Los desesperantes silencios de YPFB y el Ministerio

Semana a semana se van acumulando dudas, se van generando confusiones, se van produciendo informaciones o desinformaciones, y la falta de una respuesta oficial y contundente permite que se empañe el quizá último baluarte del proceso de cambio: la nacionalización de los hidrocarburos.

Se tiene información de que, en la localidad de Entre Ríos, en el Chapare, se está construyendo desde 2016 un centro termoeléctrico de ciclo combinado, que subirá la potencia actual de 120MW a 480MW, con una inversión realizada hasta la fecha de 140 millones de dólares, y se maneja la entrega para 2019.

Si bien no se conoce oficialmente el mercado que este proyecto abastecerá, se sospecha que la energía producida será para exportación, considerando que se enmarca en el lema Bolivia centro energético de Sudamérica, promocionado por el gobierno. Además, será la termoeléctrica más grande del país, pues representará el 40% del total de generación termoeléctrica instalada en Bolivia.

El problema de esta noticia es el gas, o la posible falta de gas. Hasta donde se sabe –que no es mucho-, las reservas de gas en la zona del Chapare cochabambino están en franco declive y posiblemente no duren mucho tiempo más. Por lo que se maneja la opción de llevar gas desde Santa Cruz para abastecer esta termoeléctrica, y posiblemente también la problemática planta de urea-amoniaco de Bulo Bulo más adelante.
Pero aun así, queda el fantasma de las reservas de gas a nivel nacional. Insistimos en el tema no solamente porque la certificación de reservas lleva años de retraso -lo que infringe la ley-, sino porque incluso ya habiéndose contratado a la empresa canadiense Sproule, dicha certificación debió haberse entregado a YPFB en mayo pasado, máximo junio.
¿A qué se debe la falta de información oficial al respecto? Obviamente, los políticos opositores aprovechan el silencio para especular.
Y desde el otro lado de la frontera sureña, autoridades argentinas reclaman incumplimientos de YPFB en los envíos de gas a ese país, lo que coincide con reportes de la misma empresa que reconocen que sólo se está produciendo una cantidad de GLP que implicaría que la separadora de Gran Chaco funciona apenas al 20% de su capacidad. ¿Por qué? ¿Qué está pasando? Más silencio.
Gracias a eso, se alimentan más especulaciones: no hay gas para exportar, no hay gas para industrializar, no hay mercados, no hay plan, etc. Y ante el silencio oficial, las únicas voces que se escuchan son las que afirman que la perforación exploratoria más avanzada es la de Repsol, en el pozo Boyuy, que debe alcanzar más de 6.000 metros de profundidad y cuyos resultados, se espera, estarán a finales de 2018. Si los resultados son positivos, se necesitarían al menos dos pozos adicionales para establecer las reservas del campo, algo que ocurriría recién en 2023.
Y bueno, tal vez la cosa no está tan mal. Pero ¿a quién se supone que hay que creer? Quien presente datos, aunque sean incompletos y sesgados, se ganará a la opinión pública, al menos temporalmente. Por ahora, YPFB y el Ministerio no lo están logrando.


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