La agonía de Unasur y el aborto del Banco del Sur

La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) agoniza. La enfermedad letal parece tener sus orígenes en la soberbia de sus fundadores, una responsabilidad política histórica que no supieron valorar y estar a la altura del desafío que conllevaba consolidar esa instancia. El error colectivo les cobra factura hoy.

El Banco del Sur, la hija financiera de UNASUR, no llegó ni a nacer. Abortó en los trámites legislativos infinitos en sus respectivos países fundadores, cuyo nacimiento debían certificar, pero que no lo hicieron, con contadas excepciones pero insuficientes para el parto fenomenal.

El Consejo Suramericano de Defensa (CSD), un órgano de UNASUR, cuya utilidad geopolítica sirvió para afianzar al presidente boliviano en 2008 – 2009 cuando sentía los embates de la extrema derecha, virtualmente desapareció, víctima de esa soberbia fundacional.

Su ausencia entregó al ex presidente Lula da Silva a las garras del Imperio al que debió combatir (aunque víctima también de sus propios errores y alianzas contra natura con fuerzas antinacionales en su propio país); a Cristina F de Kirchner la encontró sin contrapesos frente a la prensa turbia y los juicios también imperiales; al indefinible y sinuoso Humala lo arrojó a la cárcel; al enfático Correa con orden de detención y a Glas simplemente preso; al heredero Maduro acorralado en su laberinto; a un débil Lugo, expulsado, y a Bachelet, casi una yegua de troya, derrotada.

Entretanto, a paso firme, se proyecta el retorno de bases militares norteamericanas en estratégicas posiciones.

Pero no sólo en el ámbito político estratégico falló esa pléyade de líderes inspirados en Bolívar y su vocación integracionista suramericana. También omitieron la acción concreta, posible, urgente e inmediata de la reorientación del ahorro suramericano: las reservas de divisas que cada país – que no nación- atesora.

Son más de mil millones de millones de dólares (Bolivia llega a apenas 10.000 millones de dólares en cifras redondas) que engordan a bancos y cuentas fiscales de países del Imperio, a excepción del gesto histórico de Hugo Chávez de Venezuela, que con sendos aviones aterrizando en suelo bolivariano, repatrió las barras de oro que estaban depositadas en bodegas de bancos ingleses, para su provecho.

El plan era repatriar no sólo el oro, sino también el dinero contante y sonante que invariablemente se envía en calidad de préstamo a esos países y bancos que financian y hacen guerras e invasiones por recursos naturales y energía en nuestras regiones, y depositarlos en el Banco del Sur, para financiar la paz, el desarrollo y mejores días para nuestros países suramericanos integrados.

Pero no. Allá siguen, lejos, financiando las veleidades imperiales.
Y Bolivia es ejemplar en esa tarea: mantiene vigentes las leyes “evomoralianas”, esencialmente neoliberales hasta el tuétano, que facultan al Ministerio de Economía a prestar, aunque no lo crea, los saldos en caja y bancos del gasto e inversión que se retrasa en su ejecución a los mismos beneficiarios de los préstamos de las reservas de divisas, vía Banco Central de Bolivia (BCB); la autorización legal a las Administradoras de los Fondos de Pensiones (AFPs) para prestar hasta el 50% del ahorro jubilatorio boliviano a ese mismo destino; la autorización legal para engrosar esos préstamos al imperio de los recursos provenientes del 12% del IDH destinado a Gobernaciones, Universidades y Municipios, cuya finalidad, afirman, es dárselos finalmente a las petroleras transnacionales que explotan hidrocarburos en plena post nacionalización. ¿Quiénes disponen todo eso y sin ruborizarse?

Las reservas de divisas de Brasil, Argentina, Ecuador, Paraguay, Uruguay, etc., no tienen suerte distinta. No sirvieron para financiar el desarrollo del Presal brasilero ni el litio boliviano, el oro y petróleo venezolanos, menos el desarrollo tecnológico, la infraestructura integracionista (fibra óptica, gasoductos, carreteras, vías férreas) o la soberanía alimentaria suramericanas.

(El tren bioceánico que promueve Morales, bajo la lógica de Unasur, debió tener durmientes y rieles fabricados con aceros de Paraguay y Perú; locomotoras hechas con materiales y tecnología brasileña y argentina; energía boliviana, paraguaya y brasileña; operadores suramericanos. En cambio, vemos al presidente boliviano saludar sin rubor a Michel Temer y anunciar créditos y tecnología europeas, un “llave en mano” IIRSA, con concepción imperial).

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Hoy, Lula y el pueblo brasileño sufren el embate de sus propios errores y omisiones. Los pueblos de Argentina, Chile, Ecuador, Colombia y Paraguay los rigores de la derrota. Y un semivacío Foro de Sao Paulo en Cuba encontró casi huérfano a Evo Morales, quien, poco antes de viajar allí, reconoció la profunda crisis de Unasur, cuya sede está a punto de ser parte del botín de cierto traidor con mayúsculas…

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