Las mediciones de pobreza son “inadecuadas” para entender la realidad

Pobreza por ingresos baja, la multidimensional sube. Pero no terminan de explicar la realidad.

Curtis White, reconocido crítico cultural y profesor de la Illinois State University, afirma que “la historia ideológica primaria contada por la ciencia es que no tiene relación con la ideología, lo que puede convertirse en la ficción encubridora de enorme crueldad y destrucción”.

Al respecto, el profesor de política social y estudios de desarrollo del Instituto Internacional de Estudios Sociales (ISS, de Holanda), Andrew Martin Fischer, considera que “las estadísticas sobre pobreza no son excepción a esta regla”, y que en realidad la comprueban, “dada la sensibilidad política asociada con ellas y el rol central que la idea de pobreza juega en las ideologías contemporáneas sobre el desarrollo capitalista”.

Y es que, según ha encontrado el propio Fischer en sus años estudiando estas temáticas, “efectivamente, las estadísticas de pobreza son frecuentemente presentadas de cierta manera para legitimar la opresión, tal como es común en las publicaciones que buscan defender los legados coloniales basándose en mejoras en salud y educación en varias colonias entre finales del siglo diecinueve y la primera mitad del siglo veinte”.

Asimismo, advierte que las estadísticas de pobreza se usan frecuentemente para justificar la ocupación o la incorporación forzada de unos países sobre otros (como mostró en sus estudios sobre la ocupación china en el Tíbet).

“Similarmente, estas estadísticas son presentadas de varias maneras para legitimar el orden económico internacional reinante. Las nuevas metas de desarrollo han estado orientadas más específicamente en legitimar la reciente y particularmente virulenta fase del capitalismo que varios llaman ‘neoliberalismo”, o más eufemísticamente, ‘globalización’” agrega.

Limitaciones de las mediciones

Basándose en el concepto acuñado por el geógrafo marxista, David Harvey, los expertos cuestionan cada vez más cuánto del crecimiento contabilizado por métodos como el PIB es en realidad un reflejo de la acumulación por desposesión.

Para Fischer, debido a las “tendenciosas prácticas de la contabilidad nacional” de los países, la desposesión puede efectivamente aparecer como crecimiento, “particularmente en contextos de rápidos cambios estructurales donde la desposesión puede estar disfrazada como creación de nuevo valor”.

Pero más allá de esto, sea con o sin desposesión, “las mediciones estándares de crecimiento pueden reflejar la monetización y mercantilización de medios de vida que ya existían, pero que antes de su monetización estaban pobremente reflejados en las encuestas de hogares, mediciones de ingresos o cuentas nacionales”, agrega el experto.

Por monetización, Fischer se refiere al creciente uso de dinero en el intercambio de bienes y servicios, algo que implica que una economía se vuelve cada vez más monetaria.

Por mercantilización se entiende un aumento de la proporción del consumo y la producción basado en comprar bienes y servicios a través de transacciones en el mercado, en vez de producirlos uno mismo (autoconsumo) o acceder a ellos a través de formas de intercambio no mercantiles. Cuando esto se expande a la esfera del trabajo, implica que el trabajo es tratado como una mercancía en los mercados laborales.

En este entendido, en situaciones comúnmente descritas como de subsistencia, “mucho del valor funcional de la producción y consumo del hogar es a menudo muy subestimado por las encuestas y mediciones”, explica.

La desposesión puede estar disfrazada como crecimiento y creación de nuevo valor

La pobreza como ideología

A diferencia de lo que afirman las corrientes tecnocráticas, el experto enfatiza que “la mismísima concepción de la pobreza es inherentemente política, en la medida en que involucra decisiones sobre normas y estándares que no pueden ser determinados empíricamente, pese a que los datos al respecto deben ser alimentados desde lo empírico”.

Por tanto, “las representaciones tecnocráticas de los análisis de la pobreza tienden a encubrir estas políticas con la quimera de la objetividad científica, con lo que se tiende a despolitizar los debates sobre pobreza. A su vez, esto sirve para encubrir las agendas subyacentes y permite que los cambios de paradigma en teoría y práctica queden escondidos detrás de supuestos principios de caridad y altruismo”, sentencia.

Ejemplo de esto ha sido el gran énfasis y dependencia de los Objetivos de Desarrollo de Milenio (ODM) respecto de objetivos de pobreza, “tanto monetaria como multidimensional”, que a decir de Fischer, no sólo está plagado de “empantanamientos metodológicos”, sino que también “ha dado peso a estas agendas ortodoxas”.

A su vez, a pesar del carácter más “participativo” de los posteriores Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), estos también han “envuelto los aspectos más políticos de estas concepciones y mediciones de la pobreza y sus sesgos ortodoxos implícitos de sus políticas”.

Estas concepciones absolutas de pobreza y orientación de las políticas derivan de un sentimiento de obligación ética para abordar las privaciones extremas como el hambre y la hambruna.

Sin embargo, “es precisamente este imperativo moral el que las ha convertido en vehículos tan efectivos para cooptar las preocupaciones sobre justicia social dentro de principales agendas ortodoxas que, en muchos aspectos, han sido bastante antiéticas respecto de la justicia social”, situación que a su vez es reforzada por la despolitización.

Dentro de los enfoques de pobreza absoluta que se critican desde la perspectiva de Fischer está también el concepto de “empoderamiento”, que busca atacar un síntoma de la pobreza, pero no las causas subyacentes de ésta.

Un ejemplo citado es el de las transferencias de dinero hacia mujeres (como el bono Juana Azurduy en Bolivia), que les puede mejorar su poder negociación dentro del hogar. Sin embargo, no se analiza cómo estas intervenciones fortalecen o debilitan los sistemas que producen y reproducen las asimetrías de poder, exclusión y pobreza de estas personas.

Los ODS se elaboraron con más participación, pero aun mantiene “sesgo ortodoxo” en sus políticas

Las realidades cambian, las mediciones no

Otra crítica de fondo a las mediciones de pobreza, tanto monetaria como multidimensional, se refiere a que éstas tienen una tendencia a subestimar de la reproducción de la pobreza a través del tiempo.

Esto se debe a que “se abstraen de aspectos fundamentales de la relatividad asociados con la pobreza moderna, particularmente con respecto a procesos modernos de transformación estructural, que son la esencia del desarrollo”.

Para Fischer, el énfasis en estos procesos transformativos es importante porque reenfoca la pobreza desde nociones absolutas (pobreza por ingresos y pobreza multidimensional) hacia nociones “relativas” de pobreza, donde ésta es entendida según las transformaciones estructurales que atraviesa la sociedad.

Y es que “los perfiles de necesidades sociales esenciales, o necesidades sociales imperiosas, generalmente cambian de manera bastante radical dentro de las transformaciones estructurales”.

Tal es el caso especialmente en contextos de urbanización, pero también en situaciones donde cambia la “línea de base” del alfabetismo y niveles de educación, o de los índices de morbilidad y mortalidad.

Esto no es necesariamente lo mismo que un cambio en las preferencias subjetivas de la población, como cuando la gente empieza a querer y esperar más a medida que mejora su nivel de ingresos. “En realidad, es una cuestión de los requerimientos mínimos para funcionar en sociedades y economías modernas, que de no satisfacerse la situación puede ser de exclusión o explotación, o ambas”.

En este sentido, no es enteramente correcto pensar que a medida que un hogar mejora su nivel socioeconómico, sus deseos y preferencias de tener, por ejemplo, internet en casa, son sólo preferencias subjetivas. Sino que tener internet se vuelve en muchos casos una necesidad mínima para funcionar en la sociedad actual, sin el cual los miembros del hogar se ven en una situación de desventaja que incide en aspectos de formación, capacitación, productividad, ingresos, calidad de vida, oportunidades, etc.

La “relatividad” de la pobreza moderna

El reconocido sociólogo británico, y profesor de Política Social Internacional del London School of Economics, Peter Townsend, afirmaba que cuando se habla de “relatividad” de la pobreza, esta se refiere tanto a los recursos como a las condiciones materiales y sociales.

“Las sociedades están atravesando cambios tan rápidos que un estándar de pobreza ideado en un momento de la historia pasada es difícil de justificar bajo nuevas condiciones. Las personas que viven en el presente no están sujetas a las mismas leyes, obligaciones ni costumbres que aplicaban en una era previa”, escribía en una publicación de 2006, tres años antes de su fallecimiento.

Y es que la globalización “está interrelacionando implacablemente a los pueblos y sus estándares de vida, mientras al mismo tiempo las desigualdades están creciendo en la mayoría de los países. Por tanto, hay grandes objeciones a la simple actualización de cualquier punto de referencia de la pobreza en base los índices de precios”.

Por tanto, las concepciones de pobreza requieren un entendimiento de la evolución de las necesidades sociales esenciales o imperiosas dentro del desarrollo.

Fischer profundiza sobre ello: “quizá una de las expresiones más fundamentales de las transformaciones sociales y económicas asociadas con el desarrollo ha sido el desplazamiento en el último siglo, desde lo que se llama ‘suficiencia de subsistencia’ hacia la ‘escasez en la abundancia’”.

La Pobreza como Ideología, nuevo libro de Andrew Fischer

La pobreza no entendida

En términos generales, la crítica a las mediciones absolutas de pobreza (tanto por ingresos como la multidimensional) considera que su proliferación ha distraído la atención lejos de los procesos de desarrollo más amplios que dan forma a las manifestaciones presentes y futuras de la pobreza.

Estas mediciones también carecen de la capacidad de distinguir entre cambios que son “genuinamente progresistas y aquellos que son inmisericordes o relacionados a la intensificación del trabajo y el esfuerzo”.

Fischer explica que estos últimos podrían incluir, por ejemplo, casos de urbanización por desposesión o desalojo (relacionado a proyectos extractivos o a la pérdida de medios de vida rurales) y no así por una voluntaria búsqueda de diversificación de medios de vida o de aprovechar mejoras salariales, pero donde la urbanización en si misma da la apariencia de mejorar la calidad de vida según las mediciones convencionales de pobreza.

También incluye casos donde el aumento de los ingresos u otros indicadores multidimensionales se dan debido a un aumento de las horas de trabajo, empeorando las condiciones laborales, teniendo múltiples empleos, retrasando la jubilación o no sacando licencias de maternidad o enfermedad.

“En general, las mediciones absolutas de pobreza son inadecuadas para entender los procesos más amplios de integración social, estratificación, segregación y subordinación”, advierte el experto.


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