Las seis contradicciones del MAS

El Movimiento Al Socialismo (MAS) está en carrera electoral para 2019 con su mismo candidato Evo Morales por sexta vez consecutiva. Le ha costado más de lo previsto, y no solo por el tiempo empleado en conseguir la habilitación, sino por la dilapidación acelerada de la reputación acumulada durante los 13 años de Gobierno. Lo cierto es que aún nadie se ha hecho responsable de la idea del referéndum de febrero de 2016, pero su propia convocatoria supone ahora una losa muy difícil de arrastrar en la carrera hacia el objetivo.

El MAS lucha contra todo eso en su carrera por el nuevo mandato 2020 – 2025. El argumento del referéndum manipulado no cuela entre ese 18-22 por ciento de voto flotante que es el que le ha dado las grandes mayorías en 2009 y en 2014, pero que no es “masista forever”. El MAS soberanamente convocó el referéndum y lo perdió, y más allá de los asuntos de Gabriela Zapata y compañía, los votantes “conscientes” han tomado peor la posterior estrategia de desconocimiento del resultado y el subterfugio de la sentencia constitucional para la habilitación que la propia derrota del 21 de febrero de 2016.

En el afán de sostener ese 18-22 por ciento oscilante, el MAS ha entrado en un espiral contrarrevolucionario, en el que se apuesta por vender la “estabilidad” y “seguridad económica” que ofrece la continuidad de los últimos 13 años de gestión, y una suerte de ampliación de estratos sociales que se sienten cómodos con el MAS, todos convenientemente fotografiados en hoteles y restaurantes lujosos y difundidos por redes sociales.

El problema, sin embargo, es que el target no siempre está bien seleccionado, y los afanes por seducir a esa suerte de clase media aspiracional han acabado generando malestar en algunas matrices y entre el votante promedio de base, que ha quedado atrapado entre las contradicciones del MAS. Obviamente, Patricia Serrano se parece más a los votantes masistas que Milcíades Peñaloza en 2014; pero Peñaloza y su equipo siguen teniendo impronta propia en el MAS Tarija.

El MAS apuesta a una fórmula sencilla: Evo – Seguridad. Apuesta a que nada pase, sin embargo, el tiempo sí ha pasado para todos y muchos de sus otrora leales encuentran debilidades y muchas contradicciones.

Contradicciones

El capitalismo como tótem: Hasta la fecha, sacudir al “imperialismo yankee” suele ser un recurso fácil para recuperar popularidad en el interior del país y llamar la atención en el exterior. Sin embargo cada vez resultan menos creíbles las escenificaciones.

El capitalismo más ortodoxo es el modelo predilecto para este gobierno y sus gurús, que ensayaron una suerte de modelo propio que apenas se sostenía en las reflexiones teóricas, no han variado los ejes clásicos: entregados al consumo interno como motor de desarrollo; calificaciones triple A de la gran banca internacional para depositar los ahorros; el Producto Interior Bruto como indicador supremo del desarrollismo y la opacidad burocrática como forma de relación entre partes conforman un esquema social y económico clásico.

El Gobierno es capaz de exhibir al mismo tiempo las felicitaciones del Fondo Monetario Internacional – guardián de la ortodoxia capitalista – y del Banco Mundial – guardián de la subordinación cultural – y proclamarse revolucionario.

El adiós a la Madre Tierra: Sin duda, la imagen más internacional que ha proyectado el presidente Evo Morales ha sido la del protector de la “Madre Tierra”. Un discurso que mezcló con los matices indígenas, tan de moda en la cultura pop de finales del siglo XX e inicios del XXI, y que todo el ejército de ONG pachamamistas pseudoprogresistas catapultaron hacia los grandes generadores de opinión.

El presidente Evo Morales se ha presentado en Naciones Unidas Asamblea tras Asamblea como protector del medio ambiente, incluso después de firmar los decretos que subordinaban la protección de las áreas naturales a la existencia de hidrocarburos e incluso después de aprobar el ingreso de las grandes empresas del fracking al territorio nacional. “Histórico día” se dijo en aquella cumbre televisada a todo el país desde el hotel Los Parrales.

No es solo en los hidrocarburos. El Gobierno del MAS ha apoyado como nadie antes a la poderosa Cámara Agropecuaria del Oriente, ha impulsado el “cambio de uso de suelos” – léase deforestación – para dar más espacio a la gran agroindustria de la soya y el maíz, ha abierto la mano con los transgénicos y, por si faltaba, ha ofrecido el mega negocio del etanol a los productores de caña prometiendo compras de alcohol anhidro para YPFB muy por encima del precio internacional y en volúmenes muy superiores a los que se podían comercializar en Bolivia.

Extractivismo total: La combinación entre el capitalismo salvaje y la sepultura ambientalista se evidencia en el inclasificable manejo del sector hidrocarburos en el último lustro. El Ministerio de Hidrocarburos tiene claro el objetivo: sacar cuanta más plata posible. En ese camino no se ha andado con limitaciones de tipo ecológico – moral ni sobre reflexiones sobre cómo el país puede llegar a ser soberano en el manejo de la cadena. El Ministerio ha optado por las subastas clásicas y opacas al mejor postor para entregar las áreas con más posibilidades y no se ha andado con experimentos de otro tipo.

El resultado es la paralización total de la industrialización, pero también la sumisión absoluta a los designios de los dos únicos mercados disponibles, Brasil y Argentina.  Sin reservas convencionales y sin mercados, la caída de la producción es acelerada.

Gobierno ni indígena ni paritario: El Gobierno del MAS se caracterizó por los ponchos y las polleras. Como nunca los sectores más olvidados fueron tomando espacios de poder tanto en el legislativo como en el ejecutivo. Después se normó la paridad y alternancia y la cuestión perdió naturalidad, casi al mismo tiempo que los representantes y líderes que habían impulsado el partido antes de 2006 fueron desapareciendo del ejecutivo.

En el último gabinete de Evo Morales quedan tres mujeres entre más de 20 carteras y los indígenas han quedado reducidos a apellidos.

Gobernar obedeciendo a los intereses sectoriales: “Gobernar obedeciendo al pueblo” fue una especie de eslogan de los primeros años en los que se buscaba polarizar y sacar rédito respecto a lo sucedido en los años del gonismo. Morales se acercaba a las bases en cada viaje. Y viajaba mucho por todo el país.

La última “escuchación” al pueblo general fue aquella que tumbó el “gasolinazo”, donde todos los sectores al unísono se levantaron contra la medida de la liberalización del precio del combustible. Ni siquiera la que bajó el Código Penal el año pasado puede considerarse un clamor general.

Desde el fallido “gasolinazo” de 2010, el Gobierno del MAS ha optado por una forma de gestión menos concentrada en el bien común  y más en la de contentar a sectores específicos, con cesiones de unos sobre otros y con la división (en forma de paralelismo) como fin último de imponer una voluntad. Campesinos, mineros, transportistas, cocaleros, etc., han visto como se cumplían algunas de sus expectativas. La dirigencia de la Central Obrera también a pesar de que se precarizaba el trabajo asalariado.

En los últimos meses, la “inclusión” de estos sectores en el MAS, lo que para muchos es la actualización del viejo sistema de la prebenda, ha generado problemas en la configuración de listas electorales, pues son más los que demandan que los espacios disponibles, sobre todo cuando el espectro se ha ampliado hasta sectores como el de las grandes transnacionales mineras – René Navarro, primer senador por Potosí – y otros grandes empresarios como Milcíades Peñaloza o Carlos Brú.

Ni Patria Grande ni chica

Evo Morales nunca estuvo demasiado ideologizado; apenas las categorías básicas de izquierda y derecha y amigos y enemigos de Estados Unidos para explicar grosso modo las grandes tensiones universales, que, luego, al entrar al detalle, se diluían con las excepciones. El idilio con Antonio Brufau – Repsol – es uno de los grandes ejemplos en este sentido.

En cualquier caso, Evo Morales se alineó en su ascenso con la izquierda bolivariana de Hugo Chávez y Lula da Silva, con Correa, los Kirchner, etc., que dieron un soplo de dignidad sudamericana a comienzos del siglo XXI.

En la caída, sin embargo, Morales ha ido contemporizando con todos y se ha puesto de perfil en muchas ocasiones. Cuando Dilma Rousseff fue suspendida en el juicio parlamentario se cruzaron algunos tuits furibundos, pero al mes estaban sentados con el nuevo Gobierno de Michel Temer tocando asuntos de hidrocarburos. Morales no ha dudado en ir a abrazar a Mauricio Macri, luego de tres reuniones suspendidas, en el peor momento de popularidad del mandatario del país vecino. La sumisión ante el Gobierno de Jair Bolsonaro, que además de los insultos racistas ha comprometido nuevos trazados por Chile para el tren bioceánico y no cumple el contrato de gas no han merecido ni una palabra.

Morales hoy no duda en saludar el acuerdo Mercosur – UE mientras mendiga el ingreso y fotografiarse con el grupo de Lima en pleno. Hasta Luis Almagro ha pasado a ser un amigo íntimo.

Con todas estas condiciones… ¿Puede el MAS lograr la “hazaña” de reproducirse en el poder luego de haber arriado casi todas sus banderas? El pueblo lo decidirá.


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