El criterio del ala dura se ha impuesto, desde el jueves rige un estado de emergencia sanitaria en el país, que es un paso más allá de la cuarentena total decretada el sábado 21 de marzo y uno menos de lo que sería un estado de excepción. Con la medida, se pretende reducir a la mínima expresión el contacto social, verdadero vehículo de transmisión del virus Covid – 19 entre las sociedades, pero evidentemente, se asume un riesgo social alto.

El Gobierno ha cambiado de opinión tres veces en apenas diez días y siempre sobre la misma argumentación: la gente no está cumpliendo la medida. En ese hilo se enmarcan tanto las declaraciones amenazantes del ministro de Gobierno Arturo Murillo como las propias alocuciones de la presidenta Jeanine Áñez, que incluso ha lanzado sus reprimendas y amenazas cada día para al siguiente, elevar las medidas, como si de la interpretación de una madre de familia se tratara.

En ese afán de culpar a quienes incumplen del padecimiento de los demás, hay quien ve afanes políticos. Para otros es simplemente el único camino posible en un país en el que la falta de Estado y autoridad es recurrente.

No es tiempo de insultarnos entre bolivianos de aquí o de allá, sino de cuidarnos entre todos para vencer al coronavirus

Los datos todavía son manejables, pues todavía no se han experimentado las duplicaciones diarias que vienen registrándose en todos los países del entorno desde la tercera semana. Recién en Bolivia ingresamos en ese periodo, ya que los primeros casos se detectaron el 10 de marzo. En cualquier caso, el camino que tome la pandemia en nuestro territorio es una incógnita, puesto que a la fecha se sigue sin contar con los test suficientes como para tomar una actitud proactiva en el control del contagio.

Sin vacuna y sin tratamiento, la lucha contra el virus se concentra en el aislamiento social, pero ninguno funciona lo suficiente si no se acompaña de la detección precoz, que permita inmovilizar pacientes contagiosos más allá de la propia conciencia de cada uno. De momento, el aislamiento en espera de que surja algún síntoma es la única medida, y en esas, se han dado situaciones lamentables como la sucedida en el Estadio IV Centenario de Tarija y en Yacuiba con la delegación de retornados de Chile.

Sin test rápidos y con poca eficiencia en los test largos – se estiman unos sesenta al día -, a diario se están reportando casos de pacientes que sí eran sospechosos, que sí tenían síntomas, y que no cumplieron la cuarentena por ir a un matrimonio, a una misa o deambular en busca precisamente de atención médica.

La OMS señala que la «columna vertebral para la contención del coronavirus son: la amplia disponibilidad de pruebas de diagnóstico de laboratorio de la enfermedad; que los casos confirmados con el mal se sometan a un «aislamiento estricto» y que las personas que tuvieron contacto con el enfermo ingresen a una cuarentena”.  En ese orden.

Es raro que en Sudamérica se hable más del número de encarcelados por saltarse la cuarentena que del número de pruebas realizadas y las pendientes. Es necesario que los esfuerzos se realicen en paralelo, que se encuentren soluciones, que se presione donde corresponda. No es tiempo de insultarnos entre bolivianos, sino de cuidarnos entre todos.