A menudo tenemos adultos mayores en casa, padres, tíos, abuelos. Sucede que si vemos que de pronto caminan lento, comen menos y comienzan a bajar de peso, pensamos que es asunto de los años. Y es entonces cuando no nos damos cuenta que un gran problema comienza.

De acuerdo a la geriatra Patricia Molina desafortunadamente su presencia con frecuencia se considera inocua y parte del proceso normal de envejecimiento, pero de acuerdo con distintas investigaciones, es necesario rechazar tal tipo de conclusión ya que en ningún individuo de este grupo de edad y bajo ninguna circunstancia la presencia de anemia carece de importancia.

Clínicamente puede manifestarse con debilidad, cansancio, mareo o irritabilidad, entre otros síntomas y su presencia puede causar graves repercusiones, o por el contrario, obedecer a una condición totalmente curable.

La anemia aumenta sus índices en Tarija

La anemia y la desnutrición son las enfermedades que cada vez cobran más víctimas en Tarija, así lo muestran las estadísticas de las instituciones de salud. La edad más vulnerable es la niñez, pero también la vejez. Estos males están relacionados con la alimentación, y a la larga, estas patologías también influyen en enfermedades metabólicas.

De acuerdo al Servicio Departamental de Salud (Sedes) en los últimos años los casos de anemia se incrementaron en cinco por ciento. La prevalencia de anemia en el anciano varía ampliamente según diferentes estudios. Se estima en un 9-11% para la población comunitaria de 65 años o más, se duplica en los mayores de 85 años, con mayor prevalencia en los varones.

La enfermedad

La anemia es un trastorno en la sangre que se caracteriza por la poca producción de glóbulos rojos, los mismos que se encargan de transportar oxígeno en todo el cuerpo para los procesos fisiológicos del organismo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que afecta a 1,620 millones de personas, el 24.8 por ciento de la población

La deficiencia de hierro es una condición que incrementa el riesgo de sufrir otras enfermedades como vasculares y neurológicas y este riesgo aumenta con la edad, entre sus causas más frecuentes se encuentran problemas de inflamación, ferropenia, deficiencias de nutrientes (malnutrición), insuficiencia renal crónica, síndromes mieloplásicos, endocrinopatías,  y tóxicos o medicamentos.

Las causas

El País consultó a varios médicos y textos en medicina como la revista de la Facultad de Medicina de México Scielo. De lo explorado se concluyó lo siguiente: La anemia en los ancianos es un trastorno más común de lo que habitualmente se reconoce y se debe asumir que con frecuencia es de origen multifactorial.

Algunos trabajos acerca del tema han llegado a afirmar que «la etiología de la anemia en ancianos difiere tanto de las causas que la producen en individuos adultos jóvenes, que es posible considerarla casi como una entidad distinta».

Más de dos terceras partes de los casos de anemia en ancianos se puede atribuir a dos grandes grupos de causas, que son las deficiencias nutricionales y la anemia de la enfermedad crónica

Las deficiencias nutricionales son responsables de aproximadamente el 34% de los casos de anemia, mientras que las enfermedades crónicas, con y sin insuficiencia renal, responden al 33% de los casos de anemia en sujetos de edad avanzada.

En 30% o más de los ancianos con anemia no se logra identificar la etiología y su fisiopatogenia es prácticamente especulativa.

Deficiencias nutricionales

Según explica Molina la deficiencia de hierro por sí sola, o combinada con disminución de vitamina B12 o de ácido fólico, corresponde aproximadamente al 20% de todos los casos de anemia en pacientes geriátricos. Aunque la deficiencia de hierro tiene la frecuencia mencionada, en muy pocas ocasiones es el resultado de consumo inadecuado, por lo menos en países avanzados.

Es muy importante tener presente que en un elevado porcentaje de pacientes ancianos con anemia por deficiencia de hierro, la causa de ésta es la pérdida de sangre mínima, a veces inadvertida pero crónica, relacionada con condiciones tales como esofagitis, gastritis, úlceras intestinales y lo más grave, enfermedades malignas del tubo digestivo.

También se la asocia con la presencia de numerosas infecciones que han ido debilitando y enflaqueciendo al adulto mayor. O bien es de origen iatrógeno, como resultado del empleo prolongado de aspirina, clopidogrel o inhibidores de la acidez gástrica.

Para Molina la falta de vitamina B12 y de ácido fólico son menos frecuentes y en numerosos casos clínicos ocurren en combinación con la falta de hierro. En 10-15% de los ancianos con anemia se hallan niveles bajos de vitamina B12, pero solamente del 1 al 2% desarrollan anemia exclusivamente por esta deficiencia; lo mismo sucede con la deficiencia de folatos.

Anemia en las enfermedades crónicas

Mucho se asocia la anemia a enfermedades crónica como el cáncer u otras. Por lo tanto los expertos señalan que en virtud que los ancianos a menudo sufren de varias, incluso múltiples enfermedades concomitantes (comorbilidades) de evolución crónica, no sorprende que las enfermedades crónicas sean una causa común de anemia en edad geriátrica, y corresponden a más de un 30% de los casos.

La anemia en la enfermedad crónica se relaciona sobre todo con condiciones inflamatorias y en general se instala cuando se tiene como condición, o condiciones subyacentes, enfermedades infecciosas crónicas, trastornos autoinmunes o malignos.

Tratamientos

Hay diversos tipos de anemia, por lo tanto el tratamiento depende del tipo, la causa y la gravedad de la enfermedad. Los tratamientos pueden consistir en cambios en la alimentación, la administración de suplementos nutricionales, medicinas o intervenciones quirúrgicas para hacer frente a la pérdida de sangre.

Según Molina a la alimentación se pueden añadir suplementos adicionales: aumentar el consumo de hierro (a través de alimentos como las espinacas u hortalizas similares, lentejas, garbanzos, frutos secas o cereales y pan), de vitamina B12 (presente en los huevos, carnes y pescados), de ácido fólico (gracias al pan, la pasta, las judías o los plátanos) o de vitamina C (que se encuentra en los kiwis, las fresas o el melón).

También se pueden emplear fármacos como antimicrobianos para tratar infecciones, hormonas para disminuir el sangrado menstrual o medicinas para evitar que el sistema inmunitario del organismo destruya sus propios glóbulos rojos.

En los casos más graves se realizarán intervenciones como la transfusión de sangre, el trasplante de células madre de la sangre y de la medula ósea para aumentar el número de glóbulos rojos, blancos y plaquetas o, en casos extremos, la cirugía por hemorragias graves o potencialmente mortales.

Principales tipos de anemia

De acuerdo a la revista de medicina “Mayo Clinic” los principales tipos de anemia son los siguientes:

Anemia por deficiencia de hierro. Este es el tipo más frecuente de anemia en todo el mundo. La causa de la anemia ferropénica es una escasez de hierro en el cuerpo. La médula ósea necesita hierro para producir hemoglobina. Sin la cantidad adecuada de hierro, el cuerpo no puede producir hemoglobina suficiente para los glóbulos rojos.

Anemia por deficiencia de vitaminas. Además de hierro, el cuerpo necesita ácido fólico y vitamina B-12 para producir suficientes glóbulos rojos sanos. Una dieta sin una cantidad suficiente de estos y otros nutrientes claves puede provocar una disminución en la producción de glóbulos rojos.

Asimismo, es posible que algunas personas consuman suficiente B-12, pero sus cuerpos no puedan procesar la vitamina.

Anemia por enfermedad crónica. Algunas enfermedades (como cáncer, VIH/sida, artritis reumatoide, enfermedades renales, enfermedad de Crohn y otras enfermedades inflamatorias crónicas) pueden interferir en la producción de glóbulos rojos.

Anemia aplásica. Esta anemia inusual y potencialmente mortal se provoca cuando el cuerpo no puede producir suficientes glóbulos rojos. Las causas de la anemia aplásica comprenden infecciones, determinados medicamentos, enfermedades autoinmunitarias y exposición a sustancias químicas tóxicas.

Anemias asociadas con enfermedades de la médula ósea. Diversas enfermedades, como leucemia y mielofibrosis, pueden provocar anemia al afectar la producción de sangre en la médula ósea. Los efectos de estos tipos de cáncer y trastornos similares al cáncer pueden variar desde leves hasta potencialmente mortales.

Anemias hemolíticas. Este grupo de anemias se presenta cuando los glóbulos rojos se destruyen más rápidamente de lo que la médula ósea puede reemplazarlos. Algunas enfermedades de la sangre aumentan la destrucción de glóbulos rojos. Las anemias hemolíticas se pueden heredar o contraer con el tiempo.

Anemia de células falciformes. Esta afección heredada y, en ocasiones, grave es una anemia hemolítica heredada. La causa es una forma de hemoglobina defectuosa que fuerza a los glóbulos rojos a adoptar una forma de media luna (falciforme) anómala. Estas células sanguíneas mueren de forma prematura, lo que tiene como resultado una escasez crónica de glóbulos rojos.