La gloriosa batalla de Suipacha, un orgullo tarijeño en la sombra

Pasa un año más en el que un hecho histórico que debe enorgullecer a Tarija queda en el olvido. Se trata de la Batalla de Suipacha, un acontecimiento que se recuerda cada 7 de noviembre y que según el escritor e historiador Jesús Miguel Molina Gareca debería hacer de este mes uno tan o más sonado que abril.

“Noviembre debería representar para Tarija algo similar o mayor que nuestro Abril, ya que en dicho mes se sucedieron hechos de gran trascendencia que significaron pasos en la conformación de la identidad e historia”, afirma Molina.

Recuerda que el 7 de noviembre de 1810 se produce dicha batalla, donde Tarija se cubre de gloria. “Se recuerda la acción de Suipacha, donde las fuerzas tarijeñas salieron victoriosas, éste sería el inicio de un rosario de batallas, donde tarijeños en cooperación de salteños, santiagueños, cinteños, chicheños, jujeños y otros pusieron en juego la vida misma por conseguir su libertad”.

En un artículo titulado “Suipacha, una gloria tarijeña”, que fue publicado en este diario, Molina pone textual el siguiente extracto del libro de Arguedas Alcides (La Paz, 1920):
“Soldados del ejército de Buenos Aires: El Mayor General del Perú, Comandante de las tropas de operaciones, está a la vista y os habla por este papel, para deciros que teniendo a su mando las tropas aguerridas que os vencieron el 27 del pasado, y la fuerte guarnición veterana de Charcas que se le ha unido posteriormente, os va a atacar de firme y en término que no podéis dejar de ser envueltos: si queréis disfrutar de los bienes que están gozando vuestros compañeros pasados a mis banderas en el acto de la acción, venid a mí.

El que me traiga fusil percibirá en el acto 30 pesos, el que venga sin él 15, y el que me conduzca un oficial le daré 500, el que despreciare mis consejos sufrirá la muerte irremisiblemente. Voy a levantar dos banderas, luego que esté a vuestra vista, la una será blanca, y señala de paz, la otra es roja indicando guerra; elegid y tened entendido, que si antes de recogerlas no os presentáis, arbolare la negra que es la señal de ataque, sin dar ni admitir cuartel: vuestra suerte pende de vosotros mismos, y luego que venciéndoos estéis en mi poder como lo espero, no os quejéis pues cierro los ojos al perdón” (1)
Estas palabras según Molina se tratan de una intimidación del militar español José Córdova a las tropas que enfrentaría en Suipacha y tienen dos medias verdades de las que se aferraron varios hombres que se dedicaron a recopilar datos y transmitirlos: la primera de ellas es que en su intimidación destaca “Soldados del ejército de Buenos Aires”, cuando en realidad las tropas comandadas por Antonio Gonzáles Balcarce, en su mayoría pertenecían a Santiago del Estero, Salta y Tarija, como señala M. Figueroa Güemes: “En el camino fueron incorporando voluntarios y pequeños contingentes de milicias, entre los cuales debemos destacar el más importante de 317 santiagueños, pertenecientes a la Intendencia de Salta (Figueroa Martín, Salta 1964).

El mismo autor con respecto a las fuerzas tarijeñas señala que la Gaceta de Buenos Aires del 28 de octubre de 1810, días antes de la batalla, anotaba: “El día 4 –octubre- entramos todos en esta de Yavi, y los enemigos fugaron a Tupiza 12 horas antes. Formado aquí el cuartel general, la voz sola ha hecho que, hoy día sabemos todos los de Tupiza se retiran a Potosí; que Cochabamba es nuestra decididamente; y para seguir las marchas aguardamos la artillería y el ejército de Tarija de 1.900 hombres”(Figueroa Martín, Salta 1964).

La segunda media verdad según Molina es que los realistas hubieran vencido el “27 del pasado” a las fuerzas patriotas, ya que lo que sucedió verdaderamente fue un repliegue, por lo que ni los mismos historiadores españoles se animan a dar parte de una derrota. No habían tomado ni presos, ni armas para poder indicar que hubo derrota o hubo victoria.
Según Mitre Bartolomé (Buenos Aires 1890): “Balcarce retrocedió en orden hasta Tupiza. Noticiado allí de que le venían refuerzos, continuó su retirada costeando la margen del río Suipacha, y al llegar a la población de este nombre, lo atravesó, situándose en el pueblo fronterizo de la margen del sur, denominado Nazareno. Allí se le incorporaron 140 hombres con dos piezas de artillería con suficiente provisión de municiones, y decidió hacer frente al enemigo a la cabeza de poco más de 600 hombres”.

Según Molina, esta información proporcionada por Mitre precede lo que sería una constante en los ejércitos auxiliares -y no- de la Argentina, el negar la participación de tropas de la zona, en este caso niega incluso la presencia, no las nombra, de las tropas jujeñas que fueron las que trajeron las dos piezas de artillería, según información recogida por Julio Díaz Arguedas y publicada en su libro “Fastos Militares de Bolivia”; tampoco menciona la participación de las tropas tarijeñas, artillería y caballería, principalmente.

Díaz Arguedas además añade en su obra: “A las once de la mañana de aquel día, se avistaron los ejércitos en las inmediaciones de Suipacha desplegando ambos adversarios líneas de tiradores. Las tropas de Córdova tomaron posiciones a la derecha y frente a la de los patriotas, en los ribazos y barrancas; adelantó parte de su infantería, la que se parapetó en las acequias, desde donde rompió el fuego haciendo retroceder a los tiradores patriotas… Balcarce que tenía la masa de su ejército ocultas en una hondonada y esperaba este momento, cayó repentinamente con ímpetu destrozando por completo a los realistas que huyeron en desbandada perseguidos por la caballería patriota que completó la victoria”.

De esta manera, Molina dice que es incomprensible el motivo de la negación permanente sobre la actuación de las fuerzas tarijeñas en la batalla. Más aún asegura que uno de los partes abre una luz. Éste es citado por Figueroa Güemes y lee: “No hemos tenido más que un soldado de Tarija muerto, dos oficiales heridos que son el alférez de las milicias de Salta D. Eduardo Gaona y el abanderado de Tarija D. Manuel Álvarez y diez soldados de distintos cuerpos”.

“Claramente se puede colegir que no pueden morir o ser heridos sino los que intervienen en la batalla y es así que se menciona a salteños y tarijeños, por encima de bonaerenses”, dice el historiador.

Agrega que finalmente un documento que es todo honor para nuestros tarijeños vencedores de Suipacha es el citado en la obra del ya mencionado Figueroa Güemes, cuando escribe: “el informe más notable proviene del mismo Castelli: en un comunicado que dirigió a la Junta de Gobierno de Buenos Aires pocas horas después de haber despachado el parte de batalla, el mismo 10 de noviembre, le avisa que ha confiado a Güemes una misión en la Provincia de Charcas precisando que: “Va al mando de tropas tarijeñas que son superiores”. Castelli fue enviado por la Junta de Buenos Aires como jefe civil del ejército auxiliar.

“Por este y otros motivos, como la participación de Pedro Antonio Flores en la batalla, es que Tarija debe recordar con igual alegría que en abril –o mayor tal vez- el 7 de noviembre”, concluye el historiador.

Datos curiosos sobre el hecho

Pedro Antonio Flores
Pedro Antonio Flores a la cabeza del pelotón de “Chapacos”, se incorporó en el pueblo de Mojo, Potosí, al primer Cuerpo del Regimiento Auxiliar argentino que abrió la campaña contra el General realista Nieto y combatió en Suipacha el 7 de noviembre de 1810.

Olvido
En Tarija ni autoridades ni historiadores recuerdan este acontecimiento importante de nuestra historia. El pasado año lo recordó el Gobierno a nivel nacional con un sencillo acto que no pasó de eso.

Suipacha
Es una pequeña población del sur de Bolivia, ubicada en la provincia de Sud Chichas. Se encuentra a 25 km de la ciudad de Tupiza. Tiene gran relevancia histórica, ya que allí tuvo lugar el primer triunfo de la guerra de independencia en el sur de América, la Batalla de Suipacha, librada el 7 de noviembre de 1810.