El MAS se entrampa en su trampa

El presidente Evo Morales no levanta cabeza, y ni todo el Movimiento Al Socialismo (MAS) desfilando el día de la Democracia ha logrado insuflar aires nuevos en una agenda que tenía un pilar: la victoria en La Haya, y que sin embargo se ha esfumado.

Morales y el MAS contaban con sumergir bajo la ola del mar toda la estructura anquilosada de un partido y un Gobierno sin capacidad de renovación, donde ya hasta la agenda 2025, para la que faltan siete años, parece cosa del pasado.

Al desgaste de los casi 13 años de gobierno se suma la derrota en el referéndum del 21 de Febrero, la derrota en La Haya, y un panorama internacional nada favorable, encarnado en el efecto Bolsonaro en Brasil y en el gabinete Macri en Argentina, que día sí y día también utiliza a Bolivia para justificarse de algún modo su incapacidad y ya ha empezado a amenazar con cortar el contrato del gas.

Sin ir muy lejos, Morales ha intentado animar y animarse esta semana con el decreto del doble aguinaldo, y le han salido críticas y datos críticos hasta de sus aliados. Las ofertas de Salud Universal, etc., están también amortizadas y los chascarrillos del Vicepresidente no durarán para siempre. El MAS está a punto de perder el manejo de la agenda.

El peor problema para el MAS es que con su mayoría aplastante han acelerado un calendario electoral que ahora se ha convertido en una trampa. Las primarias de enero, en las que Evo competirá contra nadie, tampoco acabará por ilusionar a nadie extra y más al contrario, convertirá el acto en una suerte de rito sectario solo para militantes; después seguirá otros nueve meses de 21F, derrotas, desastres económicos y presiones hidrocarburíferas.

La instrucción ahora es resistir, aunque algunos lo malinterpretan, como aquellos que han elaborado dos relatos distintos para explicar la derrota en La Haya, generando aún mayor caos. El MAS aspira a revalidar la presidencia y una mayoría significativa en la Asamblea Plurinacional, si bien es consciente de que los dos tercios serán difíciles. Morales no escucha a quienes le recomiendan cambiar de compañero de fórmula, pero en cierto foros, incluida La Razón, se vuelve a hablar del enroque e incluso la declinación en función de cómo se administre el conflicto en la oposición.
El tiempo corre, pero para el MAS muy despacio.