Inversión en capital rezagada, ¿será por excusas?

La proporción del PIB boliviano destinada a la formación bruta de capital (FBK) no se parece a la de los países que mejor crecen. Mientras China destina cerca de un 40% de su PIB a la FBK y Corea asigna un 30%, Bolivia alcanzó un 22% el 2017, según datos del Banco Mundial.
Estos niveles son similares a los que logran Brasil y Argentina desde 1992, cuyas economías en este momento son parte del recetario mundial de lo que no hay que hacer.
Pero los datos del Banco Mundial también muestran que la FBK en relación al PIB en países menos desarrollados que Bolivia, como Burkina Faso y Kirguistán, es mucho mayor, llegando a superar incluso el 30% del PIB.
Para los economistas Gustavo Machicado y Johnny Suxo, del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (INESAD), esto indica que “si bien Bolivia ha mejorado este indicador a lo largo de los últimos años, sigue siendo insuficiente para sustentar el desarrollo económico y superar los niveles de pobreza”.
Otros expertos economistas advierten que la FBK es el indicador de cómo evoluciona la inversión de las unidades productivas, de la capacidad de producción futura de las empresas (aunque el futuro sea en el corto plazo).
A principios de la semana, el exministro de economía Luis Arce Catacora, en una entrevista concedida a El Deber, afirmó que “hay empresarios que buscan excusas para no invertir”. Acaso culpando a los empresarios de que la inversión en FBK no sea mayor.
Es cierto que, como notan Machicado y Suxo, la recuperación de la inversión en FBK en Bolivia a partir de 2005 (11,7% en 2004 tras su record de 23,1% en 1998) se explica en gran medida por el papel de la inversión pública: “Gran parte de la expansión en la inversión pública fue ejecutada por el Sector Público no Financiero donde destacan las inversiones realizadas por las empresas públicas”.
Conceptualmente, la FBK es el valor de mercado de los bienes fijos (durables) que adquieren las unidades productivas residentes en el país, cuyo uso se destina al proceso productivo, entre ellos se consideran la maquinaria y equipos de producción, edificios, construcciones, equipos de transporte entre otros.
O sea que dentro de la FBK se incluye también la inversión residencial y otras obras públicas que nada tienen que ver con mejorar la productividad, que en el fondo, es uno de los principales cuellos de botella de la economía boliviana.
Pero, ¿es culpa de los empresarios, como sugiere Arce Catacora? Los académicos del INESAD discrepan, y apuntan a que los incentivos “están inclinados a la generación de capital físico que no incorpora componentes tecnológicos importantes y que no surge de la innovación y de la generación de ideas”.
Eso, combinado con políticas de exacción de ciudadanos y empresas, es lo que en realidad está frenando la inversión productiva en Bolivia.
Algo que va a ser posible cambiar “solamente cuando el país priorice los procesos de innovación y de desarrollo de tecnologías”.
O lo que es lo mismo; mientras se siga priorizando la campaña política permanente (alias Doble Aguinaldo, extorsiones tributarias, entre otros), difícilmente habrán perspectivas de que la economía vaya algún día más allá del gas.