Justina, la única constructora civil avalada por el Ministerio

Si bien son muchas las mujeres que por necesidad económica incursionan en el mundo de la albañilería, son pocas, o ninguna, las que se quedan y la asumen como un oficio. En Tarija sólo una se animó a hacerlo y actualmente, con sus más de 50 años, Justina Díaz es la única constructora civil certificada en un mundo propio de los hombres.

Justina tiene cuatro hijos a los que crió junto a su esposo con su trabajo, dos mujeres de 21 y 17 años, además de dos varones de 14 y 10. Por razones de manutención del hogar tuvo que incorporarse al rubro de la construcción. Su esposo ya se dedicaba a esta actividad, el contratista Carlos Miranda.

Necesidad

“Soy la primera constructora civil certificada – sostuvo – Estoy orgullosa de eso, pertenezco a la Asociación de Constructores Civiles Tarija, como todas, empecé a causa de la necesidad que una tiene en lo económico, empecé como ayuca (ayudante) hace unos 10 años atrás y he seguido, ahora soy albañil profesional”.

“Claro que es pesado el trabajo, es duro, pero me siento contenta y soy feliz haciendo el trabajo que es de un varón, aparte de que una superación como esta es un paso más para la vida, para el apoyo económico, para mis hijos y estoy feliz como persona, como mujer me siento orgullosa de eso”, subrayó.

En principio colaboraba realizando algunas cosas en las obras que emprendía su esposo, no hacía labores pesadas, pero después se dio cuenta  que, lo que ganaba no le alcanzaba, como le pagaban casi la mitad que a los hombres, prefirió desvincularse y agarrar obras independientemente, empezó a trabajar en el rubro desde 2010 y en 2013 se animó a hacerlo sola.

Ese mismo año recibió capacitación en la Organización No Gubernamental Mujeres en Acción  y fue certificada por el Ministerio de Educación, esto la empoderó para animarse a independizarse y generar mayores recursos económicos.

“A veces una dice soy mujer, tengo que cuidarme, no puedo salir a hacer este trabajo pesado, yo creo que hay que ponerle fuerza, ánimo, valor, seguir adelante y darle fuerza a cualquier trabajo y no sentirse diferente al hombre”, recomendó.

Cuando inició se levantaba a las 04.00 horas para preparar los alimentos de sus hijos, cuando eran pequeños dejaba todo listo para despacharlos a la escuela y luego a las 06.00 horas se iba a trabajar, ya no volvía al medio día, dependiendo de la obra si era cerca o lejos, pero dejaba cocinado y con la ayuda de los hijos mayores estos servían la comida a los menores.

Justina es la única mujer albañil que integra la Asociación de Constructores Tarija, formó parte de la directiva, ocupó la Secretaría de Hacienda, superó muchas dificultades intrafamiliares, el hecho de que su esposo participe en los procesos de capacitación ayudó a que superen los conflictos de pareja, conversar, conciliar y no pelear.

 

Mujeres en Acción las apoya en la certificación

La responsable de Comunicación de Mujeres en Acción, Celina Tavera, señaló que esta organización busca que mujeres y hombres accedan a la certificación de sus competencias para que tengan mayores probabilidades de acceso a fuentes laborales y ofrezcan un trabajo calificado.

Dentro del rubro de la construcción generalmente son varones los que se postulan para ser parte de la Asociación de Constructores Civiles Tarija, pero fue una agradable sorpresa cuando Justina Díaz se presentó y fue la primera mujer certificada en Tarija como albañil profesional en 2011.

“Es de las pocas mujeres que ha persistido y se ha dedicado al rubro de la construcción, fue aprendiendo poco a poco, se capacitó en varias áreas como electricidad, plomería, materiales prefabricados, paneles, representó a la Asociación varias veces para ser la voz de las mujeres en un contexto de hombres”, indicó Tavera.

Apuntó que siempre dice que no se siente menos que su esposo porque hace el mismo trabajo y gana el mismo monto de dinero, aporta lo mismo en la familia, lo que ayudó a la crianza de sus hijos, su educación, actualmente los mayores están en la universidad y se muestra orgullosa porque les contó que son buenas personas, “sus hijos le demostraron que el sacrificio vale la pena”.

En el afán de convocar a mujeres que se dedican a esta actividad, observaron que muchas lo hacen, pero que no persisten, lo toman como un trabajo esporádico, avanzan solo en lo básico, llevar arena, piedras, ladrillos, hacer la obra gruesa, pero no se profesionalizan, no es un trabajo al que se dedican constantemente porque pueden hacerlo durante un mes, pero luego cambian por lo general al comercio informal,“muy pocas lo ven como una profesión”.