Libros de la Biblia Nahúm

Autor: Nahúm
Tema: Juicio
Fecha: 663-612 a.C.
Lugar: Nínive, Jerusalén
Unos cien años antes, el profeta Jonás había visitado Nínive, capital del imperio asirio, para advertir sobre el futuro juicio de Dios por causa de sus pecados. El pueblo escuchó y se arrepintió y Dios perdonó a la ciudad. Con el paso del tiempo, Nínive volvió a ser una ciudad idólatra y cruel.
Capítulo 1. Nahúm declara que Jehová es un Dios celoso y vengador: “Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies” (v.3).
En este capítulo, el profeta muestra el poder de Dios en la naturaleza, pero también su bondad: “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían” (v.7).
Los de Nínive ya tuvieron su oportunidad para enderezar sus pasos y la perdieron; ahora Jehová los consumirá como “hojarasca seca” (v.10). En el versículo 15, Nahúm dice a su pueblo que Asiria nunca más los atormentará porque será destruida.
Capítulo 2. En este capítulo Nahúm relata la destrucción de Nínive por los Medos y Babilonios: “Los carros se precipitarán a las plazas, con estruendo rodarán por las calles; su aspecto será como antorchas encendidas, correrán como relámpagos” (v.4). “Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos. Encenderé y reduciré a humo tus carros, y espada devorará tus leoncillos; y cortaré de la tierra tu robo, y nunca más se oirá la voz de tus mensajeros” (v.13).
Capítulo 3. Dios castigaría a Nínive por la maldad de la ciudad: “¡Ay de ti, ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarte del pillaje!” (v.1). Es una ciudad tan malvada, que el juicio de Dios es merecido: “No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable; todos los que oigan tu fama batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó continuamente tu maldad?” (v.19).
El juicio de Dios en este libro fue para Nínive, pero también podemos aplicarlo en nuestros tiempos, porque Dios es Santo y no tolera el pecado y castiga la maldad, pero a los que se arrepienten y confiesan sus pecados, Él les da salvación, “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13).