Los desastres “ante nuestros ojos”

Los desastres naturales son eso, “un evento catastrófico causado por la naturaleza o los procesos naturales de la tierra (…) Los eventos que se producen en zonas despobladas no se consideran desastres. Así, una inundación en una isla desierta no contaría como un desastre, pero a una inundación en una zona poblada se le llama desastre natural”, explica la página web del Centro Nacional de Apoyo para Contingencias Epidemiológicas y Desastres (Cenaced) de México.

Si bien son impredecibles y “No podemos prevenir las amenazas de origen natural, al menos podemos estar preparados y estos eventos pueden convertirse en desastres ante nuestros ojos”, señala un mensaje de Unicef.

¿Bolivia está preparada para todo esto? En febrero de 2018, el presidente Evo Morales señaló en su cuenta de Twitter, que Bolivia se encuentra “preparada” para enfrentar las inundaciones que afectan al país.

Pero a un año de esto, este mensaje se queda corto. A la fecha las lluvias, inundaciones, deslizamientos, granizadas y riadas en distintos puntos del país dejaron un saldo total de 18 fallecidos, 12 personas desaparecidas, y resultaron afectados 51 municipios y 7.698 familias. Nada puedo frenar la naturaleza y lo peor nada pudo reducir el impacto de su látigo.

Este desastroso panorama nos demuestra que aún queda mucho por hacer por ejemplo en el plano de infraestructura será bueno concentrarnos en las rutas para evitar deslizamientos, mejorar la planificación urbana para frenar los asentamientos en las orillas de los ríos y zonas vulnerables.

También es fundamental perfeccionar los sistemas de drenaje y evitar la ejecución de proyectos de infraestructura que no cuenten con medidas preventivas y de seguridad.
Pero además existe otro plano fundamental, que es la coordinación inmediata, en la que se fortalezca un sistema efectivo de alerta temprana, se mejoren las tareas conjuntas entre el Gobierno y los gobiernos locales, olvidándose de la burocracia.

Un tercer plano debe estar concentrado en la equipación y capacitación de los equipos de rescate. Y finalmente, un cuarto plano debe integrar todo esto en un plan nacional que ordene este tipo de ideas y que haga de su ejecución una respuesta inmediata ante los desastres.

Hoy la desesperación del pueblo boliviano y sobre todo de quienes fueron víctimas de estas catástrofes es grande, no se sienten para nada protegidos y hasta hoy mismo las familias de los fallecidos en la ruta a Caranavi se encuentran buscando ellos mismos el cuerpo de sus familiares.

Aún queda mucho por hacer, para convertir a estas calamidades en desastres “ante nuestros ojos”.