Las cosas del padrón

El dato de crecimiento (16%) es superior al propio dato de crecimiento vegetativo, por lo que  elimina un mito repetido durante estos últimos años, en los que se aseguraba que la población se estaba yendo de Tarija

La elaboración del padrón electoral y su posterior publicación son de esos actos que mantienen en vilo a los analistas y estrategas, más que a la población en general, por las posibilidades que entrega a la hora de afinar impactos y estrategias para la lucha política, pero también para evaluar las políticas públicas aplicadas.

La publicación del padrón para las elecciones del 20 de octubre ha develado que en Tarija hay 377.600 electores mayores de 18 con derecho a voto, una cifra muy significativa y que es un 16% superior al padrón que se manejaba en la elección de 2014 y que se quedó en 323.351 habitantes. En términos brutos es un incremento de más de 50.000 personas en apenas cinco años, lo cual es significativo en un departamento que ha pasado ese tiempo precisamente castigado por la crisis económica.

Municipios rurales han logrado aguantar el tirón y crecer, lo que seguramente permite deducir que la inversión pública concentrada en las provincias desde hace varios años sí está logrando fijar población

Los datos de natalidad muestran que Tarija ha entrado ya en porcentajes de países desarrollados, con apenas 2,1 hijos por mujer fértil, lo cual es un dato a tener en cuenta en otro análisis, ya que por el momento no tiene impacto en el padrón, aunque la incorporación de jóvenes si se ha ralentizado.

El dato de crecimiento es por tanto superior al propio dato de crecimiento vegetativo, y no solo elimina un mito repetido durante estos últimos años, en los que se aseguraba que la población se estaba yendo de Tarija, sino que además muestra que han seguido llegando migrantes al departamento, a pesar de todo.

Las cifras también muestran crecimientos específicos en núcleos poblacionales como San Lorenzo, que es el municipio que más ha crecido en los últimos años, concretamente un 24%, y que tiene que ver con la habilitación de tierras y espacios habitacionales más accesibles que en la capital tarijeña, donde los precios de las viviendas y los lotes tampoco se han reducido a pesar de la manida crisis. Aun así, la capital ha crecido también a ritmos del 17%, superior a la media.

Por lo demás, son los municipios fronterizos los que más crecen. Tanto Villa Montes (19%), como Yacuiba y Bermejo (17%) se han convertido en ciudades refugio pese a las difíciles coyunturas vividas en la frontera, con el derrumbe del peso argentino, que ha afectado nuevamente a las lógicas del comercio. Vistos los datos, se evidencia de nueva la capacidad de resiliencia de esta zona del país.

En otro capítulo que merece análisis se encuentran los municipios de Padcaya (11%) y Entre Ríos (15%); dos municipios eminentemente rurales condenados a expulsar población hacia las grandes ciudades a medida que se tecnifica el medio rural, pero que sin embargo han soportado el tirón en comparación con otras áreas similares en otros departamentos del país, lo que seguramente permite deducir que la inversión pública concentrada en las provincias desde hace varios años sí está logrando fijar población. Algo que no parece ser suficiente para los municipios de la zona alta, a la vez la más pobre del departamento, que crecen, pero menos. El Puente lo hace apenas al 3% y Yunchará al 7%. Datos que requieren, además de un análisis, unas acciones específicas que permitan garantizar la supervivencia, porque donde no hay población, la soberanía entra en riesgo.