La credibilidad de Sánchez (II)

En medio de la tormenta, una estrategia comunicativa como la del ministro de Hidrocarburos como Luis Alberto Sánchez no ayuda a distender la situación. Más al contrario, contribuye a generar un mayor caos por su afán especulativo y su vocación de ocultar los datos y administrarlos según sus preferencias. La realidad es que Sánchez se ha rendido ante la estrategia argentina, evidenciando sus fracasos al frente del sector.

El lunes, el Ministro Luis Alberto Sánchez dijo que cobraría las boletas de garantía contempladas en el contrato con Argentina debido a las demoras de pago. Las boletas ascendían a 140 millones de dólares y las deudas, según datos anteriores del mismo ministro Luis Alberto Sánchez, a 450 millones de dólares.

El martes, el embajador argentino en La Paz, Normando Álvarez, cuyo trabajo por definición es llevar y traer mensajes entre Gobiernos, le dijo a Sánchez que estaba en el derecho de cobrar las boletas, pero se preguntaba si sabía lo que eso significaba. No hay que ser muy avezado en el mundo diplomático para entender que eso es una amenaza formal.

El miércoles, de nuevo el singular Luis Alberto Sánchez volvió a comparecer, esta vez para relajar y mucho el tono empleado el lunes sobre el cobro de boletas; para reducir la cantidad de deuda, que a mitad de octubre cifró en 450 millones de dólares y ayer en 289; pero sobre todo, para decir que el pasado lunes se reunió ni más ni menos que con el secretario argentino Javier Iguacel, el mismo que lleva desde que asumió en julio dando continuidad a la estrategia de descrédito – poniendo permanentemente en duda la capacidad de Bolivia de cumplir el contrato – y presión – no pagando facturas y nominando mínimos de gas.

Para Sánchez la relación es cuasi idílica y la reunión fue “muy cordial”, aunque posteriormente viene a reconocer lo que Iguacel señala. “Bolivia cumplirá con los volúmenes de 3,76 TCF que resta entregar a Argentina de acuerdo al contrato y que, según las proyecciones de nominaciones, el contrato que debía culminar el año 2026, se estima llegue a concluir después del año 2030” dice su comunicado de prensa, lo que en la práctica supone ampliar el plazo para el mismo volumen, es decir, vender menos cada año.

Por si no quedaba claro, Sánchez reconoce que “se negocia con Argentina nominaciones de gas natural más regulares y “no que suban y bajen tan abruptamente pues afectan los campos de producción en Bolivia”, una situación que no existe, pues regularmente Argentina ha solicitado cerca de los máximos hasta el mes de octubre, que solo ha pedido 12 millones de metros cúbicos.

La traducción evidente es que Bolivia está concediendo a la Argentina un recorte de volúmenes, probablemente a cambio del pago urgente de la deuda – necesaria para mantener la estabilidad en la época preelectoral -, y desentendiéndose de lo que pase más allá de esa fecha. En esas, Macri gana y seguirá teniendo la sartén por el mango para seguir ajustando cuentas con Evo Morales, cuya sintonía ideológica es inexistente. Una posición que a Macri le interesa reforzar de cara a su reelección y a su proyección como líder del continente, azote del “eje bolivariano”.

Y sí, esta victoria a Macri y derrota de Morales ha sido concedida gracias a la pésima gestión del sector de Hidrocarburos en el último lustro, incapaz de abrir nuevos mercados alternativos, incapaz de crear una reserva estratégica para garantizar los proyectos de industrialización, e incapaz de hacerse cargo de la cadena, incluyendo la exploración. Después de trece años de Gobierno del MAS, Bolivia vive de la exportación de sus materias primas y peor aún, a merced de los cálculos y necesidades políticas de los compradores.