La producción orgánica en Tarija busca el reconocimiento del consumidor

Intereses políticos y económicos a nivel mundial frenan lo orgánico. En Bolivia el Estado es contradictorio, ya que, si por un lado se crean normas para incentivar el cuidado del medioambiente en la producción agrícola, en la práctica, se apuesta por la producción con agroquímicos

La producción orgánica en Tarija crece lentamente pese a que hoy existe más información sobre las ventajas de consumir alimentos producidos desde una perspectiva ecológica que cuide el medioambiente y la salud humana.

“La producción ecológica no ha logrado aún la aceptación necesaria como para motivar que más y más productores se animen a apostar por este tipo de producción”.

Esto pese a que se trata, de acuerdo a Jaime Gumiel, director del IICCA,  de “una apuesta por la vida a través de la producción orgánica, integral y holística” que si bien ha hallado un eco a nivel de las autoridades de los gobiernos municipales, departamental y nacional no es valorada  adecuadamente por los consumidores  y los productores se adhieren a ella con cierta desconfianza debido a que implica mayor cuidado  y trabajo. Sin embargo, en Tarija se ha avanzado mucho desde que se incluyera este punto como parte de la propuesta institucional del IICCA

Pero esta es sólo una de las dificultades que frena el desarrollo de la producción ecológica en el campo ya que existen por detrás intereses políticos y económicos a nivel mundial que de cualquier manera tienen su efecto en Bolivia y por consiguiente en Tarija y que evitan que se pueda avanzar más y a mayor velocidad.

“Detrás de toda acción hay intereses económicos y políticos de las grandes empresas de agroquímicos y productoras de semillas y otros insumos que han llevado a imponer un sistema productivo muy agresivo con la vida”.

Gumiel es consciente de que como promotores de la producción orgánica ellos afectan intereses de algunos sectores pero considera que en Bolivia existe una normativa apropiada para incentivar la producción ecológica pero que no se aplica en la práctica.

En Bolivia el Estado es contradictorio, ya que si por un lado se crean normas para incentivar el cuidado del medioambiente en la producción agrícola, en la práctica, se apuesta por la producción con agroquímicos, “y una muestra de ello es la implementación de la planta de urea por parte del Gobierno y la producción de plásticos que se iniciará a partir de los hidrocarburos en los próximos años, esto contradice esta otra única propuesta y posibilidad que tenemos en el mundo”.

Para Gumiel se trata de una lucha complicada y difícil que  más allá de los intereses económicos tiene un trasfondo político, “porque cuestionamos el sistema que está dominando en el mundo”, en ese sentido, Gumiel no solo se refiere a la producción agropecuaria como parte de la seguridad alimentaria sino a todo lo que implica el cuidado del medioambiente y la calidad de vida humana.

Se trata, de acuerdo a Gumiel, de un paquete productivo que se incentiva desde las universidades en donde la producción orgánica no es más que una materia pero no la línea, la base de la formación de los agrónomos. “En las universidades se enseña el modelo productivo que incluye agroquímicos, se habla muy poco de la producción orgánica”.

El Instituto de Investigación y Capacitación Campesina introdujo la producción orgánica en su propuesta desde hace más de 20 años buscando productores agrícolas que deseen cambiar su modelo productivo y poco a poco han ido logrado la adhesión de familias en las diferentes comunidades con las que trabajan.

Sin embargo la tarea no ha sido fácil debido a que se trata de una forma de producción que requiere más cuidados, por lo tanto implica más trabajo y  esfuerzo.

Una vez lograda la producción las dificultades surgen a la hora de poner el producto en el mercado a precios justos, ya que son productos que deberían tener un precio mayor al de los productos no orgánicos. “No ocurre así y para la gente el precio tiene mucha importancia aún”.

Una forma de lograr que el productor obtenga un precio justo por su producción, ha sido establecer puntos de venta en los que él mismo ofrece sus verduras, hortalizas, frutas, etc. para evitar a los intermediarios que encarecen los productos.

Un punto de venta está en la feria de Villa Fátima los sábados, que ha sido promocionado por el CONAPE y que ya es bastante reconocido por las personas que buscan una alimentación más sana.

Otro punto de venta que se abre los viernes está ubicado en las oficinas del IICCA, un lugar a donde llegan los campesinos con sus productos.

“La salud está en lo que comemos y por eso vengo cada viernes a comprar aquí lo que necesito”, comenta Miriam Vacaflores, una asidua visitante de “Cosecha”, el punto de venta de producción agrícola orgánica dependiente del IICCA, en el que los viernes muy temprano se realiza la venta de verduras, fruta, leche, panes, cereales, semillas, trucha y otros alimentos que son traídos hasta allí por los propios productores desde comunidades como Tajzara, Guerra Huayco, Chaupiuno, etc.

Los compradores son gente que llega y escoge lo que le hace falta y es expuesto para que ellos escojan.

Maruska Barrientos, encargada de este punto de venta  y funcionaria del IICCA orienta de rato en rato a los compradores sobre las ventajas de los productos producidos de manera orgánica, ofrece muestras para probar la miel o los refrescos elaborados con ellos. Da recetas sobre las posibilidades de la acelga, la zarzamora u otros productos para preparar alimentos sanos.

Nos es raro que las personas se detengan a conversar e intercambiar recetas y experiencias sobre temas de salud y como mejorarla consumiendo tales o cuales productos. Es claro que a los compradores de la producción orgánica los une la preocupación por su salud.

En  el Mercado Campesino recientemente se ha instalado un punto de venta a iniciativa de las diferentes instituciones que trabajan con la producción orgánica como:

Pero no ha funcionado como se esperaba debido, según Maruska Barrientos, a que la gente no conoce las ventajas de este tipo de productos por lo que no les atraen en un mercado en el que hay mucho y de todo.

La producción orgánica no siempre es muy atractiva a la vista ya que no se utilizan procedimientos para mejorar su apariencia como ocurre con los químicos, pero esto es algo que desconoce la población.

El mercado no valora de manera cabal el producto porque cuando hace su compra compara el precio con un producto convencional

 

Los productores al no encontrar una respuesta a su esfuerzo de vender personalmente sus productos en el mercado campesino, han ido abandonando este proyecto

“El mercado no valora de manera cabal el producto porque cuando hace su compra compara el precio con un producto convencional. Lamentablemente en Tarija  el precio es  para la decisión de compra”.

Lo que se busca con estas iniciativas comerciales es garantizar que el productor reciba más que lo que gana con la producción convencional. “Hay que reconocer que siempre en campesino a subvencionado a la ciudad”, comenta Gumiel refiriéndose  a que los productos agrícolas pasan del productor a los rescatistas que revenden el producto en los mercados y por lo tanto la ganancia para el campesino es mínima.

Esto lleva muchas veces a que las familias campesinas produzcan pensando en la seguridad de la familia, alimentos para los animales y lo que sobra para el mercado.

En este sentido, se dan casos en los que los productores, quienes comprenden la importancia de la alimentación con productos orgánicos y para preservar su propia salud, destinen una parcela de tierra para la producción orgánica destinada a la familia y otros terrenos los siembren con producción  lograda a través de métodos convencionales, con químicos, para la venta.

De este modo se está dañando los suelos, que poco a poco van perdiendo sus nutrientes y requieren más y más químicos. La producción orgánica por el contrario, enseña métodos que buscan  cuidar el suelo respetando su materia orgánica, microbiología y mineralización trabajando con abonos orgánicos.

“Los agroquímicos rompen el equilibrio, los agroquímicos provocan la pérdida de minerales en los suelos y un suelo que no tiene los minerales suficientes produce frutos carentes de las propiedades que deberían tener y ya no son buenos alimentos”.

De 37 años del IICCA, más de 20 los ha dedicado a dar a conocer y capacitar sobre la producción sin químicos y pese a que han evolucionado e incluso aprendido mucho, aún hay mucho por hacer.

Plantean la necesidad de modificar los sistemas productivos de alimentos hacia la producción orgánica que debía ser adoptada en todos los sistemas productivos, incluso en los alimentos que son procesados y en los que se hace una utilización excesiva de químicos que dañan a la salud.

“No es solo un tema del área rural sino debería ser adoptado en los sistemas productivos industriales de alimentos procesados donde el uso de químicos y sintéticos es muy elevado, exagerado”.

Todo esto lleva a la necesidad de pensar el lograr ecosistemas saludables. “La única manera de lograrlo es produciendo sano, para lograr la seguridad alimentaria no debe pasar por producir alimentos para satisfacer la necesidad de comida sino con productos sanos, los químicos son venenos, la producción transgénica ligada al glifosato es tóxica”, advirtió Gumiel.

El uso de agroquímicos va en aumento en Bolivia

Lejos de mejorar la situación en una tendencia para fomentar una producción de alimentos sana para el consumidor y amigable con el medioambiente, la tendencia en Tarija y en nuestro país es aumentar el uso de agroquímicos para la producción de alimentos; pese a que expertos en medicina aseguran que con ello se pone en peligro la salud de la población, además de otras consecuencias medioambientales.

En 1999 se usaban 12 kilos o litros de agrotóxicos por hectárea cultivada, ahora se aplica 36 litros; es decir, tres veces más que hace 20 años; pero el rendimiento apenas se incrementó en un 12%. “Es decir el incremento en el uso de agroquímicos en estos últimos 20 años es de 400% y el rendimiento de un 12%. Son dos o tres productos que homogenizan la producción del país, en desmedro de la diversificación”, manifestó Miguel Ángel Crespo, director de la ONG Probioma, según una publicación de ANF del 2018.

Según el INE, en 1999 se importó 25 millones de kilos de agrotóxicos, fertilizantes sintéticos y pesticidas, y a junio de 2018 el registro fue de 152 millones de kilos. Además, el Senasag estima que el 30% de estos productos ingresa vía contrabando. Por otro lado, en dicho periodo se amplió la frontera agrícola en un 78%. “Estamos hablando de 20 kilos por habitante en Bolivia, el departamento que más concentra el uso de estos químicos es Santa Cruz”, sostuvo.

De acuerdo a expertos de Probioma, el modelo de producción agrícola que se está desarrollando en el oriente del país no es sostenible, está vinculado al uso de agroquímicos nocivos para la salud y a los transgénicos; además apunta a la desestructuración del sistema alimenticio al inclinarse al monocultivo, especialmente de productos como la soya, quinua y coca, lo que afecta la variedad y soberanía alimentaria del país.


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