Las nieves del Chijmuri

De las nieves del Chijmuri no queda nada, nadita de nada. Solo queda la satisfacción de momentos invernales, fue como un espejismo alentador. Fue un atisbo níveo, de luz nívea. Se evaporizó, desapareció, solo nos queda esperar otros buenos tantos de años para ver que el fenómeno climatológico se repita. Es el arte de la naturaleza. Quizás el “sutil arte de que te importe un carajo” (Marx Manson).

Estos momentos de felicidad se ven interrumpidos por la coyuntura política. Es en estos oscuros instantes bordeados por el frio acudamos a nuestra alternativa permanente, y calentarnos con un brevísimo kaj’ como Tetis y Peleo, Dafnis y Cloe, Rodolfo y Mimí o festejar las bodas de oro del Tío Guillermo y la Tía Bella. Todo esto por supuesto dentro de nuestras latitudes como entidad. Eso sí, no nos dejemos afectar por este frío electoralista que a muchos nos tiene “calientes”. Con este propósito quiero compartir el buen tono expresivo de José Ingenieros. El autor de Los Tiempos Nuevos, lo siguiente:

“Todos los cultores de las ciencias sociales que han escrito la palabra ‘política científica’ han coincidido en decir que ésta sólo será posible cuando los partidos representen expresamente los intereses correspondientes a las diversas funciones sociales. (…). El mayor obstáculo a ese progreso ha sido el régimen actual de representación, puramente cuantitativa e indiferenciada; no se ha tenido en cuenta que ‘el pueblo’ es un conjunto de funciones sociales distintas y que para representarlas eficazmente es necesario ‘organizar’ al pueblo, pues las zonas o distritos son heterogéneos y absolutamente irrepresentables (las cursivas son mías). A esa expresión bruta del sufragio universal se la ha llamado Democracia, sin más resultado que desacreditar el vocablo; el actual parlamentarismo (de ese año de 1953), en vez de representar necesidades y aspiraciones bien determinadas, expresa vagas tendencias de la voluntad social, corrientes de intereses indefinidos, mal canalizados y siempre expuestos a desbarrar. Por eso lo representantes, si interpretan en un punto el pensamiento de sus representados, están obligados a contradecirlo en otros cientos, sobre los que deben deliberar sin tener para ello representación expresa.

Los partidos parlamentarios tienen por finalidad incautarse del poder o participar de él en provecho de los representantes del pueblo más bien que en beneficio del soberano representado. Los que más hablan de patriotismo son, generalmente, los de conducta menos patriótica; no tratan de cooperar con los demás para el bienestar común, sino de combatirlos sistemáticamente para monopolizar el poder; la riña de los partidos mantiene a la sociedad en perpetua guerra civil; cada grupo impone a sus prohombres una estricta complicidad que agria el carácter y empuja a la intolerancia, resultando de ella la esterilidad de las funciones deliberativas.

De este fracaso del régimen vigente, muchos ignorantes, y no pocos pícaros, desearían deducir la maldad del sufragio universal y del sistema representativo, soñando que puede desandarse la historia vivida y volverse a los sistemas inconstitucionales o absolutos. Confunden el ‘sistema representativo’, que es excelente, con su ‘actual forma parlamentaria’, que es detestable. ‘El parlamentarismo –dice Degreef- sólo es una fase histórica y transitoria de la representación; no ha existido siempre y es probable que deje de existir. La representación de los intereses sociales, en cambio, es un elemento esencial en toda sociedad, está implícita en toda organización colectiva y es eterna, por cuanto toda sociedad, en el pasado, en el presente y en el porvenir, funciona y funcionará necesariamente conforme a algún sistema de representación’. A través del desenvolvimiento histórico, la mayor libertad política y social concuerda con el máximum de organización de la representación colectiva.

No diremos, pues, que es malo el sistema representativo, sino su actual forma parlamentaria. Es uno de los inconvenientes que no se previenen al establecer el sufragio universal, pero ese error de técnica no invalida en manera alguna el principio”.

El perfeccionamiento de la vida política consistirá en marchar hacia formas cada vez más eficaces del sistema representativo, procurando que todas las funciones de la sociedad tengan una representación en los cuerpos deliberativos. El parlamento, en su forma actual, no representa a la sociedad; es un organismo parasitario y nocivo para el funcionamiento de las actividades sociales.

El parlamentarismo, es –arguye Degreef- un poder balanceado y equilibrado por otros poderes, es un órgano arcaico; es insuficiente para representar con fidelidad las necesidades sociales y no está ya a la altura de la función que se le exige. Si esto es cierto, no se deberá rechazar y condenar el sistema representativo, el cual, por el contrario, debe ser desarrollado y perfeccionado. Si no es así debe ir a un museo arqueológico.

Comparto estos escritos como introito a modo de excusa por mi entusiasmo por Ingenieros sin exageración alguna de este modernista decadente. Tal vez es el resultado de los miedos acumulados, o el frío que baja del Chijmuri –nuestro tata chapaco- que se encaneció por unos instantes en esa fase precursora electoralista que el cerebro humano ha concebido.