La inseguridad económica apaga el espíritu emprendedor

Una de las grandes razones por las que la gente no sigue sus ideas innovadoras es porque éstas son riesgosas por definición; y la gente se preocupa por no poder llevar comida si es que prueban sus innovaciones”.

Es lo afirmado por el profesor de Ciencias del Comportamiento de la Universidad Newcastle (Reino Unido), Daniel Nettle, a tiempo de ilustrar que la inseguridad económica desalienta la actividad empresarial.

La inseguridad económica también impide que la gente invierta en mejorar sus capacidades y promueve el cortoplacismo: “¿quién mejoraría una casa o un vecindario que podría serle arrebatado en unos meses por razones fuera de su control? Y también aumenta la probabilidad de comportamiento antisocial: yo no robaría un pan si supiera que no hay peligro de quedarme con hambre, pero si hay ese riesgo, lo consideraría seriamente”.

Este último punto ya lo ilustraba, hace más de 500 años, el célebre santo Tomás Moro en su Utopía. “Ninguna penalidad en la Tierra evitará que la gente robe, si es su única forma de conseguir comida”, decía. Y ya en esos tiempos sugería “proveer a todos con algún medio de subsistencia” para lidiar de mejor manera con el problema del hurto; fue un primer acercamiento a la idea de renta básica universal.

Nettle explica que la inseguridad económica, en este contexto, significa “no poder estar seguro de satisfacer las necesidades básicas en algún momento en el futuro, sea porque los costos se elevan o porque el ingreso pueda fluctuar”.

Y esta inseguridad es psicológicamente dañina. El psicólogo estadounidense Abraham Maslow nota que “la mayoría de las tipologías consideran al sentido de seguridad como una de las necesidades emocionales humanas más básicas”, o sea como algo elemental para la salud mental e incluso física.

En la década de 1960, el propio Martin Luther King también notaba que “una serie de cambios psicológicos positivos resultarán inevitablemente de la seguridad económica generalizada”.

La cuestión entonces es cómo lograr esta seguridad económica, que permita evitar o superar los problemas no solo psicológicos sino también económicos y productivos derivados de la inseguridad.

El filósofo británico y premio Nobel de literatura (1950), Bertrand Russell, ensayó una respuesta en su libro de 1918 -Caminos hacia la libertad. Socialismo, Anarquismo y Sindicalismo-. “¿No podemos encontrar un método que combine las ventajas del anarquismo y del socialismo? Me parece que sí el plan por el que abogamos consiste esencialmente en lo siguiente: que un pequeño ingreso, suficiente para cubrir las necesidades, se asegure para todos, sea que trabajen o no”.

Renta básica universal contra la burocracia

Los problemas económicos de la sociedad moderna tienden a ser abordados con enfoques fragmentados, interviniendo uno por uno. Como dice Nettle, “en el mejor de los casos, estamos lidiando con un síntoma a la vez: un aumento de sueldo mínimo por aquí, un control de precios allá, control de rentas en otro lado, exenciones de impuestos para aquellos, créditos de vivienda para estos otros”.

Y cada una de estas intervenciones fragmentadas aumenta la complejidad del Estado, porque divide a los ciudadanos en grupos arbitrarios cada vez más pequeños para que sean elegibles para diferentes transacciones, requiere más monitoreo burocrático, y muchas veces tiene efectos en cadena no intencionados.

El experto ejemplifica: “Ayudar a los jóvenes a comprar casas con ayuda del gobierno sólo mantiene elevados los precios inmobiliarios. Los vendedores simplemente incluyen en el precio el valor de la transferencia del gobierno. La medida sería mucho menos popular si los millones del dinero de los contribuyentes se entregaran directamente a las grandes corporaciones de desarrollo, pero en los hechos eso es lo que se hace. Por tanto, se necesita algo más sistémico, una idea más grande con un alcance más osado. Y esa idea parece ser la renta básica universal (RBU)”.

Esencialmente, la RBU es un pago financiero regular que se hace a todos los adultos, tengan trabajo o no, sin importar sus otros medios y sin ningún tipo de condicionamiento. No tiene que ser una fortuna, pero sí lo suficiente como para que nadie nunca tenga que pasar hambre o frío.

Las objeciones

son mentales

Según las investigaciones de Nettle, se pueden encontrar esquemas para poder financiar esta RBU redirigiendo y re-priorizando los presupuestos estatales, y además los otros efectos positivos en la sociedad (menor ansiedad, depresión, adicción y crimen) terminarán generando un ahorro neto para el Estado.

Por otro lado, el académico afirma que asegurar un medio de subsistencia a todos permitirá una mejora en la productividad laboral. “Con esto me refiero a que la gente elegirá actividades que son socialmente útiles, que les hagan felices y que sean buenos en ello. Esa es la clave para maximizar el bienestar social junto con la estabilidad económica en el futuro. Hay mucha evidencia de ello en esquemas piloto del efecto de la RBU (o esquemas similares) en el empleo”, particularmente en experimentos en EEUU, India y Namibia.

En este sentido, Nettle cree que con esquemas de RBU en el mundo, el trabajo continuará e incluso mejorará: “la innovación, el trabajo que vale la pena y las artes florecerán, mientras que los trabajos degradantes o miserables tendrán que pagar mejores sueldos y mejorar el trato a los empleados”. Que siga el debate.