Todos los tarijeños siempre han amado sus tradiciones. A pesar que el paso de los años ha ido borrando algunas de ellas varios escritores de nuestra tierra se han encargado de recuperarlas y documentarlas. De tal manera que en cada evento y época podemos recordar cómo era la Tarija de antaño.

La Semana Santa no es una excepción, se cuenta que hasta el año 1970 este acontecimiento como la Pascua Florida tenían bien definidos los escenarios que por entonces eran señalados por la Iglesia Católica. Sin embargo, la celebración no era muy abierta al pueblo en general.

Según cuentan entre los años 30 y los 70 la fiesta de la llamada Semana Santa y Pascua Florida eran coyunturales, pero se diferenciaban porque los rituales del Vía Crucis y los altares que se ornamentaban en las pocas iglesias de Tarija estaban en su mayoría construidos por las cofradías que cada parroquia tenía como membresía, la festividad duraba toda la semana, de ahí también su nombre de Semana Santa.

Esa Tarija de antaño tenía como iglesia mayor a la actual Catedral y le seguían en importancia la iglesia de San Francisco y la de San Roque, por entonces existían además la capilla de Santa Rosa, de las monjitas de Santa Ana frente a la Catedral; la de la Loma de San Juan, que raras veces se abría, la del  hospital San Juan de Dios y como capillas privadas la del obispado, en la calle Gral. Trigo y la de la familia Navajas en lo que era La Casa Dorada, ahora Casa de La Cultura.

El Jueves Santo por la tarde toda Tarija, que en ese entonces tenía solamente cuatro barrios: La Pampa, Las Panosas, San Roque y El Molino,  acudía a los rituales al ser llamados por don Antonio Madalleno, quien con la ayuda de promesantes devotos del “Santo Sepulcro” salían a las calles con las matracas a dar el anuncio de que la procesión saldría de la Catedral, pues las campanas no podían repicarse para llamar a la feligresía en señal de respeto por la pasión de Cristo; la procesión encabezada por el Obispo de Tarija, franciscano Fray Juan Nicolai.

Cuando llegaron los padres Carmelitas de Malta la procesión de Semana Santa tuvo dos escenarios y feligresías que salían de una sola sociedad establecida que eran todos los tarijeños.

En los actos litúrgicos de la tarde la solemnidad era bien marcada porque el traslado de las imágenes que representaban el Vía Crucis del Salvador de la Humanidad era realizado por distinguidos ciudadanos de la “sociedad” y el pueblo tenía muy escasas oportunidades de hacerlo.

El recorrido se iniciaba saliendo de la Catedral por la calle La Madrid hasta la esquina de la calle Gral. Trigo y la plaza Luis de Fuentes, dando casi una vuelta por ésta tomando la calle Sucre, subía hasta la calle Bolívar, bajando por la Gral. Trigo hasta la esquina de La Madrid y retornaba a la Catedral.

Esa diferencia notoria se daba inclusive en el grupo de los “monaguillos o sacristanes” que eran elegidos por el propio obispo, de manera que a los niños de barriadas o de la periferia antigua, solamente les quedaban los deseos.

Al menos esa desigualdad social la detectó muy bien el entonces padre “Bartolo” que poco a poco sacó la “procesión de los obreros” el mismo día, pero a partir de las ocho de la noche salía desde San Roque y bajaba por la calle Gral. Trigo hasta la plaza, daba la vuelta y retornando por la calle Sucre hasta la misma iglesia.

La procesión concluía con la feria de las empanadas fritas de cebolla, la aloja de cebada y maní, esa tradición de manera alguna era diferente o discriminatoria porque para entonces la liturgia de cantos, rezos y alabanzas se hacían en latín, por uno o hasta tres sacerdotes, por lo que para ser sacristán y ayudar en las misas, los monaguillos tenían que aprender el idioma, quienes eran evaluados por frailes y curas que administraban San Francisco y San Roque; los sacristanes de la Catedral eran examinados por el Monseñor.

La Pascua Florida tarijeña

La Pascua Florida de Tarija tenía dos escenarios, el de la ciudad y el de San Lorenzo, más aún no era elitista, pues había nacido del pueblo. En el caso de la ciudad cuentan que en esos tiempos el camino era amplio, ripiado y distante, pero con mucha “calamina” (ondulaciones), por ello los tarijeños la recorrían  en caravanas numerosas, antes que una romería, el tiempo de viaje por lo general duraba sus buenas horas porque las caravanas para realizar el periplo se reunían primero en la capilla de La Loma de San Juan o bien en alguna esquina de la plaza principal o de la plazuela Sucre.

Pascua Sanlorenceña

La Pascua Sanlorenceña comenzaba en las primeras horas de la tarde del día viernes y durante toda la noche, para esperar el sábado. Poco a poco llegaban  los feligreses de todas las poblaciones circunvecinas, que en aquellos años era la plaza actual, luego el riachuelo a poca distancia, hacia el Este de la casa de Méndez y la que tenía un puente rumbo al Este por la que se llegaba a la llamada “Tarija Cancha”.

Habían carpas improvisadas y barandas para sujetar las riendas de los caballos ensillados y después de la misa de resurrección comenzaba lo que se llamaba “el zapateo de la Pascua”, donde el violín era el instrumento que remplazaba a la camacheña y la caja en las manifestaciones folklóricas que son tradicionales, donde el juego de la taba y la rayuela era un espectáculo porque habían expertos en el juego que lanzaban el hueso vacuno con el famoso “tiro y volteo” no solamente para la cara de la suerte sino que era común el llamado “pinino de la taba’”.

Junto al juego comenzaba el libado de la chicha, los  singanis y vinos dando paso las copleadas y los contrapuntos de pascua y resurrección.

El elixir de dominio en todas las inmediaciones de la iglesia como de las tolderías era el “agua y anchi” una chicha elaborada de maíz con pasas de uva y nuez, hecha con el llamado “mu´ku” y la culinaria abundante con gallinas criollas y maicenas diversas, donde el arroz con leche y natas era el manjar de los niños.

Las tablillas, ancucos, pepitas de leche, rosquetes y empanadas blanqueadas de lacayote eran el gusto de todos y caracterizaban a sus elaboradoras, que diferenciaban a una y otra experta porque a unos les gustaba más los rosquetes de doña Petrona, a otros los ancucos de doña Rosa, a otros el arroz con leche de doña Sara, o los picantes y chicha como el “agua y anchi” de la “miss San Lorenzo”.

La Pascua tomayapeña

En el pueblo de Tomayapo, la fiesta de la Pascua era  de mayores relieves porque además era aparejada con la aparición del llamado durazno “cuaresmero” o “cuaresmillo” en toda la región que alcanzaba hasta Paichu, ese fruto era la última cosecha perteneciente a la época del verano porque la fiesta movible de Semana Santa y la Pascua oscilaba entre la primera quincena de marzo y la segunda de abril.

Para pasarse la fiesta de la Pascua en Tomayapo o Paichu, el viaje era largo y a lomo de bestia, en caballos ensillados que salían desde San Lorenzo en caravana, el viaje duraba por lo general toda una madrugada y todo el día siguiente para llegar a la noche por lo que se salía por lo general en la madrugada del miércoles y se llegaba el Jueves Santo, para descansar el viernes y esperar la madrugada del sábado de Gloria y luego el domingo de Pascua.

Desde Tarija iban las familias de los Ugarte, Durán, Sánchez, Fernández –de Pompeya- Díaz que eran originarias y las más antiguas de Paichu; los Madariaga, Ortega, Madalleno, Retamozo, Vaca, Gutiérrez, Vilte, Bejarano, Leytón y otras igualmente originarias de la población.

Los arcos de Pascua y la pérdida de tradiciones

Los arcos de Pascua fueron siempre verdaderos artes florales que con el paso del tiempo, ahora como no hay cultivos de la flor como otrora, son hechos en la actualidad inclusive con flores de fantasía con papel,  contrarrestando con los que fueron hechos con flores naturales. La fragancia era bien definida en el ambiente de las calles y lugares por donde la procesión recorría  y su aroma duraba hasta pasada la misma Pascua.

Lo que va perdiéndose en estas fiestas  donde las muchachas danzan y festejan la resurrección de Cristo es de que en toda la tertulia las solteras tienen en la oreja izquierda la rosa de Pascua, las casadas a la derecha y las solteras que deseaban ser pretendidas en la vestimenta tenían la manta floreada con rosas de Pascua, las casadas con rosas de salón y color rojo sobre colores diversos, porque el blanco era significado además de pureza y dignidad familiar.


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