La suiza de los andes

Aunque todos conocen el concepto de democracia, no está por demás recordar el significado de esta mágica palabra. Palabra que muchos gobernantes invocan, a la cual recurren valiéndose de ella para llegar a la silla presidencial. Una vez sentados en la cumbre política, se marean, se embriagan del poder y les empieza a incomodar dicha palabrita y recurren a artilugios en nombre del pueblo y de la bendita democracia para perpetuarse en el sitial que ya consideran suyo por derecho divino. La palabra democracia es mencionada todos los días por propios y extraños. Pues bien, aunque parezca un cliché, recordemos que esta palabra fue introducida al vocablo de los habitantes de la antigua Grecia 500 años antes de Cristo, que “democracia es el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo”, y que, según el diccionario de la Lengua española, democracia es “el predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”.
En un anterior artículo, me hice la pregunta: ¿Por qué no soñar ser la Suiza de los Andes? , ¿Que tienen los suizos que nosotros no podamos tener? Y me respondí yo mismo… Es cierto que nosotros tenemos un vasto territorio, altiplano, valles y planicies boscosas, que somos muy ricos en gente joven y en materias primas, bienes que ellos por cierto no tienen… La diferencia es que los suizos han invertido mucho y por mucho tiempo en educación, en disciplina y en estabilidad, en desarrollo empresarial y en capital humano calificado. Y pese a que es un pequeño país, casi del mismo tamaño del departamento autónomo de Tarija, ha llegado lejos.
Suiza ha invertido en una educación de calidad y no midieron esa calidad por el número de horas de clases por día, sino en el apego a la disciplina, el sentido de responsabilidad y el esfuerzo.
Los suizos no tienen una historia diferente a la nuestra, también tuvieron que defender su independencia ante el Imperio Austro-Húngaro y contra las ambiciones de Napoleón y desde siempre supieron construir una verdadera democracia pactada entre sus diferentes nacionalidades, a saber: la suiza-alemana, la suiza-francesa, la suiza-italiana y la romanche, una democracia cuya estabilidad tiene algo más de 700 años.
Nosotros, ya casi al final de la segunda década de este siglo XXI, a inicios del tercer milenio, y después de haber tenido numerosas reformas constitucionales y adoptado la última nueva constitución (la cual me parece una carta magma excepcional y de avanzada) es necesario y de suma urgencia reorganizar un nuevo estado, un nuevo país, tal vez sin cambiar ni un punto ni coma de nuestra constitución política del estado plurinacional.
Es necesario reconstruir la nueva Bolivia democrática, inspirándonos en el modelo de los Alpes suizos y quizás hasta mejorándolo. Como primera medida es desterrar la corrupción que se ha enraizado en nuestros gobernantes, en las élites y en todos los rincones donde, de alguna forma, fluye el dinero.
La reconstrucción de Bolivia debe hacerse lejos de las ideologías partidistas, de todos los “ismos” (derechismo, izquierdismo, marxismo, trotskismo, neoliberalismo, fascismo, clasismo, racismo, etc.), sin aquellos que se dedican a azuzar el odio entre clases sociales, a echar culpas y anatemas sobre los “otros”, es decir sobre los que piensan diferente, los que piensan libremente, los que disienten o critican.
¿Por qué insisto en la Suiza de los Andes? Porque tanto Bolivia como la pequeña Suiza son países mediterráneos, enclavados en montañas de difícil acceso, ambos países cuentan con pocos habitantes con relación a los países vecinos que los rodean, en ambos conviven culturas diferentes, diferentes idiomas. ¿Cómo se desarrolló Suiza? ¿Cuál es su secreto? No hay misterio. Los suizos han invertido enormemente en educación, simple y llanamente en educación. Sus diferentes gobernantes se han dedicado a formar líderes, profesionales y científicos en diferentes áreas del conocimiento humano. Los suizos, desde muy pequeños, se dedican a leer y no es porque les obliguen en los colegios, simplemente es una tradición cultural. La lectura y el aprendizaje de otras lenguas forman parte de ellos mismos. Además saben muy bien que el conocimiento es un arma poderosa para superar la pobreza. Su sociedad ha sido construida con valores y principios morales. Si alguien promete, o da su palabra, cumple. De lo contrario nadie más vuelve a confiar en esa persona. O peor, si se trata de un político que no ha sido fiel a la palabra empeñada con el pueblo, simplemente muere en el olvido. Nadie más lo volverá a elegir… lo cual no sucede en nuestro país porque nuestros gobernantes no han visto por conveniente invertir en educación. Una educación sin distinción ni excepción alguna, con profesores formados en aulas universitarias. Los suizos no tienen las llamas escuelas “normales” que inventaron los franceses y que nosotros copiamos pero no supimos emular. Con la educación Suiza ha superado su mediterraneidad, se ha dedicado a formar grandes industrias y ha perfeccionado su democracia.
Democracia que continuamente hemos puesto en tela de juicio, llenos de ambiciones por el poder…
Nazca entonces la idea de reconstruir, reorganizar, modelar una nueva Bolivia invirtiendo en educación, perfeccionando los modelos de los países llamados del primer mundo. Obviamente eso sólo lo hará un líder tecnócrata, formado en las aulas de educación superior con la visión de un país grande, tecnificado sin odios ni, sin resentimientos, donde no haya rencores ni deseos de venganza.
Personalmente dudo que los líderes de partidos tradicionales, incluyendo al actual líder del partido de gobierno, lleven a Bolivia a una real y venturosa transformación. Ojalá esté equivocado.
Sobre “La Suiza de los Andes”, mi abuela decía “soñar no cuesta nada”.