Lorena entre la tierra, el sol y las plantas

Los días en primavera de Lorena Morales Arrieta empiezan con el alba. Ella se despierta con los primeros rayos del sol para tomar un tiempo de “recarga energética” y practicar yoga, un complemento de bienestar para establecer una armonía por dentro. Observa el cielo, los árboles, el crecimiento de las plantas, siente la tierra correr entre sus dedos, respira la humedad del ambiente y allí, en medio de su mundo se encuentra su abuelo.

Sus abuelos viven en Tablada Grande, una comunidad que está ubicada a cinco kilómetros de Tarija y a la que se llega a través de la vía a San Jacinto. Las horas de riego que tienen los comunarios se establecen desde temprano, dos veces por mes. A partir de las 6.00 ellos pueden aprovechar para regar sus cultivos, además que esto evita recalentar las raíces que es lo que sucede si se riega a medio día en el calor. El abuelo de Lorena cultiva papa, maíz y hortalizas desde que era un niño, y los padres de él hacían lo mismo. Lorena lo observa trabajar y trata de grabar en sus pupilas toda la sabiduría que un viejo del campo puede tener.


Él se prepara para fin de año. No permitirá que su familia no tenga papa, un choclo y cebollas retostadas en su plato. No importará si para ello tenga que trabajar durante ocho horas seguidas en el campo, ablandando la tierra, regando tan profundo para que las raíces chupen el agua, sacando los yuyos, curando las hojas y esperando pacientemente el crecimiento de sus plantas que luego le brindarán alimento y medicina para vivir.

Lorena decidió estudiar ingeniería ambiental, igual que su padre. Cuenta que una vez culminado el ciclo académico se encontraba más desorientada que al principio, porque a pesar de que la universidad llena de conocimientos técnicos a los profesionales a veces no va de la mano con las nuevas propuestas. Ella logró acceder a una beca en Costa Rica que le enseñó sobre agricultura orgánica y en medio de sus viajes experimentó un impulso por conectarse a la tierra, esto le llevó a escoger lugares en el campo para vivir, hasta que por fin sus raíces la acercaron nuevamente a su casa.

Regando las ideas

Una vez cerca de su tierra, Lorena se llenó de energía para volcarla en el proyecto que ahora dirige. Al principio, ella plantó un cultivo medicinal y descubrió que una de las virtudes de este tipo de plantas es el poco trabajo que necesitan respecto a sus cuidados. Posteriormente incursionó en el cultivo de hojas verdes, tomates y otras hortalizas que integradas e intercaladas con plantas medicinales se protegen de plagas y enfermedades.

Con las hierbas curativas preparó pomadas, ungüentos y aceites medicinales que son una alternativa a la medicina farmacéutica, con la cual difiere por completo. En una ocasión preparó un aceite de romero para su abuela que tenía un problema de artritis en las manos y al ver que sus efectos mejoraban su condición, convirtió el aceite en pomada para una mejor manipulación. Así nació Prana, su marca de fitocosmética de medicina tradicional.

En el centro Yoga Amor dirigido por Rukmini OM ubicado en la avenida Potosí, además de formar parte del equipo, Lorena da clases de Huertos Urbanos todos los miércoles en las mañanas y comprende que la transmisión del conocimiento de cómo acompañar el desarrollo de las plantas en su ciclo forma parte integral de su propio aprendizaje.

“Yo siento que mi misión está allí. Trabajar con la educación ambiental desde los niños y jóvenes. Parte por hacer un huerto para después dar clases de Huerto Terapia u Horticultura para niños fusionado al Yoga, porque como dije antes ambas actividades se complementan. Cuando uno busca estar bien por dentro con el yoga se refleja automáticamente y estás bien por fuera y buscas la tierra”, describió.

Huertos urbanos

La idea de cultivar un huerto urbano se ha ido extendiendo a lo largo de los años, tanto en los países desarrollados gracias a movimientos ecologistas, como en países en vías de desarrollo por necesidad. El cultivar nuestra propia verdura sabiendo qué y cómo consumimos, es algo que hoy día es valorado sobremanera.

Se trata de una alternativa sostenible para la producción de verduras frescas y un pasatiempo educativo para los más pequeños además de formar parte de una solución durante momentos difíciles en que los alimentos escasean. De hecho, la Conferencia de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre Comercio y Desarrollo, dejó establecido que el camino para avanzar hacia la erradicación del hambre en el mundo es pasar de una agricultura industrial a un modelo basado en el desarrollo rural y en el protagonismo de la agricultura ecológica y local.

Un huerto urbano es equiparable a un huerto en el jardín, se trata de espacios cubiertos o no para el cultivo de hortalizas y frutas a escala doméstica. La calidad de los productos puede ser igual que en cualquier otro tipo de cultivo e incluso mejor por el tipo de abono orgánico que se emplea y medicinas naturales que acompañan el desarrollo de las plantas impidiendo que los agrotóxicos contaminen los nutrientes de los alimentos.

La Pastorita

Los compañeros fieles del campo son los animales. Las cabritas duermen juntas en un espacio techado, al lado se encuentra un caballo tostado. Los chanchos, las vacas, las gallinas, todos conviven en un hogar, pero a Lorena le cuesta seguir con la tradición de criarlos y matarlos. “Es complicado porque ellos están acostumbrados a comer carne. Es tu cumple y te regalan un chancho para carnearlo”, dice.

Pastora es una oveja que tiene un destino diferente a las demás ovejas de la Tablada. Ella fue encontrada al lado del camino y fue llevada al seno de esta familia para robarse el cariño de todos sus integrantes, incluso el de los abuelos.

Su lana blanca, sus ojos traviesos y sus brincos son un espectáculo. En una ocasión, el abuelo de Lorena tuvo que viajar a Argentina y ella se quedó a cargo. Pastora es muy sensible al entorno y ante cualquier señal de peligro, lo primero que hace es orinarse, sin importar si lo hace cerca o encima de sus amigos humanos. “La oveja se cree perro. Es muy inteligente, nos escucha atentamente, entiende y hace caso. Ella nos enseña el amor incondicional”, cuenta.

¿Con qué plantas empezar?

Un huerto de plantas medicinales puede ser una gran idea para empezar. Estas hierbas, se consiguen fácilmente en lugares que ofrecen plantines como las ferias, el mercado campesino y otros sitios de fácil acceso. Una ruda, un romero, plantas de menta, tomillo, lavanda y muchas otras crecen fácilmente en un espacio que tenga iluminación natural al menos 6 horas del día.

Se las puede plantar en macetas del tamaño necesario para cuidarla. Puede ser en un balcón, en un patio, en la ventana y dependerá de la creatividad de cada persona. Parte de un huerto urbano es reutilizar y reciclar todo lo que tenga a mano, puede ser plástico, vidrios, neumáticos, u otros.

El primer paso es iniciar con la separación de residuos sólidos para posteriormente reutilizar los desechos orgánicos en un compostaje y obtener abono orgánico que va servir de alimento constante para el cultivo. La clave de la agricultura ecológica es el suelo, si se tiene una planta bien abonada, es menos propensa a contraer plagas y enfermedades.

Se puede iniciar con un cultivo de hortalizas de hoja como: acelgas, lechugas, espinacas asociadas con plantas aromáticas o medicinales que sirven de control biológico.

Apuntes sobre una vida sana

Recarga energética

Ella se despierta con los primeros rayos del sol para tomar un tiempo de recarga energética, como lo dice, y practicar yoga, un complemento de bienestar para establecer una armonía por dentro. Observa el cielo, los árboles, el crecimiento de las plantas, siente la tierra correr entre sus dedos, respira la humedad del ambiente y allí, en el medio de su mundo se encuentra su abuelo.

Pomadas

Con las hierbas curativas prepara pomadas, ungüentos y aceites medicinales que son una alternativa a la medicina farmacéutica, con la cual difiere por completo. En una ocasión preparó un aceite de romero para su abuela que tenía un problema de artritis en las manos.

Huerto urbano

Un huerto urbano es equiparable a un huerto en el jardín, se trata de espacios cubiertos o no para el cultivo de hortalizas y frutas a escala doméstica. La calidad de los productos puede ser igual que en cualquier otro tipo de cultivo e incluso mejor por el tipo de abono orgánico que se emplea

 

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