La trampa de los hidrocarburos

Desde hace diez días el barril de petróleo no sube de los 25 dólares, lo que tendrán consecuencias para un país que no tiene alternativas de ingresos más allá de la exportación de su gas, cada vez menos demandado

Mientras toda la atención se centra en el coronavirus prácticamente a nivel mundial, Rusia y Arabia Saudí – el aliado principal de Estados Unidos en el Golfo Pérsico – han librado una de esas batallas feroces por la producción de crudo que han llevado los precios a mínimos del siglo. Desde hace diez días no sube de los 25 dólares y no parece que eso vaya a tener solución en el corto plazo según señalan los analistas.

Rusia fue uno de los países que más sufrió con los “experimentos” de 2014, donde el shale gas se convirtió en combustible eficiente en términos económicos y rompió para siempre la ensoñación del barril a 120 dólares que tan bien nos vino en el país en los años siguientes a 2010. También sufrió Venezuela, Ecuador, y todos los países dependientes de su exportación de hidrocarburo. También Bolivia.

El mercado imperfecto del crudo siempre se ha basado en la cantidad finita del mismo, en eso de que es un energético no renovable y que por tanto, se agotará en algún momento. Esta afirmación quedó en cuestión en esos años en los que Estados Unidos utilizó su propio territorio para demostrar que puede reventar el mercado experimentando con las técnicas más agresivas y riesgosas para la Madre Tierra, para después exportar su tecnología a donde nunca tuvo problemas de esos tipos.

Con el shale, pero también con la exploración en pozos profundos de ultramar como Brasil y Rusia, el mercado del crudo parece otra vez ser infinito, lo que se traduce en su cotización de forma inmediata, más ahora que la OPEP ha sido víctima de su propio hedonismo y ya no son capaces de controlar la producción mundial. De hecho, ya en 2014 apenas producía una tercera parte de los 90 millones de barriles que se vendían cada día. Hoy es menos.

El petróleo barato es una buena noticia para Europa y Asia, cuyas economías vuelven a estado catatónico tras el paso del coronavirus, y no le disgusta a Estados Unidos, aunque si algo no quería Donald Trump eran turbulencias como las que está provocando el virus meses antes de su asalto a la reelección.

La reacción del Gobierno de Evo Morales a los problemas de 2014 fue sorprendentes en términos de soberanía, pues se apostó por aumentar reservas con proyectos de riesgo y parar la industrialización

Para Bolivia es una mala noticia por mucho que los gobernantes insistan en que representa un pequeño porcentaje en el PIB, pues es fundamentalmente el rubro por el que se ingresan divisas netas.

La caída nos llega, además, en un escenario peor que el de 2014, pues mientras los vecinos – Argentina y Brasil – han hecho las tareas y ya garantizan su autoabastecimiento en el corto plazo, Bolivia no tiene otra alternativa para vender una molécula de gas, habiendo además retrasado hasta el absurdo los proyectos de industrialización.

La reacción del Gobierno de Evo Morales a los problemas de 2014 fue sorprendentes en términos de soberanía, pues se apostó por aumentar reservas con proyectos de riesgo y parar la industrialización. Sus sucesores, inicialmente en transición, no han cambiado el manual: exportar, exportar y exportar – sin precisar a quién – y privar del consumo interno a industrias como las cementeras.

El coronavirus pasará, dicen los expertos, pero después quedará un país con muchas dificultades, y que parece olvidarse de pensar en lo importante mientras se dedica a apagar lo urgente.