LIBERAR LA EDUCACION PARA LIBERAR AL HOMBRE

No cabe duda que la educación fue y es una variable dependiente de los gobiernos de turno que llegan al poder basados en su ideología; o sea en la idea lógica de lo que quieren hacer del Estado como espacio de poder y vía él, del conglomerado humano o sociedad tan heterogénea económicamente, socialmente, culturalmente y de manera particular, educativamente.

 

Todas las propuestas de los partidos políticos que se postulan para ser gobernantes, jamás dejan de poner a la educación como pantalla, dado que universalmente está considerada como el primer derecho del hombre (genérico), después del derecho a la vida. Una vez en el poder es poco o nada lo que se hace por una verdadera educación.

 

La educación siempre estuvo atrapada por intereses ocultos de quienes en todos los tiempos se adueñaron del poder para uso y abuso de sus intereses, ya sean las castas religiosas, económicas y/o políticas, como se autodenominan quienes se organizan en un partido y que no son sino sociedades para adueñarse de la riqueza del país, bajo el santo nombre, unas veces de las llamadas democracias, generalmente democraduras, o de las autodenominadas, sincera y abiertamente, dictaduras.

 

Respecto a liberar la educción para liberar al hombre, debo decir que la libertad es libre; es decir que, se es libre cuando realmente no se tiene atadura de ninguna índole o clase, cuando se acabaron con todas las formas de manipulación; más, si se es obligado por fuerzas extrañas al ser mismo de cada persona. No es libre el que, o quien, debe obedecer dictámenes ajenos, cumplir voluntades impuestas por otros y que atentan a su pensamiento, a su sentimiento y voluntad, libre, precisamente. No es libre si alguien es obligado a leer o dejar de hacerlo, determinados libros u obras, autores o puntos de vista diferentes a los que a veces dictamina el poder político y de gobierno. No es libre la educación, si para su ejecución atenta, arremete, persigue e impone torpemente la aplicación de consignas y dogmas.

 

Mientras la educación esté atrapada por tantas ataduras, seguirá siendo dogmática, alienante, educastrante, autoritaria, escolarizante, elitista, mediocre, rutinaria, pobre, politiquera, reinado del orgullo y la vanidad, tradicional, cuna de paros y huelgas, ámbito de la demagogia, prebendalista, obsoleta, artesanal, discriminadora, ambiente de afectos y desafectos, colonizante y/o neocolonizante, represiva, servil, meritocrática y cartonfílica, administrativamente simplista y de premios y/o castigos; no se tendrá una educación libre y mal podemos hablar de liberar al hombre. ¿Cómo pretender liberar al hombre con un instrumento enterrado en sojuzgamiento?

 

Si a los educandos se les abre la posibilidad del uso de sus diferentes inteligencias, dándoles la oportunidad que participen en el proceso educativo con todas sus formas de aprender; tendrán mayores opciones y posibilidades de aprendiza y mejor cuanto se propongan aprender de un tema, de una clase, de una materia o de una carrera. Si se deja de simplemente enseñar, si se deja de declamar y hacer declamar saberes ajenos y más bien se promueve la construcción de conocimientos, ya se estaría concediendo la libertad de aprender a aprender, aprender a hacer y aprender a ser libre y alguien diferente al montón.

 

Como podemos advertir, resulta contradictorio e incoherente liberar al hombre con un instrumento tan atrapado; por lo que, lo que corresponde es liberar primero a la educación para luego liberar al hombre. Para lograr esta liberación es preciso recordar, además, la premisa: “La educación es derecho y tarea de todos”; y por ello, liberar al Estado de los gobiernos politiqueros y que siempre pusieron a la educación bajo sus consignas y obscuros intereses; pregonaron cambios, reformas y contrarreformas o revolución educativa, olvidando que la educación debe ser POLITICA DE ESTADO y no, disque, política de los gobiernos de turno.

 

Como dice Moisés Logroño G “Se debe educar para liberar, no para domesticar. Si el pueblo se educa, se apropia del conocimiento y por tanto de percepción de la realidad objetiva, se transformará en ente crítico y así se cumpliría el enunciado de Pablo Freire: “Si el pueblo inicia su proceso de educación, también inicia su proceso de liberación”.

 

Que se dejen las justificaciones de que somos un país pobre, cuando tenemos y producimos todo, mientras hay países que no tuvieron sino la producción de madera de pino, como Finlandia o que ni agua tenían para beber como Singapur y hoy son los campeones del mundo en educación y como consecuencia en economía, progreso y, claro, “vivir bien”.

 

Dejemos la pobreza de criterio, de sentimiento patriótico, de visión de futuro, de espíritu de trabajo y de falta de entrega por el bien de todos, ´por el bien mayor´