Llegó el momento de las preguntas radicales

“No existen preguntas sin respuesta, sólo preguntas mal formuladas”, expresa el hacker de la película Matrix, Morfeo. Encontrándonos a 20 días para superar una de las pruebas más radicales de nuestra Democracia, necesitamos hacernos preguntas para encontrar respuestas correctas.

¿Cómo hemos llegado a que el 60% de los ciudadanos expresen la sospecha que habrá fraude electoral? ¿Cuál es la causa de esta situación? ¿Cómo se explica el crecimiento del padrón electoral en lugares que expresan porcentajes altamente conflictivos?

Carlos Borth establece que, de los 340 municipios del país, 71 están en la “franja roja” al registrar un incremento “inexplicable” de empadronados. Mientras que 103 municipios están en la “franja naranja”, porque arrojan dudas en el aumento de registrados para sufragar. Resulta que catorce municipios de la Chiquitanía de Santa Cruz incrementaron entre el 12 y 42 por ciento su padrón de votantes para las elecciones, en comparación del registro de los comicios generales de 2014, según datos del Tribunal Supremo Electoral (TSE), con incremento en Pailón en 42%, 39,8% en San Rafael, 30,8% en San Javier y 35% en San Ignacio. Un dato llamativo es que en varios municipios donde ganó el “No” en el referendo del 21F, se ha incrementado el padrón para los comicios del 20 de octubre.

Estas cifras se complican con la información que comparte Ximena Costas cuando incorpora la información departamental. Pando creció en 183%, seguido por Santa Cruz en 130%, luego Tarija 112%, Cochabamba 104% y Beni 97%, Chuquisaca y Oruro con 72%, luego La Paz 61% y Potosí 60%. “Crece el número de electores donde Evo Morales perdía”, dijo.

Se hace necesario realizar un análisis más, para fundamentar la preocupación.

Para los comicios de octubre estamos habilitados 7.315.364 de votantes, en el ámbito nacional y en el extranjero. De ese total, según el TSE, los electores habilitados en el país son 6.974.363. El departamento de La Paz tiene la mayor cantidad de votantes: 1.910.654, le sigue Santa Cruz, con 1.863.543 y Cochabamba, con 1.325.896. Estos datos expresan que del total de votantes, tres de cada cuatro electores en Bolivia tienen su centro de votación en los departamentos que conforman el denominado eje central, en el que se concentra el 73,16% de los habilitados para sufragar.

El dato de los 73.16% de electores en el eje central es probablemente es más ilustrativo por sus consecuencias. Si a ese número que representa a los habitantes mayores de 18 años le sumamos la franja etaria de 0 a 17 años, tenemos que en los departamentos del eje central ya vive al menos el 85% de la población de la República, habiendo subido del 73% que arroja el censo del año 2012. Con este crecimiento de la población en el eje, producto de la migración y que deja sólo 15% de la población restante en 6 departamentos, no es sostenible racionalmente ningún incremento del padrón de la manera como se está produciendo.

Convengamos que la migración a las ciudades, hacia el eje central, y al departamento de Santa Cruz, ya tiene un patrón de comportamiento tendencial y está explicado por el cambio climático, disminución de las capacidades productivas de las tierras del altiplano y los valles, y que obliga a la población a buscar otros lugares; esta realidad, que no es sólo boliviana, se incrementa por una voluntad gubernamental que ha colocado las tierras del oriente en oferta gratuita para procesos de colonización irreflexiva y de alto riesgo ambiental y social. El incendio de la Chiquitania lo demuestra patéticamente.

¿Está preparada la Democracia boliviana para enfrentar una decisión política, mañosamente diseñada para ganar las elecciones de octubre?